ESCRITORES, FOTOGRAFÍAS Y RETRATOS; UNA ENTREVISTA A ABDÚ ELJAIEK (3 de febrero 2005)

Recibido: Julio 10 de 2016
Aprobado: 25 de agosto de 2016

Santiago Rueda Fajardo. ruedafajardo@gmail.com

 

PhD. Cum Laude en Historia, Teoría y Critica de arte de la Universidad de Barcelona, España. Trabaja como Investigador y Curador in(ter)dependiente.Autor de La fotografía en Colombia en la década de los setenta (2014), entre otros libros. Curador de diversas exposiciones de fotografía en paises de America Latina, España y  Estados Unidos. Jurado de becas y premios en Argentina y Ecuador. Ganador de becas para residencias de investigación en Argentina y México. Ha realizado proyectos y eventos con espacios independientes como Barracao maravilha, Colectivo 83, La Curtiduria, SOMA, Casa Tres Patios, Taller Multinacional, Arte#Ocupa entre otros. 

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Cómo citar este artículo: Rueda Fajardo Santiago, (2016). Escritores, fotografías y retratos: una entrevista a Abdú Eljaiek (2 de febrero de 2005). Estudios Artísticos: revista de investigación creadora, 2 (1) pp. DOI: /udistrital.jour. ear.2016.1.a05

 

Resumen
Abdú Eljaiek, es uno de los fotógrafos colombianos mas importantes de la segunda mitad del Siglo XX. En esta entrevista se recuerda junto a él parte de su vida y de sus principales obras como retratista. Se hace un recorrido por la personalidad y las circunstancias que envuelven los retratos de personajes de la cultura colombiana como Eduardo Caballero y León de Greiff. Algunos aspectos técnicos son analizados, así como el acercamiento a uno de sus temas principales: El campesinado del altiplano cundiboyacense. Por ultimo, Eljaiek hace un recorrido breve por algunos nombres de la fotografía colombiana. 

Palabras clave
Fotografía, Colombia, Abdul Ekjaeik, memoria.

 

Esta entrevista se realizó en Bogotá, hace poco más de una década. En ese momento, y en la actualidad, Abdú Eljaiek, junto a Hernán Díaz, Nereo López, Carlos Caicedo, Fernell Franco y Manuel H. Rodríguez, es uno de los cinco fotógrafos vivos más importantes del país. Hoy es el único que sobrevive de esta brillante generación. El maestro Eljaiek me permitía entrevistarlo a la salida de sus clases, en la Universidad de los Andes. Sin embargo, yo evitaba encontrarlo a la salida de clases por que la situación no me garantizaba un encuentro cómodo, en un buen lugar: me quitaba la oportunidad de conocer al fotógrafo en su entorno, su casa o en su estudio, lugares que para mí son importantes por que me permiten profundizar en la personalidad y el mundo del entrevistado. Un día antes de mi viaje a Rio de Janeiro, donde estaba inicinado la escritura mi tesis doctoral, hoy publicada con el titulo “La fotografia en Colombia en la decada de 1970”, y con el tiempo en contra, decidí entrevistarlo a la salida de clases. El encuentro fue bastante informal y lo realizamos mientras almorzábamos en un restaurante. Creo que la entrevista estuvo en alguna medida afectada, por el hecho de que el fotógrafo se encontraba escribiendo su autobiografía o “auto alabanza” como él mismo le llamaba, y muchas de las anécdotas y situaciones que yo quería conocer, como su relación con poetas y escritores como León de Greiff o Caballero Calderón, fueron en cierta forma pasadas por alto por Eljaiek, quien me dio a entender que esos recuerdos estarían en su libro -basado en sus fotografías- y que entonces, podríamos dedicar nuestra conversación a otros temas. Por ello, nuestra entrevista giró en torno a otros tópicos, como la formación de la identidad regional a partir de la música -el tango en Antioquia, las rancheras en los Santanderes y Boyacá-, el cine y muchas otras cosas que por su no pertinencia en mi investigación, he dejado parcialmente por fuera.

 

Santiago Ruedad Fajardo: Miremos algunas de las imágenes de su trabajo. ¿Le parece? Sus retratos, muchos de ellos de escritores y poetas, me parecen maravillosos. Usted logra una caracterización psicológica profunda. Retrato y persona se sellan, algo notable.
R: Yo siempre comienzo hablando con las personas, además casi todos son amigos míos (risas).

SRF: ¿Cuénteme cómo hizo este retrato de Eduardo Caballero Calderón?
AE: Fui a su casa y nos pusimos a hablar, a “mamar gallo” (bromear), puse la camarita, medí la luz con una ventana que había, medí la luz de la otra ventana y la cerré un poquito para que no me diera tanto como la anterior, y saqué la foto.

SRF: ¿“Es 35 mm.”?
AE: No. 6x6.

SRF: Efraím Cárdenas, su pupilo por muchos años, me dijo que usted trabaja rigurosamente con luz natural.
EA: Yo trato de trabajar luz ambiente, que en este tipo de trabajos tiene una ventaja adicional: el retratado no se siente fastidiado, por que no hay un equipo aparatoso de  luces.

SRF: ¿Eran amigos con Caballero?
AE: Tengo muy pocos amigos. El me apreciaba, afortunadamente.

SRF: ¿Hicieron un libro juntos?
EA: El estaba haciendo un libro, Yo, el alcalde, y le dije -¿le hago unas fotografías?-¡No tengo plata para eso! Fue su respuesta (risas). Le dije -Págueme con comida y yo le hago las fotos, por que quiero ver si logro algo parecido a lo que hizo Luis B. Ramos.  Los personajes de las fotografías de Luis B Ramos, tomadas en los años 30, eran los mismos personajes de las novelas de Caballero, los personajes de Siervo sin tierra, El Cristo de espaldas. Caballero era un escritor excelente, pero no fue tan conocido como otros escritores nuestros porque callaba demasiado. Escribió lo que vio y vivió. Además, la gente tenía dificultad para entrar en sus libros, que quizá eran demasiado descriptivos.
SRF: ¿Entonces sus fotografías están influenciadas por la obra de Caballero?AE: No, en el tema del campesino lo que me influenció fue el trabajo de Leo Matíz, quien a su vez fue discípulo de Luis B Ramos. Cuando vi las fotos de Luis B. en el libro de Caballero Diario de Tipacoque, me emocioné mucho, Porque mi fotografía es diferente a la de Leo y a la de Luis B., lo cual no era difícil por que yo ya conocía el trabajo de ambos. Pero quise hacer algo parecido, a mi manera. Yo puedo trabajar en lo mío, haciendo cosas que ya hicieron los otros. Eso es lo que la gente no entiende acá; es lo mismo que pasa con una obra como Cien años de soledad, que reúne mil historias que no necesariamente, las inventó el escritor. El coronel no tiene quién le escriba, por ejemplo, es un libro que lastimosamente no pude comentar con mi papá, porque salió cuando él ya había fallecido, pero estoy seguro que uno de los personajes, es en gran medida mi papá. ¿Por qué? Porque mi papá era un gran narrador de historias. Se sentaba a contar historias en una esquina, frente a la casa donde yo nací, en Calamar, Bolívar, donde atracaban los buses de pasajeros y las barcas de correo. Mi papá conoció a García Márquez. Lo recuerdo porque una vez le pregunte: -¿Quién es ese costeño, el escritor?, y me dijo: -El iba mucho a Calamar,  donde tenía unos parientes, García. Así, que uní todo, García Márquez, era un joven periodista, que trabajaba en El Espectador y seguramente en sus visitas a Calamar se sentaba con mi papá a escucharlo contar historias. Por ejemplo, en el libro habla del "segundo Moisés", salvado de las aguas y a mi papá le llamaban así. A Calamar, a orillas del Magdalena,  llegaban 2 hermanas ciegas a cantar y eso está en el libro. Llegaba otro tipo que nadie sabía de donde venía, un tipo rarísimo, pero todo el mundo lo conocía y enamoró a una muchacha, a una mulata, esa es otra historia que mi papá contaba. Calamar es Macondo, era Macondo, pura tierra, hasta hace muy poco hay pavimento. Macondo no es solo Calamar, Macondo es la Guajira entera. Cien años de soledad es un libro que consulto constantemente, porque ahora que estoy escribiendo mi auto-alabanza (risas), mi autobiografía lo consulto constantemente,para estar seguro de ciertas cosas, para saber si estoy escribiendo bien. Igual que hago con El Quijote. No quiero que critiquen como escribí, no me importa e incluso me interesa que critiquen lo que escribí, pero no cómo lo escribí, quiero que quede bien escrito.

SRF: ¿Cuándo la va a publicar?
AE: Aún no. Algunos de mis retratados van a estar en el libro, muchos de ellos y muchos de estos retratos tienen ya páginas precisas, un lugar específico en ella. León de Greiff, por ejemplo. Nadie habla ahora de Arturo Camacho Ramírez, uno de los mejores amigos de León, contertulio del Café Automático. Nadie habla de Camacho, que era uno de sus grandes amigos, y yo, voy a hablar de él.

SRF: ¿Cómo fue su relación con De Greiff?
AE: “Yo iba al Automático. Y si lo encontraba solo, escribiendo, no lo molestaba, yo prefería sentarme en otra mesa. Cuando otras personas llegaban, como Camacho, entonces si me acercaba. Después de su muerte le han salido muchos amigos, gente que jamás estuvo allí, que jamás le conoció bien, pero que dicen ahora que eran sus amigos. Esas son las cosas que espero aclarar. El era una persona muy tímida. Amigo de un gran amigo mío, Manuel Zapata Olivella, que acaba de morir. Zapata lo conocía muy bien. Se conocieron de una forma curiosa: Manuel estaba buscando una música muy específica, difícil de conseguir;Por intermedio de amigos comunes le enviaron donde Otto, el hermano de León, un gran especialista en el tema, y este le dijo: -No, ¡esa música ni la tengo! Vaya donde mi hermano. Cuando Manuel llegó, León le estaba esperando: -Mire, ahí están los discos, coja los que quiera. Y nada más. Manuel le dijo -¿Puedo volver?. -Cuando quiera, a la misma hora. Al día siguiente Manuel volvió y León le tenía preparados más discos. Pero no hablaba, esa era su manera de comunicarse, era extremadamente tímido.

SRF: ¿Cuénteme cómo realizó las fotografías con él?
AE: Teniendo en cuenta lo que le acabo de contar, la timidez de León; yo aproveche y le pedí un libro y mientras él lo buscaba fui haciéndole las fotos, así, sin molestarlo. Están tomadas en 35 mm. Esas fotos estarán mencionadas en mi libro.

SRF: ¿Cómo fue el escándalo que se formó por los desnudos de Dora Franco, a fines de los 60?
AE: Acá consideraban eso pornografía. Además se veía la cara de Dora, lo que escandalizaba aún más. La fotografía la hice en 1968 y la enseñé en 1969 en el Centro Colombo Americano. El director me dijo: -Yo le hago la exposición. Muéstrela si quiere, yo no tengo problemas con mis paisanos. Y la hicimos, los curas obviamente se quejaron y alguna gente iba a ver las fotografías por eso.

SRF: Grau, Ramírez Villamizar, Botero, Obregón, Negret, fueron fotografiados años antes por Hernán Díaz para el libro de Marta Traba Seis artistas colombianos contemporáneos”
AE: “Si. Compare la diferencia entre las fotos que hace Hernán y las que hago yo. Las mías son del estilo que no gusta.

SRF: ¿Por qué?
AE: ¡Por que son oscuras! ¡Yo hago las fotos así y la gente no lo entiende! Cuando voy a publicar me dicen: -Las fotos que nos mandaste no sirven. Están oscuras. Y tengo que decirles: -¡Es que así son! ¡Oscuras! A mi me dicen que busco las sombras, pero yo no las busco; Yo no espero, a mi me da pereza esperar, yo voy directamente a fotografiar lo que me interesa. No se necesita una gran cámara para la imagen que yo quiero lograr. A mi me interesa un buen foco, con eso ya está sobrado. Buen foco y calidad de los materiales, nada más.

SRF: El trabajo de Hernán está influido, él mismo lo ha reconocido siempre, por el trabajo de Richard Avedon, de Cartier-Bresson. ¿Hay alguna influencia directa en su trabajo?
AE: Cuando uno está al día, al día con uno mismo, con su práctica, llega a los mismos resultados en el mismo momento que otros fotógrafos, así no se conozcan y estén separado por miles de kilómetros. Yo no sigo la moda, porque si sigo la moda siempre voy a estar un paso atrás y a mí nunca me ha gustado estar un paso atrás de nadie. (risas).

SRF: Miremos sus imágenes de Villa de Leyva.
AE: Fíjese y verá que las he titulado Villa de Leiva, con i latina, por que encontré el primer documento existente sobre la ciudad donde está escrito así, y decidí que esa era y es la manera correcta. Esa anécdota estará en mi libro. A diferencia de Luis B. Ramos y de Leo Matiz, yo trabajo con el diafragma muy abierto, para tener las cosas quietas. Esta foto seguramente fue tomada con un diafragma 5/6. Todo el fondo se desenfoca y se centra la atención en lo que esa mujer está haciendo, mirando unas alpargatas. Usted se concentra en la figura y nadie va a mirar detalles,No hay forma de hacerlo, no se va a ver sino esto que es lo que quiero señalar. Esta imagen, Tipacoque, hace parte de las imagenes de Yo, el alcalde. Por supuesto, mi trabajo no se puede comparar con el de Ramos. Esta otra es un ejercicio de abstracción como los que hago con mis alumnos. Planos y sombras, que es lo que hago siempre.  

SRF: Ayer estuve entrevistando a Efraím Cárdenas, su ayudante por mucho tiempo. El me dice que aprendió muchísimos de usted.
AE: ¿Y yo de él! Pero dejó la fotografía y se dedicó a la fotografía de cine, en lo que le va bien. Otro que dejó la fotografía fue Guillermo Angulo; el tenía un trabajo excelente,  pudo haber llegado a ser un fotógrafo de la altura de Leo Matiz. Efraím tiene un gusto extraordinario, estupendo. Yo lo trabaje mucho. Los retratos que hace son maravillosos; él llegó a mi estudio con unos dibujos que no estaban mal y luego me mostró unas fotografías y quedé sorprendido, Y le dije: -Lo que te hace falta es laboratorio, nada mas. Si quieres puedes venir y experimentar acá, me ayudas, pero no te puedo pagar. Y empezó a venir a trabajar conmigo. Yo lo llevaba a muchos de mis trabajos y aprendió todo. ¡Era excelente!

SRF: ¿Javier Sandoval también estuvo bajo su dirección?
AE: Javier llegó a mi estudio sin saber nada de fotografía, es muy bueno. Tiene unos trabajos de blanco sobre blanco excelentes. 

SRF: Él me dijo que a su lado había aprendido a utilizar únicamente la luz natural.
AE: La luz natural tiene una ventaja: Nunca es la misma, siempre es distinta.

SRF: También me dijo que usted es un laboratorista notable.
AE: Es un trabajo que no me gusta mucho. Lo aprendí a hacer y lo aprendí bien, precisamente para no tener que pasar mucho tiempo allí. Yo no sé por qué pintan el cuarto oscuro de negro. Un cuarto oscuro, si está bien bloqueada la luz, no necesita  ser negro.  A mí me gusta que el cuarto oscuro sea blanco, que se vea limpio, claro cuando se trabaja. Lo que hago, simplemente es apagar la luz en la oscuridad y cerciorarme que no entre la luz por ningún hueco. Afortunadamente encontré una laboratorista excelente, Tania, que trabajó conmigo durante varios años.

SFR: ¿Quién hace su trabajo de laboratorio ahora?
AE: ¡Nadie! Ahora hago todo el trabajo digital. Estoy retrabajando muchísimos negativos que por muchos años no quise mostrar porque tenían elementos que me molestaban y que no podía corregir. Ahora los puedo corregir y mostrar y no me siento haciendo trampa.

SRF: ¿Qué trabajos de fotógrafos colombianos le gustan?
AE: “Lo que hizo Hernán Díaz en Cartagena es difícil de superar, es un trabajo muy bueno. Hernán supo, mejor que nadie, retratar esa ciudad. Sady González es uno de nuestros grandes reporteros, el problema con su trabajo es que nadie sabe cuáles de sus  fotos eran suyas y cuáles de los fotógrafos que trabajaban para él. De los fotógrafos de Medellín puedo decir que Jorge Obando es buenísimo, como lo es mi amigo Carvajal, quien a sus 89 años sigue haciendo fotografía. Carranza es quizá el mejor reportero gráfico de Colombia. A Carlos Caicedo siempre le hemos dicho “Caicedito” por que es muy bajito; Caicedo tiene una gran facilidad para ver las cosas, pero a diferencia de Leo Matíz no conoce el laboratorio, que es algo muy importante, aunque el arte siempre está en saber tomar la foto.   Jorge Parga es un excelente fotógrafo, ¡de los mejores! Pero por su carácter difícil nunca fuimos amigos. Jorge Herchel Ruiz, quien fotografió el asesinato de Galán y trabajaba para Cromos es excelente también. (Cuando llegué a Cromos tuve muchas diferencias con los fotógrafos. Yo pedí cámaras nuevas, con equipamiento automático y los fotógrafos empezaron a quejarse diciendo que eran demasiado livianas y poco resistentes. Les dije: -Ustedes necesitan cámaras para sacar fotos no para clavar puntillas. En el fotorreportaje una foto puede ser mala, pero si cuenta la historia funciona, vale por eso.) De  Luis B. Ramos conocemos su obra por las hojas de contactos que dejó y no por sus negativos, que están perdidos. A Egar le ayudó mucho Eduardo Mendoza, mi amigo, quien difundió su trabajo. Egar, un fotógrafo excelente, le llevaba trabajo y en alguna ocasión le enseñé a Mendoza la calidad del trabajo; Mendoza pensaba que eran solo fotografías de campesinos y yo percibí que era un trabajo ¡muy bueno! Yo no sería capaz de hacer el trabajo que hace Fernell Franco con las prostitutas, de sólo pensar en el olor (…)pero Fernell es excelente, de los mejores.   Hernando Oliveros, también poco conocido, tenía una técnica excelente. A mi Reichel Dolmatoff me enseñó mucho. El trabajaba con una Rolleiflex y después se pasó a la Hasselblad, cámara que quise comprarle pero que nunca me quiso vender. Santiago Harker, compraba cibachrome viejos e iba a mi laboratorio a trabajar y con 2 lecciones que le dí aprendió. Ramón Giovanni, quien es un fotógrafo excelente, preparaba las fotos, las componía y me preguntaba: -¿Eso está bien? Y yo le respondía: -Si lo han hecho los grandes maestros ¿para qué se preocupa? Germán Téllez es un mago, es un fotógrafo de una limpieza impresionante.

SRF: En 1972 usted viaja a los Estados Unidos y conoce a Anselm Adams.
AE: Sí, tuve una charla con Adams, una persona que yo admiré toda mi vida. No sigo sus pasos porque somos dos cosas diferentes. Yo a él le dije que a mí me importaba en lo más mínimo como se tomaba la luz, que lo importante era el resultado. Él me contó que Weston, amigo suyo de toda la vida, opinaba lo mismo y que medía la luz en todas partes, en el piso, en los muros, hasta en su propio rostro y le salía la foto ¡divina! (risas). Era una persona maravillosa, con un gran sentido del humor.

SRF: ¿Ese fue un viaje que usted realizó gracias a una invitación del Departamento de Estado de los Estados Unidos?
AE: Inicialmente habían invitado a 15 personas, yo solo conocía a tres de ellos y todos eran borrachos, y yo no quise viajar con ellos. Denegué la invitación y a los seis meses me invitaron a mi solo. Me pidieron que escogiera 6 lugares que quisiera conocer allá. Visité Washington, la sede de la Kodak en Rochester, que estaba en un descuido impresionante, San Francisco, y de ahí a Carmell a conocer a Adams y allí estuvimos un día, con el hijo de Weston, una persona maravillosa y uno de los mejores fotógrafos norteamericanos que he conocido. Después viajamos por carretera a Phoenix, cruzando el desierto,  vistamos Taos, donde Adams realizó esas fotos maravillosas, y allí hice la única foto que él no hizo, la de la iglesia. Nos quedamos en Santa Fé, volamos a Miami  y volví mi casa, ¡extenuado!

SRF: En 1975 junto a Fausto Panesso, lanzan el libro Los Intocables, dedicado a los artistas colombianos Grau, Negret, Obregón, Botero y Ramírez Villamizar.
AE: Casi todos ellos eran amigos míos, especialmente Obregón y Grau, este último, mi vecino . A Obregón le hice fotos en Bogotá y Cartagena, aunque el material de Bogotá no se publicó. 

SRF: ¿Cómo fueron las sesiones?
AE: Con Botero tuvimos dos encuentros. A Cartagena también viajé dos veces. Con Ramírez Villamizar nos hicimos muy amigos gracias a estas sesiones. Con Grau fue muy fácil;yo trabajo  muy rápido, gracias a mi experiencia en reportería gráfica.

SRF: Posteriormente usted realiza la serie La sabana de Bogotá, dedicada enteramente al paisaje. ¿Tiene que ver con el haber conocido a Adams?
AE: No es esa la razón. Es  un serie que realicé por espacio de un año, los fines de semana. La idea era la siguiente: Foto tomada, foto terminada. Así que al final solo salieron 8 fotos. Como no tenía carro, mis amigos me llevaban y aprendían conmigo.

SRF: En la década de 1970 usted trabajó en la revista Cromos.
AE: Tuve la desgracia de trabajar en Cromos, allá el fotógrafo no era valorado, valía cualquier cosa. No había nada que hacer, ¡me aburría mucho! No pude hacer nada ahí. Los fotógrafos creían que sabían todo y se me pusieron muchas trabas, zancadillas.

SRF: ¿Cómo resumiría usted su trabajo?
AE: Yo tengo cinco series: El pueblo o la gente; Arquitectura; Retratos y Composiciones (Objetos, hojas, entre otros.). Los retratos en su mayoría fueron hechos por comisión. La mayoría de ellos, de amigos míos. De eso viví bastante y de los trabajos de fotografía arquitectónica también. Yo no me dejo guíar,dicen que soy un poco pedante, pero no. Lo siento, yo no soy un poco pedante, ¡yo soy muy pedante! Porque conozco mi oficio y lo conozco muy bien. De las cosas que no sé, no opino, no puedo opinar. Hay dos cosas que no hago ni haré nunca, ni por toda la plata del mundo: porno-miseria y pornografía. La gente pobre que yo fotografío, está viva. Mis retratados sonríen, están fuertes, ¡están vivos! por que si la gente vé una persona viva, le ayuda, pero si vé  a alguien miserable, ni siquiera mira la fotografía. Soy muy autocrítico, sé cuales son mis fallas, las conozco y trabajo en ello, pero no creo que se llegue a la perfección, la perfección no existe, porque Dios nos hizo para evolucionar, reflexionando y trabajando sobre nosotros mismos. Estamos hechos para evolucionar, ni siquiera Dios es perfecto. A lo mejor solo somos una plaga y estamos acabando el mundo. Somos energía y si queremos evolucionar y trascender tenemos que trabajar en esa energía, que es lo que para los religiosos el alma.