“Mi gallina y otro” Fábula macabra en el campo de los estudios artísticos

Jesús Holmes Muñoz

jesusmuozgomez@yahoo.es

Investigador independiente, magister en Estudios Artísticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Maestro en Artes Visuales de la Universidad de Nariño e integrante activo del grupo de investigación Poiésis XXI clasificado en Colciencias; ha participado en eventos de carácter artístico tales como: El Giro corporal; HD Haceres Decoloniales; el Monstruo Infante; Seminario Derrida desde el Sur; entre otros. Formó parte del proyecto de investigación: Estudio Crítico desde las Perspectivas Dramatúrgica, Plástica y de Puesta en Escena de 11 Obras Teatrales Nacionales, el cual fue merecedor del primer puesto en la Convocatoria 2013 de Investigación Teatral del Ministerio de Cultura; actualmente es editor de contenido de la revista Calle14: revista de investigación en el campo del arte (Indexada), de la Facultad de Artes ASAB, del primer número de la revista Corpografías y de la Revista Merceditas de la Facultad de Artes ASAB.

Cómo citar este artículo: Holmes Muñoz Jesús, (2016). ”Mi gallina y otro” Fábula macabra en el campo de los estudios artísticos. Estudios Artísticos: revista de investigación creadora, 2 (2) pp. 107-118. DOI: 10.14483/udistrital.jour. ear.2017.1.a07

RESUMEN

El objetivo de esta reflexión gira en torno a la idea de indagar la experiencia personal y colectiva como campo de acción sobre el que se plantea la fractura colonial y su posterior relación (cura) decolonial, a partir de lo que implica el sentir-saber-pensar, como fundamento de los saberes y haceres otros, matizados por la memoria asumida como puente entre ser y mundo senti-pensado. Todo esto en un orden de ideas que, a partir del motivo principal: la violencia encarnada y rememorada, permite recrear una gallina antropomorfa y su papel social, político y humano. 

PALABRAS CLAVES

Memoria; senti-pensar; senti-saber; animalización; imagen de la violencia; Estudios Artísticos

“MY HEN AND THE OTHER”: A MACABRE FABLE IN THE FIELD OF ART STUDIES

ABSTRACT

The purpose of this reflection revolves around the idea of investigating personal and collective experience as a field of action on which the colonial fracture and its subsequent decolonial relation (cure) are postulated from what is implied in feeling-knowing-thinking, as a foundation of other forms of knowledge and practice, colored by memory and taken to be the bridge between being and the world of thought and feeling. All this in a vein that is based on the main motive of violence incarnated and recalled, and allows the recreation of an anthropomorphic hen and its social, political and human role.

KEYWORDS

Memory; feeling-thinking; feeling-knowing; animalization; image of violence; Art Studies

«MA POULE ET AUTRE» : UNE FABLE MACABRE DANS LE DOMAINE DES ÉTUDES D’ART.

RÉSUMÉ

Le but de cette réflexion porte sur l ‘idée d’enquêter sur l ‘expérience personnelle et collective comme un champ d’action sur lequel la fracture coloniale et sa relation décoloniale subséquente (guérison) sont postulées à partir de ce qui est impliqué dans sentir-savoir- penser, comme fondation de connaissances et pratiques autres, colorées par la mémoire, et considérées comme le pont entre l’être et le monde de la pensée et du sentiment. Tout cela dans un esprit qui, s’appuyant sur le motif principal de la violence incarnée et rappelée, permet de recréer une poule anthropomorphique et son rôle social, politique et humain.

MOTS CLÉS

Mémoire; sentir-penser; sentir-savoir; animalisation; image de la violence; études d’art

“MINHA GALINHA E OUTRO”: FÁBULA MACABRA NO CAMPO DOS ESTUDOS ARTÍSTICOS

RESUMO

O objetivo desta reflexão gira em torno da ideia de indagar a experiência pessoal e coletiva como campo de ação sobre o que se concebe como a fratura colonial e sua posterior relação (cura) decolonial, a partir do qual implica o sentir – saber – pensar como fundamento dos saberes e fazeres outros, matizados pela memória assumida como ponte entre ser e mundo senti-pensado. Tudo isto em uma ordem de ideias que, a partir do motivo principal: a violência encarnada e rememorada, permite recriar uma galinha antropomorfa e seu papel social, político e humano. 

PALAVRAS CHAVE

Memória; senti-pensar; senti-saber; animalização; imagem da violência; Estudos Artísticos

SUG NUKAPA ATAWALPA KILKASKAPI CHAGRAPI LLAKUNGASINA IALISKA IACHAIKUIPI

MAILLALLACHISKA:

Kai kilkaipi munarikumi iachangapa imasata kuikin Tukui Kuna tandanura ningapa imasan kilkankuna kausaipi, iachaipi, Iuiaipi chasapi allilla iachangapa imasa katichingapa kagta Kaikunaua kawangapa imasamandata, tiagsami llakichinakui Kawaspa kai atawalpa jirurigcha chaiagta tukuipi, kausaipi, Runa imasa, justicia ka.

RIMANGAPA MINISTIDUKUNA:

Iuiarii, imasaiuiagta, imasa iachag Mansasamba, imasa kawari llakichinakuspa kausai suma kawachii Iachai kuikuna.

Si las (gallinas) tienen sentido del humor, no hay razón para que los (artistas) no puedan compartirlo1.
(Adaptación para este ensayo, de una cita que hace Donna Haraway, de Plank, 1989.)

 

A finales del año 2015 tuve la oportunidad de participar como ponente en el marco del II Encuentro Latinoamericano de Investigadores/ as sobre Cuerpos y Corporalidades en las Culturas,2 allí compartí un texto creativo-sensible denominado: Indagaciones sobre el cuerpo a partir de “la otra parte de la gallina”, el cual fue abordado desde tres dimensiones académico-personales: la primera desde el campo de las artes visuales, en relación con mi vida artística iniciada en el año 1999 tras el ingreso a la Universidad de Nariño; la segunda, desde un enfoque metodológico asimilado y constituido desde la experiencia investigativa-creativa en Maestría en Estudios Artísticos (Universidad Distrital Francisco José de Caldas), acerca del problema de la definición de la corporalidad en el ámbito de la violencia y el desplazamiento, afianzado por el concepto de senti-pesar, y la tercera, desde conceptos de propia autoría, nacidos y configurados desde y por medio del cuerpo con que habito país, el cual se presenta como una integralidad enlazada desde connotaciones de carácter fisiológico, afectivo, social y citadino, revestido por una gama de valores de carácter político, económico, religioso; de poder y contrapoder, históricos, vivenciales, entre otros, a manera de un plumaje simbólico (en el sentido del ser humano como un ente simbólico) con el que metafóricamente he ido definiendo el concepto de identidad a razón de una condición que me sostiene como un ser emplumado, artefactualizado, según Donna Haraway (1999), por conceptos e ideas y afianzado por un enfoque metodológico que configuré y denominé: “andada”.

Estos sentidos originaron la aventura de una lectoescritura de carácter metafórico alrededor de la vida de la gallina de campo, la cual, más allá de ser considerada como un simple animal doméstico comestible, fue asumida como un personaje fabuloso representante de mi provincia y de mi casa, arraigado en mis recuerdos y enraizado como un personaje testigo del acontecer cotidiano presente en la cocina, en la huerta, en las habitaciones, en el gallinero y en los distintos lugares de una casa embadurnada con sus colores, plumas sueltas y olores, inmiscuida como testigo de enfrentamientos y confrontaciones entre guerrilla y ejército en mi pueblo: Las Mesas (Nariño) y sus alrededores, y también visible en muchos registros fotográficos, audiovisuales y narrativos donde en primeros o segundos planos se presenta como aquella interlocutora muda de una realidad caótica.

Una presencia animal que he venido humanizado con obras y palabras de manera voluntaria e inconsciente a la vez, para fijarla como un constructo simbólico palpitante, un espectro vivo que habita y trasciende en mi memoria dando a luz día a día la posibilidad de hacer un animal personificable dentro las coordenadas de una violencia humana que acontece como ámbito provinciano cotidiano, en danza con un pasado y un presente de desplazado, desplumado y reemplumado en emplazamientos múltiples.

Gallina de terrible condición zoomorfa y presencia álgida, penosa y sufrida que corretea sin giro de cabeza por el camino indeleble de la crianza, la explotación, el abuso y el maltrato, hacía los confines tormentosos del sacrificio; pavorosa combinación inverosímil del instinto humano plasmado en deseo de dominación bajo el fuego ensordecedor del cañón y el filo ardiente del cuchillo, nutrido por el goce fulgurado del grito impotente del gallina que como ser sin voluntad deambula tras su verdugo al cadalso y olla hirviente de la cocina.

UNA INDAGACIÓN DEL CUERPO A PARTIR DE OTRA PARTE DE LA GALLINA

Entre los procesos más sobresalientes con respecto al desarrollo de composición, creación y configuración tanto artística como conceptual, de un proyecto más extenso en curso, llamado: Mapeo. Apuesta cartográfico-afectiva a través de los estudios artísticos, se encuentran en primera instancia: “la andada”, la cual, en síntesis no es más que la metáfora de la llegada a algo tras el seguimiento de su huella; cosa que en el sentido de búsqueda de lo dejado en cuanto al desplazamiento forzado como una vivencia personal que a la vez se compone como campo de acción e indagación, me permite presentar un enfoque y camino hacia el pasado valiéndome de la sensibilidad enraizada en la memoria como sentido.

Ahora bien, el problema de la memoria se establece dentro del ejercicio de indagación, como el eje central con el que se pueden ejercer diferentes tipos de viajes espirituales, siguiendo las normas descritas por el medico tradicional, Mauro Muñoz, en su “técnica del cristal de agua”, que bajo la concentración y oración permite llevar el espíritu a otros lugares y temporalidades, avanzando hacia un nuevo territorio plasmado según él, bajo las coordenadas de la imaginación.

Pero, qué representa la memoria para el proyecto, primero que toda la memoria se asume por medio de la definición de corporeidad que hace Rico Bovio (2011), donde la dimensión de lo corporal franquea las fronteras del cuerpo dual en que podemos corporizarnos, ya sea en nuestra letra, en nuestra ausencia, en nuestro olor, en nosotros mismos dentro de la memoria del otro. 

Sin embargo, antes de avanzar cabe resaltar que no aspiro teorizar sobre conceptos desde el ámbito de las disciplinas convencionales del hacer conocimiento, mi aspiración va encaminada a presentar el sentí-pensar, con un ejercicio desde mi condición sintiente de pasado, presente y futuro, contextualizada en la creación y subjetivación de sus respectivas trascendencias vitales.

Pero bien, para sentí-pensar las dos dimensiones que componen esta ponencia: la gallina en la cocina y lo gallina en la violencia, quisiera definir primero el senti-pensar como un concepto dual, enunciado por el profesor Pedro Pablo Gómez, quien desde de sus haceres artístico-investigativos y vivenciales, lo ha ido configurando.

El senti-pensar como acción vital de ser y hacer por medio de los sentidos, incluyendo la memoria como el sentir del pasado, la vivencia como sentir del presente y la espera como el sentir del futuro, puede ser integrado a aquella dimensión pensante, actuante y sintiente que componen, según Arturo Rico Bovio, el concepto de corporeidad, a manera de una dimensión múltiple que permite trascender los límites de toda racionalidad y saber aparentemente convencionales, hoy enmarcados dentro del campo artístico en sentido de sentí-pensar a partir de mi cotidianidad enraizada en la memoria.

Desde los ámbitos del desplazamiento y las condiciones generadas en un ser desplazado, que son en sí, el núcleo problémico del proceso en curso de esta investigación-creación y con el senti-pensar, podré por ejemplo: dar cuenta de la fractura de la dualidad convencional cuerpo-espíritu, a razón de la presencia de lo dejado en un lugar emplazado, en, y, por medio de la memoria, dentro del juego vital de ires y venires desde donde se encarnan y desde donde el cuerpo y el espíritu continuamente se repliegan a un allá, un aquí; a un ahora, un antes y un después, aprovechando el campo de los estudios artísticos, para construir sobre ellos un discurso a partir de citas e ideas tomadas por un lado desde los saberes populares de la medicina tradicional, por otro lado desde los saberes académicos de algunos textos interesantes sobre el tema y por otro desde la creación artística.

Por otra parte, desde los viajes espirituales descritos por Don Mauro Muñoz, médico tradicional, también, podré vislumbrar formas de quiebre de dicha dualidad, puesto que por medio de su práctica, según cuenta: el cuerpo puede dejarse a merced del poder de los santos en un altar cristiano atiborrado de imágenes benditas, para permitir al espíritu una libertad con la que emprende viajes en busca de verdades curativas y adivinatorias.

Desplazamientos y viajes espirituales que permiten indagar ¿cómo puede ser asumido el desplazamiento desde una condición vital de desplazado, dentro de esos ires y venires por entre espacialidades y temporalidades subjetivas, sintientes, orgánicas y vitales? 
Un elemento de la memoria provinciana, con plumas y pico

Su vida entera: incubación, cautiverio, preparación y engorde, en un proceso vital corporizado al ámbito familiar, por ende, social, cultural, política, religiosa, arquitectónica y orgánicamente tejida a cada uno de los elementos que componen su mundo en carnes transfiguradas en combustible de cada uno de sus haceres.

Y como si eso fuera parte del conocimiento de mi madre, ella, con el mejor maíz de la región durante los últimos cuatro meses de cada año alimenta sus gallinas para mejorar el sabor y contextura de sus carnes, a la espera de los paladares y lenguas de quienes durante el mes de diciembre retornamos a casa. Una casa atiborrada de peculiaridades familiares distribuidas y asociadas a sus distintos lugares, espacios, relaciones y funciones tanto de carácter colectivo como individual, ligadas con valores físicos, subjetivos y afectivos tales como: el ambiente, la iluminación, los sitios de reunión, de intimidad, de extimidad, de ritualidad, de cultivo, de haceres, de oficios, de jerarquías, donde tiene curso la vida tejida, por así decirlo, a esos lugares evocados en este momento.

A razón de lo anterior invito a que llevemos a cabo un viaje imaginario, senti-pensemos un pequeño y aislado pueblo de calles de barro, escondido entre la enmarañada espesura de la Cordillera de los Andes, un lugar frio al cual solo es posible acceder cruzando en bus escalera3 un trayecto escarpado de carreteras abismales y precarias; situémonos en una época en la que el poder de las historias aún lograba hacer temblar el mundo provinciano; senti-pensemos una vieja y olorosa casa de tapias y piso de tierra ubicada en la avenida principal de dicho pueblo, y una familia pobre que le habita y cuyo sustento económico se basa en una herrería primitiva ubicada en la habitación que da a la calle, inteligentemente des-ordenada con un grueso tronco de roble cortado verticalmente y ubicado en el centro, utilizado como mesa y soporte de dos negras y pesadas prensas de acero y muchos pedazos de hierro alrededor ennegrecidos por las manos del herrero, junto a rústicas herramientas tales como: macetas, martillos, chuzos, destornilladores, goznes, entre otras, y un soldador eléctrico que de vez en cuando relampaguea entre las oscuras paredes de tierra. 

Ahora, senti-pensemos específicamente su cocina, ubicada en la parte trasera al lado de la huerta, como el lugar destinado a las tres hijas y a la madre y como el lugar más fragante y cálido, como el lugar del fuego que da la vida.

El recuerdo cocina en la casa de mi infancia es de lugar idílico, gracias a él puedo des-dibujar una familia aislada entre trebejos de herrería y chilpas sucias en sus ahumados dormitorios; me parece oler el hollín que pinta de sombra sus paredes con la mano de humo y aceite de la incandescente tulpa de cocina que se ha mantenido viva con el soplo milenario de nuestros abuelos; aún, puedo sentir los ahumados abrazos y besos de mi madre, y los sabores de sus fragantes recetas cocidas con leña de bosque y esencias naturales servidas en platos chiltados4 sobre una vieja mesa cubierta con flores de mantel que resaltan en medio de la penumbra bajo el reflejo de la candela; una tulpa que en medio de su fuego, brasas, rescoldo y cenizas, ha permitido el tejido de extrañas relaciones en calientes y afectivos ámbitos de sabores, colores, olores y saberes, compartidos y matizados por historias de miedo, que hasta hoy, por encima de nuestros raciocinio académico de universitarios venidos de la ciudad nos hacen temblar las piernas; escalofriantes presencias invocadas bajo el lento letargo de sus llamas.

El letargo de una luz que trae cenizas, brasas calientes y el lecho abandonado por los moradores durmientes de la casa, se convierte en el “brasier” ideal para que la “turumama”: un espectro femenino “andariego” que visita las tulpas calientes de las casas a media noche, revuelque sus grandes tetas, soltando estremecedores gritos que penetran hasta los más profundos sueños, para grabarlos en la memoria de muchos paisanos para quienes su sueño no fue anestesia suficiente de tan desgarradora sinfonía.

Pero a las seis de la mañana, las visitas nocturnas se ahuyentan con el avivamiento de llamas de eucaliptos y arrayán, que junto al sol naciente que por entre las rendijillas de las tejas de barro entra en forma de líneas de luz, calientan el caldero de un café de inigualable sabor endulzado con jugo de cañas recién cortadas, machacadas con un trapiche de mano y hervido con el aroma de leñas del bosque.

Llamas de un fogón que espera carnes y especias crudas para convertirlas en ricos bocados de aromáticos olores, alumbrando el cuero de una ave desplumada, que luego de haber pasado meses, días, horas, minutos e instantes atada con una cabuya blanca encarnada en su pata derecha soñando libertades detrás de la cocina: como el lugar siniestro donde pudo ver ahogar patos, martillar conejos, quebrar contra el suelo la trompa de cuyes, ahorcar gallinas y apuñalar lechones y ovejas; pelarles, hervirles, desmembrarles y cocinarles, al fin pudo entrar en trauma de muerte.

¡No son sus latidos!, mucho menos sus temores; relámpagos y truenos retumban su corazón como anuncios fieros de la macabra tormenta que le espera.
Sordo a sus lamentos de clamor traducidos en cacareos, con cuchillo recién amolado, el anfitrión de la casa le toma del cuello fieramente, le somete al filo de su hoja, abriéndole la piel y la carne al flujo ardiente de su vida en filosas ajugas al rojo vivo que su diástole y sístole empujan a un tiznado caldero.

La condenada, con agitados aleteos lucha en contra de una inevitable agonía, preparando con saltos, ronroneos y patadas sus carnes para el delicado paladar de la reina del pueblo, invitada a la cena en su honor.

Despresada y cocida con cilantro y ajos de la huerta cacera, humeante reposa sobre un platón a la espera de las muchas bocas que airosas por saciar los espacios vacíos de sus entrañas, llegan como puertas de casa a interiorizar sus vísceras.

Transfiguración de un ser viviente en calorías, vitaminas, minerales, grasas y fibras del señor obispo, la mujer del alcalde, la mamá de la reina, el esposo, los hijos y el perro.

LO GALLINA Y EL COBARDE, PUEBLO CHICO INFIERNO GRANDE

(1995-2005). Con flores de amapola las cordilleras del pueblo de Las Mesas Nariño se iban coloreando en matices que perfumaban la lenta agonía de bosques talados. El polen de heroína, fue el anuncio para que el casco urbano se fuera vistiendo de negro por la llegada de una violencia extranjera e inesperada, disfrazada con su fruto: dinero en caudales exasperantes, cuyo flujo comenzó a circular de manera progresiva por las calles de un pueblo inocente, y por algunos hogares esperanzados en nuevos progresos basados en la idea de un dinero fácil.

Tras la fragancia del nuevo jardín, como abejas de lejanos panales fueron apareciendo sobre el escenario los guerrilleros, habitando calles y hoteles y gobernando a fuerza de fusil prematuros y veteranos narcotraficantes.

Por entre el diario vivir del pueblo, guerrilla y narcotráfico habían comenzado una pequeña ola de delincuencia común que con el néctar amapolezco había ido tomando fuerza, hasta el punto en que surgieron algunas leyendas locales por sus crímenes, con el alias de “el flaco”, “el matonsísimo Ortega”, “el churumada”, “Arandú”, y otros tantos.

Un domingo (día de mercado en Las Mesas) al parecer un escuadrón de la guerrilla liderado por “El Vallenato”, adelantaba un operativo de caza de un tal: alias “Arandú”, quien había perpetrado violaciones infantiles, robos de motos e irrupción en cultivos de amapola, ese día, este bandido andaba con su cabello largo y suelto, se había dejado crecer la barba, y vestía una chaqueta negra con verde limón igualita a la que yo tenía para dominguiar, además, cojeaba del mismo pie que yo tenía fracturado en esa época; coincidencias y descuido de minutos, que desviaron los ojos de los cazadores guerrilleros hacia mí; engañados por su visualidad enfocada en mi delincuencial figura me siguieron hasta mi casa irrumpiendo de manera abrupta en mi dormitorio, donde me encontraba con algunos amigo mirando la Pantera rosa, para envolverme en un acto de barbarie que aún hoy me hace temblar y que trataré de describir lo más cercanamente posible a la realidad a manera de diálogo:

Vallenato: (Jefe guerrillero que abre la puerta y con fusil en mano entra abruptamente, acompañado por un guerrillero y una guerrillera igualmente armados): ¡usted¡ venga… 
Yo: (sin salir del asombro, pregunto): ¿yo?
Vallenato: (con voz altiva): venimos siguiéndolo desde la plaza, vamos a la calle…
Yo: pero por qué
Salimos y en la calle
Vallenato: tenemos que matarlo por robar una moto TS negra, por violar una niña y por matar un hombre en Alta Clara, así que:¡caminando!, ¡vamos para la escuela! Mis amigos: pero tienen que estar confundidos, si él no ha hecho nada malo, es una buena persona 
Vallenato: vamos rápido 
Yo: pero señor, por favor recuerde que un día usted me encontró al lado de la iglesia y desde su camioneta me pregunto qué había pasado en mi rodilla, yo le conté que había sufrido un accidente en mi moto y me había fracturado, usted dijo: “A bueno” y se fue en su carro, acuérdese por favor.

Camino a la escuela, “El Vallenato” queda pensativo, mira mi cara y la de sus guerrilleros y dice: ¡váyase! Asustado por mi encuentro con tres fusiles guerrilleros apuntándome, llegué donde mi madre quien afortunadamente no estaba en el acto, le conté lo sucedido y casi obligado me mando a la peluquería por un buen cambio de peinado. 

De esta manera y para terminar asociado como un sentido más de nuestra dimensión corporal de ser sintiente y pensante, el senti-pensar como dupla se fortalece para permitirnos trascender los límites de una comprensión ligada a la racionalidad de un sentir y un pensar disgregados y hegemónicamente impuestos, para establecerse como una potencialidad basada en el sentir pensando y en el pensar sintiendo que al mismo tiempo permite llegar al hacer senti-pensando, que como producto humano establece nuevas formas de saber sentido, en valoración del mundo y en dirección a aquello que Patricio Guerrero Arias denomina: El Corazonar, que posiblemente y con mucha facilidad puede ligarse a los diferentes haceres del arte.

Entonces, asumidas como elementos inmediatos del senti-pensar que fluyen por medio de la palabra, las oralidades pueden ser abordadas como herramientas elocuentes de los estudios artísticos, porque son ellas precisamente las que permiten integrar a sus líneas de investigación creación, las memorias vivas, palpitantes senti-pensantes, para conjugarse con la multiplicidad de sus elementos metodológicos, conceptuales, creativos y artísticos, pese a que ellos mismos convocan enfoques multidisciplinares desde las ciencias y las artes basados en el hacer como acto creativo, el pensar como acto intelectual y el sentir como acto íntimo.

Los estudios artísticos, por lo tanto, permiten esclarecer las voces de los creadores como esas voces otras, no solo desde sus sonoridades, sino también desde sus visualidades, olfatividades y corporalidades, que se instalan en los diálogos y sentidos senti-pensantes. 

REFERENCIAS

Guerrero Arias, Patricio. (2011). Corazonar el sentido de las epistemologías dominantes desde las sabidurías insurgentes, para construir sentidos otros de la existencia (primera parte). En. Calle14: revista de investigación en el campo del arte, [S.l.], v. 4, n. 5, p. 80-95, may. ISSN 2145-0706. En: http://revistas.udistrital. edu.co/ojs/index.php/c14/article/view/1205>. Fecha de acceso: 28 oct. 2016

Muñoz, Jesús Holmes. (2015). Ponencia. Indagaciones sobre el cuerpo a partir de la otra parte de la gallina. Bogotá, Facultad de Artes ASAB. 

Muñoz, Mauro. (2013). Entrevista sobre el cuerpo desde la medicina tradicional. Realizada por Jesús Holmes Muñoz, Las Mesas (Nariño). 2013.

Ricoeur, Paul. (2010). La memoria, la historia, el olvido. Editorial Trotta. Segunda edición. 2010.

Rico Bovio, Arturo. (1998). Las fronteras del cuerpo. Editorial Abya Ayala.

Rodríguez, Ignacio. (2016). Entrevista sobre la obra teatral “Gallina y el otro”. Realizada por Jesús Holmes Muñoz, Bogotá. 2015.

EN LÍNEA

http://centrodememoriahistorica.gov.co/museo/oro pendola/gallina-y-el-otro/index.php 
http://jesusmuozgomez.wixsite.com/copy-of-lasmesas-2
https://issuu.com/dimarcayala/docs/definitivo

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1 Citado por Haraway, Donna. Las promesas de los monstruos: Una política regeneradora para otros inapropiados/bles.

2 3 Evento internacional organizado por una de las líneas de investigación del proyecto de Doctorado en Estudios Artísticos (Facultad de Artes ASAB UD).

3 “chiva”: un bus grande de carrocería de madera que sirve como medio de transporte y de carga en Colombia, su característica principal es que su silletería va de lado a lado del bus permitiendo una interacción diferente entre sus pasajeros a diferencia de los buses convencionales.

4 Dícese a las marcas de golpes que quedan en platos y pocillos de lámina metálica esmaltada que son comunes en las cocinas del campo.