Comprendiendo las rúbricas

Understanding rubrics*

Heidi Andrade**

Cómo citar este artículo: Andrade, H. (2010). Comprendiendo las rúbricas. Enunciación 15 (1) 157-163


* Publicado originalmente en Goodrich Andrade, H. (1997). Understanding Rubrics, Educational Leadership, 54(4).

** University of Albany. Grupo de Investigación en Evaluación Universidad Nacional de Colombia HAndrade@uamail.albany.edu


La evaluación autentica suele utilizar rúbricas1 para describir los logros del estudiante. He aquí claridad sobre el término.

Cada vez que presento rúbricas a grupos de docentes la reacción inmediata muestra siempre el mismo atractivo (“¡Sí, esto es lo que necesito!”) seguida de cerca por el pánico (“Dios mío, ¿cómo pueden esperar que desarrolle una rúbrica para cada cosa?”). Cuando se aprende acerca de qué rúbricas hacer -y por qué- estas se pueden crear y usar para apoyar y evaluar el aprendizaje del estudiante sin perder la cordura.

¿Qué es una rúbrica?

Una rúbrica es una herramienta de puntuación que enumera los criterios que deben tenerse en cuenta para la elaboración de un trabajo escrito, o “lo que cuenta” (por ejemplo, propósito, organización, detalles, voz y mecánica, que es lo que en general se tiene en cuenta en un trabajo escrito); además articula las gradaciones de calidad para cada uno de estos criterios, desde sobresaliente hasta deficiente. Este término desafía la definición que se encuentra en un diccionario, pero parece ya haberse aceptado, así que continúo usándolo.

El ejemplo de la Figura 1 (adaptado de Perkins et al, 1994) enumera los criterios y los niveles de la calidad de informes verbales, escritos o gráficos en creaciones de los estudiantes; por ejemplo, invenciones diseñadas para facilitar el viaje a Occidente de los pioneros del Siglo IX o para resolver un problema ambiental local o para representar una cultura y uso de habitantes imaginarios o cualquier otra cosa que hayan podido inventar los estudiantes.

Esta rúbrica lista los criterios en la columna de la izquierda: el informe debe explicar 1) los propósitos de la invención, 2) las características o partes de la invención y cómo ayudan a lograr el propósito, 3) las ventajas y desventajas del diseño y 4) cómo el diseño se conecta a otras cosas pasadas, presentes y futuras. La rúbrica puede fácilmente incluir criterios relacionados con el estilo y la efectividad de la presentación, el proceso del trabajo escrito y la calidad de la invención en sí.

Las cuatro columnas ubicadas a la derecha de los criterios describen los diferentes niveles de calidad, desde sobresaliente hasta deficiente. De manera muy concisa, estas columnas describen qué hace que el trabajo bueno sea bueno y qué hace que el malo sea malo.

¿Por qué utilizar rúbricas?

Las rúbricas son atractivas para los estudiantes y los docentes por muchas razones. En primer lugar, son herramientas poderosas tanto para la enseñanza como para la valoración. Las rúbricas pueden mejorar el desempeño del estudiante, así como monitorearlo, haciendo que las expectativas de los docentes sean claras y mostrando a los estudiantes cómo pueden alcanzarlas. El resultado por lo general muestra mejoras en la calidad del trabajo del estudiante y su aprendizaje. Por consiguiente, el argumento más común para usar rúbricas es que permiten definir la “calidad”. A una estudiante no le gustaban las rúbricas precisamente por este motivo: “Si hago algo mal, el profesor me puede demostrar que yo sabía lo que debía hacer” (Marcus 1995).

Una segunda razón para utilizar rúbricas es que ayudan a los estudiantes a ser jueces más reflexivos sobre la calidad de su propio trabajo, así como sobre el trabajo de otros. Cuando se utilizan rúbricas como guía de la auto-evaluación o la evaluación entre pares, los estudiantes se vuelven cada vez más capaces de detectar y resolver problemas tanto en sus trabajos como con los de sus compañeros. Las prácticas de evaluación continua entre compañeros, y especialmente la auto-evaluación, aumentan en los estudiantes su sentido de responsabilidad por el propio trabajo y hacen que disminuya el número de preguntas como “¿Esto ya está terminado?”.

En tercer término, las rúbricas permiten reducir el tiempo que los maestros pasan evaluando el trabajo de los estudiantes. Los docentes suelen ver que, cuando el trabajo ha sido ya evaluado por los compañeros y por el estudiante mismo, es poco lo que les queda por decir. Cuando deben decir algo, simplemente pueden trazar un círculo alrededor del indicador correspondiente en la rúbrica en lugar de tener que explicar la falla o la fortaleza que han encontrado y sugerir diferentes formas de mejorar. Las rúbricas ofrecen al estudiante una retroalimentación más informativa acerca de sus fortalezas y de los aspectos que necesitan mejorar. En cuarto lugar, los docentes valoran las rúbricas porque su naturaleza de “acordeón” les permite adecuarlas a clases heterogéneas. Los ejemplos expuestos aquí tienen tres o cuatro niveles de calidad, pero no hay razón para que el acordeón no pueda ser “extendido” para reflejar el trabajo de los niños más talentosos y de aquellos con problemas de aprendizaje.

Finalmente, las rúbricas son fáciles de utilizar y de explicar. Christine May, una maestra de cuarto grado comenta cómo tanto estudiantes como padres respondieron al uso de las rúbricas:

Los estudiantes pudieron articular lo aprendido y, hacia fin de año, podían ser precisos en sus evaluaciones. Los padres estaban muy emocionados con el uso de las rúbricas. Durante las reuniones con los padres, utilicé ejemplos de rúbricas para explicarles su propósito y su utilización en el aula. La reacción de los padres fue muy alentadora. Sabían exactamente lo que sus hijos necesitaban hacer para alcanzar el éxito.

¿Cómo crear rúbricas?

Las rúbricas son cada vez más aceptadas por los educadores que avanzan hacia evaluaciones más auténticas y basadas en rendimientos. Publicaciones recientes contienen algunas rúbricas (Brewer, 1996; Marzano et al, 1993). Sin embargo, es muy probable que usted tenga que desarrollar rúbricas propias, según su propio currículo y su estilo de enseñanza. Para incrementar la potencia de las rúbricas en el aprendizaje, su proceso debe involucrar a los estudiantes en los siguientes pasos:

1. Mirar modelos: mostrar a los estudiantes ejemplos de trabajos buenos y no tan buenos. Identificar qué características hacen que los buenos sean buenos y los malos sean malos.

2. Hacer una lista de criterios: utilizar la discusión de los modelos para comenzar una lista de lo que cuenta en un trabajo de calidad.

3. Articular los grados de calidad: describir el mejor y el peor nivel de calidad y luego llenar los niveles intermedios sobre la base de su conocimiento de los problemas comunes y de la discusión de los trabajos no muy buenos.

4. Practicar sobre modelos: hacer que los estudiantes utilicen rúbricas para evaluar los modelos que se presentaron en el paso 1.

5. Utilizar la auto-regulación y la co-evaluación: asignar la tarea a los estudiantes. Mientras ellos trabajan, detenerlos ocasionalmente para que se auto-evalúen y evalúen a sus pares.

6. Revisar: siempre se les debe ofrecer a los estudiantes el tiempo necesario para revisar su trabajo basándose en la retroalimentación que han recibido en el paso 5

7. Utilizar la evaluación del maestro: utilizar la misma rúbrica que usaron los estudiantes para evaluar usted mismo el trabajo de ellos.

El paso 1 puede ser necesario solo cuando se les pide a los estudiantes que participen en una tarea con la que están poco familiarizados. Los pasos 3 y 4 son útiles, pero demandan tiempo; los puede desarrollar usted mismo, especialmente cuando ya se han estado utilizando rúbricas. Una clase o un grupo con experiencia en la evaluación basada en rúbricas puede dinamizar el proceso comenzando con la lista de criterios; después el maestro describe los niveles de calidad, los verifica con los estudiantes, hace revisiones y luego utiliza la rúbrica para la auto-evaluación, la evaluación entre pares y la suya propia.

Ann Tanona, una maestra de segundo grado, atravesó el proceso de siete pasos con sus estudiantes. El resultado fue una rúbrica para evaluar “comentarios sobre libros2” al estilo Reading Rainbow grabadas en video (Figura 2).

Sugerencias para el diseño de rúbricas

La rúbrica de evaluación de Ann es poderosa ya que expresa las características de un buen “comentario sobre libros” en las palabras propias de los estudiantes. También muestra algunas de las dificultades que se presentan al diseñar una buena rúbrica.

Probablemente el desafío más grande es evitar el uso de un lenguaje poco claro, como “comienzo creativo”. Si una rúbrica ha de servir tanto para enseñar como para evaluar términos como estos deben definirse para los estudiantes. Ciertamente, la palabra creativo es difícil de definir. Ann manejó este problema comentando lo que el término “comienzo creativo” significaba en referencia con los “comentarios de libros”. Patricia Crosby y Pamela Heinz, ambas maestras de séptimo grado, resolvieron el mismo problema en una rúbrica para presentaciones orales enumerando las diversas formas en que los estudiantes podían alcanzar los criterios (Figura 3). Este enfoque ofrece información muy valiosa para los estudiantes al mostrarles cómo pueden comenzar a hablar y, al mismo tiempo, evitando la definición de términos tan abstractos como creativo.

Un segundo desafío para el diseño de rúbricas es evitar el innecesario lenguaje negativo. El fragmento de la rúbrica que se muestra en la Figura 3 evita utilizar palabras como aburrido al describir el comienzo de una presentación no muy buena, comparándola implícitamente con lo que se hizo durante otra de mejor calidad. Así, los estudiantes saben exactamente qué hicieron mal y cómo lo pueden mejorar la próxima vez y no simplemente que la introducción de su charla fue aburrida.

La articulación de los niveles de calidad es muchas veces un desafío. Dedicar tiempo a pensar los criterios y a cómo subdividirlos antes de definir los grados de calidad puede servir de ayuda. También es posible ensayar una inteligente técnica que aprendí de una maestra de quinto grado en Gloucester, Massachus- sets. Ella describe los niveles de calidad de la siguiente manera: “Sí”; “Sí, pero”; “No, pero” y “No”. Por ejemplo, la Figura 4 muestra un fragmento de una rúbrica para evaluar un álbum que documenta una historia. Esta propuesta tiende a funcionar bien, siempre y cuando usted no sea extremadamente rígido frente a ella. La rigidez puede dar resultados divertidos: un estudiante hizo un escrito dentro del nivel de calidad más bajo respecto al criterio: “¿Está el escrito libre de anacronismos? ” Él respondió: ¡“No, no me acordé de usar anacronismos”!

Qué hacer una vez creadas las rúbricas

La creación de las rúbricas es la parte más difícil; utilizarlas es relativamente fácil. Una vez creadas las rúbricas debe entregarles copias a los estudiantes y solicitarles que valoren su propio progreso en una tarea o proyecto. Las valoraciones no deben conducir a una calificación. El objetivo de la rúbrica es ayudar a los estudiantes a aprender más y a producir mejores productos finales, por lo que incluir auto-calificaciones es innecesario y puede comprometer la honestidad de los estudiantes.

Proporcione siempre a los estudiantes tiempo para revisar su trabajo una vez realizada la auto-valoración, y luego permítales valorar el trabajo de los demás. Es difícil acostumbrarse a la valoración entre pares. Debe enfatizarse el hecho que la valoración entre compañeros, al igual que la auto-valoración, tiene como objetivo ayudar a todos a lograr un mejor trabajo. Para que los estudiantes se responsabilicen por la valoración que hacen del trabajo de sus compañeros también puede ser necesario que escriban su nombre en la rúbrica utilizada. De esta manera el maestro puede ver qué tan justa y precisa ha sido la retroalimentación del estudiante y puede solicitarle que muestre evidencias que apoyen sus opiniones cuando sus valoraciones no coincidan con las suyas. Una vez más, es crucial dar tiempo a la revisión después de la evaluación entre pares. Los padres pueden utilizar las rúbricas para ayudar a sus hijos en sus tareas. Finalmente, cuando valore el trabajo de los estudiantes, utilice la misma rúbrica que se utilizó para la valoración entre compañeros y la auto- valoración. Cuando les devuelva la rúbrica a los estudiantes con anotaciones, ellos sabrán qué hicieron bien y en qué tendrán que trabajar en el futuro.

La calificación (si debe darla) es también relativamente fácil cuando se utilizan rúbricas. Un trabajo que refleje el nivel más alto de calidad para cada uno de los criterios merece una A3, mientras que el que constantemente cae en el nivel más bajo una D o F, y así sucesivamente. Debido a que un trabajo rara vez se encuentra en su totalidad en un mismo nivel de calidad, muchos maestros promedian, formal o informalmente, dichos niveles.

Las rúbricas también pueden incluirse en portafolios. Sin embargo, si usted los utiliza la idea es apoyar y evaluar el aprendizaje del estudiante. Los estudiantes, así como los docentes, deberían atender al uso de las rúbricas pensando: “¡Sí, esto es lo que necesito!”.


Notas a pie de página

1 En español, las rúbricas suelen recibir el nombre de matrices de valoración (N. del T.). Mantendremos sin embargo “rúbricas”.

2 “Book talks” en el original. Se trata de un comentario oral que por lo general tiene lugar en el ámbito escolar y que se propone a los estudiantes para estimular la lectura, la escritura y las habilidades discursivas propias de la escucha y el habla.

3 Recuérdese que el sistema de calificaciones en los Estados Unidos es por letras y que A corresponde a la calificación más alta (N. del T.).


Referencias

Brewer, R. (1996) Exemplars: A Teacher’s Solution. Underhill, VT: Exemplars.

Marcus, J. (1995) Data on the Impact of Alternative As- sessment on Students. Manuscrito no publicado. The Education Cooperative, Wellesley, MA.

Marzano, R., D. Pickering, and J. McTighe. (1993) As- sessing Student Outcomes: Performance Assessment Using the Dimensions of Learning Model. Alexandria, VA: ASCD.

Perkins, D., H. Goodrich, S. Tishman, and J. Mirman Owen. (1994) Thinking Conectarions: Learning to Think and Thinking to Learn. Reading, MA: Addison- Wesley.