Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias

Female bodies in Afghanistan: territories of insecurities and resistances.

Corpos femininos no Afeganistão: territórios de insegurança e resistência.

Autores/as

Palabras clave:

Afganistán, cuerpo, mujeres, inseguridades, resistencia política (es).

Palabras clave:

Afghanistan, body, women, insecurities, political resistance (en).

Palabras clave:

Afeganistão, corpo, mulheres, insegurança, resistência política (pt).

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Cómo citar

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Anctil Avoine, P. (2016). Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias. Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos, 2(2), 14–29. https://doi.org/10.14483/cp.v2i2.11142

ACM

[1]
Anctil Avoine, P. 2016. Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias. Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos. 2, 2 (nov. 2016), 14–29. DOI:https://doi.org/10.14483/cp.v2i2.11142.

ACS

(1)
Anctil Avoine, P. Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias. corpo graf. 2016, 2, 14-29.

ABNT

ANCTIL AVOINE, P. Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias. Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos, [S. l.], v. 2, n. 2, p. 14–29, 2016. DOI: 10.14483/cp.v2i2.11142. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/CORPO/article/view/11142. Acesso em: 11 abr. 2021.

Chicago

Anctil Avoine, Priscyll. 2016. «Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias». Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos 2 (2):14-29. https://doi.org/10.14483/cp.v2i2.11142.

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Anctil Avoine, P. (2016) «Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias», Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos, 2(2), pp. 14–29. doi: 10.14483/cp.v2i2.11142.

IEEE

[1]
P. Anctil Avoine, «Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias», corpo graf., vol. 2, n.º 2, pp. 14–29, nov. 2016.

MLA

Anctil Avoine, P. «Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias». Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos, vol. 2, n.º 2, noviembre de 2016, pp. 14-29, doi:10.14483/cp.v2i2.11142.

Turabian

Anctil Avoine, Priscyll. «Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias». Corpo Grafías Estudios críticos de y desde los cuerpos 2, no. 2 (noviembre 11, 2016): 14–29. Accedido abril 11, 2021. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/CORPO/article/view/11142.

Vancouver

1.
Anctil Avoine P. Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de inseguridades y resistencias. corpo graf. [Internet]. 11 de noviembre de 2016 [citado 11 de abril de 2021];2(2):14-29. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/CORPO/article/view/11142

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cuerpos femeninos

 

CUERPOS FEMENINOS EN AFGANISTÁN: TERRITORIOS DE INSEGURIDADES Y RESISTENCIAS

Artículo de reflexión. DOI: http://dx.doi.org/10.14483/udistrital.jour.corpo.2015.1.a02

Citación: Anctil Avoine, Priscyll. (2015) Cuerpos femeninos en Afganistán: territorios de insegurida- des y resistencia, Revista Corpo-grafías: Estudios críticos de y desde los cuerpos, 2(2) pp. 14-28.

Recibido: 9/06/2015 Aceptado: 21/08/2015


PRISCYLL ANCTIL AVOINE


Cielo.Berta Ibáñez.

Universidad Santo Tomás, Bucaramanga, Colombia / priscyll.anctil@mail.ustabuca.edu.co

 

Profesional en Estudios Internacionales y Lenguas Modernas, con posgrado en Ciencia Política (Université Laval, Canadá) y Maestría en Estudios Internacionales de Paz, Conflictos y Desarrollo (Universitat Jaume I, España). Su trabajo se centra en el estudio de la violencia de género en tiempos de guerra, de las mujeres combatientes, de las female suicide bombers y de la filosofía de la corporeidad. Trabajó como investigadora en la Canadian Research Chair in Identity Conflicts and Terrorism (Canadá) y en el John and Elnora Ferguson Centre for African Studies en Bradford, Reino Unido. Actualmente, trabaja como profesora en Estudios de Género y Filosofía Política en el Departamento de Humanidades de la Universidad de Santo Tomás, en Colombia. Además, adelanta investigaciones con mujeres en procesos de reintegración y trabaja para la Corporación Descontamina, ONG que se centra en la acción noviolenta y construcción de paz.

 

Resumen

Durante la invasión de Afganistán por parte de la coalición liderada por la OTAN y EE. UU., se utilizaron los cuerpos femeninos, explícitamente, para legitimar la guerra con base en la retórica de la liberación de las mujeres de la dominación de los talibanes. Actualmente, el escenario “postguerra” demuestra que se han exacerbado las inseguridades para las mujeres, ya que se han institucionalizado prácticas misóginas que se relacionan directamente con la situación política actual. Basado en investigaciones anteriores, este artículo pretende explorar, desde los estudios de género, los territorios de inseguridades y los escenarios de resistencias corporales en el periodo “postguerra” en Afganistán. El texto aborda un breve recuento histórico sobre el contexto político; posteriormente indaga sobre las inseguridades vividas por el cuerpo femenino y, finalmente, busca comprender los aspectos afectivos y corporales de la resistencia femenina en este país.

Palabras clave Afganistán,cuerpo, mujeres, inseguridades, resistencia política.


Abstract

 

In the wake of the invasion of Afghanistan by the coalition led by the US-led NATO coalition, female bodies have been explicitly used to legitimize the war on the basis of rhetoric concerning women’s liberation from Taliban domination. Currently, the post- war setting shows increasing levels of insecurities for women as misogyny practices have been institutionalized, directly related to the current political situation. Based on previous research, this article aims at exploring, from Gender Studies, the territories of insecurities and the scenarios of bodily resistance of women in the “post-war” scenario in Afghanistan. The text deals with a brief history of the political context, then it explores the insecurities experienced by the female body and, finally, it seeks to understand the emotional and physical aspects of female resistances in this country.

 

Keywords

Afghanistan,body, women, insecurities, political resistance.


Resumo

Durante a invasão do Afeganistão por parte da coalizão liderada pela OTAN e os EUA, corpos femininos foram explicitamente utilizados para legitimar a guerra, com base na retórica da libertação das mulheres do domínio do Taliban. Atualmente, o cenário “pós-guerra” demonstra que a insegurança para as mulheres se exacerbou, já que se institucionalizaram práticas misóginas que se relacionam diretamente com a situação política atual. Com base em investigação anterior, o objetivo desse artigo é explorar, a partir de uma perspectiva de gênero, os territórios de insegurança e os cenários de resistências corporais no contexto “pós-guerra” no Afeganistão. O texto aborda uma breve revisão histórica do contexto político; em seguida indaga sobre as inseguranças vividas pelo corpo feminino e, ao final, busca compreender os aspectos afetivos e corporais da resistência feminina nesse país.

 

Palavras-chave

Afeganistão,corpo, mulheres, insegurança, resistência política.

 

Although we struggle for rights over our own bodies, the very bodies for which

we struggle are not quite ever only our own. The body has its invariably public dimension. Constituted as a social phenomenon in the public sphere, my body is and is not mine Judith Butler (2003, p. 15).


Introducción1:


En América Latina, como en varios lugares, Afganistán es un lugar que no es; es un lugar que se ha dado a conocer casi únicamente a través de las leyes misóginas del régimen de los talibanes a raíz de la invasión del país por la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN)2 . Precisamente, ese lugar que no tiene logos en el escenario mundial aparte de su posicionamiento geopolítico con Estados Unidos (EE. UU.), es el sitio de este artículo, y más precisamente, los rostros y los cuerpos de las mujeres afganas que han vivenciado y siguen experimentando los efectos carnales de la geopolítica global y elfundamentalismo local.

 

A partir del 2001, la invasión de Afganistán por parte de la coalición liderada por la OTAN y EE. UU. ha utilizado el cuerpo femenino explícitamente para legitimar la guerra, donde su opresión física, su alineación psicológica y sus sufrimientos por cuestiones religiosas o tradicionales fueron instrumentalizados para convencer la comunidad internacional de la necesidad de “intervenir” en el país. En este sentido, los eventos del 11 de septiembre del 2001 y la invasión subsecuente cambiaron, por una parte, el desarrollo de la geopolítica mundial del inicio del siglo XXI, pero, por otra parte, marcaron el inicio de una retórica ‘anti-islámica’ fundamentada de forma errónea sobre la ‘híper-victimización’ de la mujer musulmana. La burqa3 afgana fue el símbolo internacional de esta “lucha” por los derechos de la mujer, construyendo un “marco de guerra” donde se legitima la intervención armada a partir de una ‘orientalización’ del cuerpo femenino (Butler, 2009; Mann, 2010; Gentry, 2011).


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  1. Catorce años después de la invasión por la coalición, la situación “postguerra”4 presenta múltiples complejidades, sobre todo respecto a la normalización de la violencia, la vulneración constante de los derechos humanos y la ausencia estructural de una cultura política basada en la democracia. El escenario “postguerra” demuestra que se han exacerbado inseguridades para las mujeres, ya que se han institucionalizado prácticas misóginas que se relacionan directamente con la situación política actual. En este sentido, los derechos de la mujer han sido relegados al último plano y se han notado crecientes formas de misoginia estructuralmente legitimadas por la tradición, las leyes y la situación política actual, además de presentar una cultura de la impunidad que debilita los avances logrados por las ONG locales y organizaciones internacionales.

     

    En este sentido, el objetivo de este artículo es explorar, desde los estudios de género, los territorios de inseguridades y los escenarios de resistencias corporales en el escenario “postguerra” en Afganistán. La problemática de la corporalidad femenina en este país ha sido instrumentalizada por las visiones occidentales sobre el destino de la mujer musulmana; además de ser invisibilizadas como agente de cambio, las mujeres afganas no se han visto reconocidas desde la agencia propia y la resistencia corporal que han asumido tras más de tres décadas de guerra. Este retrato victimizador del cuerpo musulmán como débil, sumiso y dependiente de una masculinidad ‘yihadista’ construida desde Occidente, ha contribuido a victimizar la mujer afgana y ocultar su activismo político y social, que ha sido constante desde la invasión del país por parte de las tropas soviéticas en los años 1980.

     

    Para responder al objetivo, se aborda primero un breve recuento histórico donde se evidencian las consecuencias de la ocupación sobre la normalización de la violencia en Afganistán. Con relación a lo anterior, la actual situación de las luchas femeninas en Afganistán nos obliga a repensar el lugar del cuerpo en la política global y el análisis de las guerras contemporáneas (Butler, 2009, p. 52). Buscando un enfoque de género, se trata de evidenciar los sitios “aparentemente apolíticos” (Fluri, 2011, pp. 280-281) de la vida cotidiana de estas mujeres, pero que son claramente marcados por las geopolíticas y las inseguridades derivadas de los conflictos políticos, la globalización y la marginalización. Por lo tanto, la segunda parte de la ponencia hace un hincapié sobre las inseguridades vividas por y a través del cuerpo femenino enfocando sobre los diversos impactos de la guerra prolongada sobre este. Finalmente, una tercera parte busca evidenciar una dimensión poco investigada y es la resiliencia y la agencia de estas mujeres: se pretende de este modo comprender algunos aspectos afectivos y corporales de la resistencia femenina en este país.

     

    Breve contextualización socio-política

     

    La tarea de hacer una breve contextualización del actual conflicto afgano resulta complicada, dadas las limitaciones de tiempo respecto a la presente ponencia. Esta parte busca propiciar un contexto político para comprender mejor las dinámicas corporales y el biopoder en el periodo “post-guerra” que atraviesa el país, siendo un lugar geoestratégico de alta importancia entre Asia y Europa (Madrid, 2012). Para efectos de sintetizar la información, dividiremos este contexto político en cuatro momentos: 1) la invasión soviética de Afganistán entre 1979 y 1989; 2) la guerra civil; 3) el periodo de los talibanes y 4) la invasión de Afganistán por las tropas de la OTAN y el actual periodo “post-guerra”.

     

    Desde la invasión del país por parte de las tropas soviéticas en 1979 en el marco de la Guerra Fría, Afganistán ha experimentado múltiples formas de violencia que han cambiado totalmente el paisaje político y las relaciones de género. El año 1979 marca un punto de inflexión en la historia del país: a partir de este momento, el pueblo afgano ha experimentado de manera interrumpida la guerra en un contexto donde se hacen y se deshacen las alianzas entre los diferentes actores armados y donde la inseguridad ha sido omnipresente desde entonces. Con el retiro de las tropas soviéticas, el país fue dejado en las manos de los muyahidines y señores de la guerra5: las consecuencias aterradoras de la Guerra Fría se hicieron sentir con todo su poder, ya que el vacío político dejado por los años de guerra ha dado lugar a la creciente fragmentación de las facciones políticas. Paralelamente a esto, el gobierno de EE. UU. empezó a garantizar sus intereses en la zona desde los años 1950 financiando muyahidines que recibieron un apoyo logístico y armamentístico durante la guerra en contra de la Unión Soviética (Jones, 2013), lo que aumentó la precariedad de las víctimas en las zonas rurales de Afganistán, donde las mujeres fueron especialmente afectadas (Ahmad, 2013, p. 6).

     

    El segundo periodo importante fue la guerra civil que devastó a Afganistán en los años 1990: el régimen político que mandaba colapsó en 1992 y provocó la toma del poder por el partido islámico Mujahideen. La guerra civil que se desencadenó fue marcada por una lucha de poder entre los diferentes partidos islámicos para controlar el gobierno del país, lo cual ocasionó enfrentamientos étnicos, masacres, asesinatos, violaciones de mujeres y niñas, entre otros (Ahmad, 2013, p. 6). Esta guerra civil culminó con la toma del poder de los talibanes a medida que conquistaron la mayoría de los territorios del país, enfrentándose a la Northern Alliance6.

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    La tercera época histórica fue marcada por los talibanes7 quienes empezaron a imponer leyes sociales rigurosas, las cuales han perjudicado de manera extrema a las mujeres y niñas. Los Talibanes, grupo originario de Kandahar, se consolidaron en el año 1994 y tomaron el poder en Kabul en septiembre de 1996, imponiendo un régimen estricto de control de los cuerpos. Este régimen está basado en una interpretación rigurosa de la Shari’a, o ley islámica, para dominar los cuerpos femeninos. A partir de este momento, se impone la burqa como código de vestimenta y se aumenta el peso de la tradición y el honor sobre los cuerpos de las mujeres.

    El cuarto momento histórico consiste en la invasión de la coalición liderada por EE. UU. y la OTAN en el país que se legitimó con el fin de derrocar a los talibanes. Según la Escola de Cultura de Pau (ECP) en su último “Barómetro sobre los conflictos y la construcción de paz”, los actores involucrados en esta cuarta fase son los siguientes: “Gobierno, coalición internacional (liderada por EE. UU.), ISAF (OTAN), milicias talibán, señores de la guerra” (ECP, 2014, p. 32). El 11-S y la invasión liderada por EE. UU. dieron lugar a un nuevo conflicto armado internacionalizado en el suelo afgano donde se cambió nuevamente el repertorio de la violencia en el país y, además, contribuyó a cambiar las tácticas de violación sexual y violencia contra las mujeres en el contexto de la ocupación. La supuesta ‘liberación’ de las mujeres proclamada por Laura Bush en 2001 (Jackson, Smyth y Gunning, 2009, p. 181; Fluri, 2011, p. 282) dejó el país en un estado precario y militarizado: en el mismo informe, la ECP subraya justamente un “grave incremento de víctimas civiles como consecuencia de la violencia, así como un importante incremento de las víctimas como consecuencia de los enfrentamientos directos entre las partes en el conflicto” (p. 32). La llegada al poder de Ashraf Ghani ha sido contestada y enmarcada en varias contradicciones: se pone en duda su manejo de la justicia del que se autoproclamó “jefe sirviente del pueblo” (Bobin, 2014). Igualmente, se evidenció un aumento de la inseguridad en el país, además de la creciente conversión de talibanes desafectados al grupo del Estado Islámico (LWJ, 2015), lo cual sugiere que el periodo “post-guerra” no significará mayor calidad de vida para las y los afganos.

  3.  

    La fragmentación política ocasionada por los varios años de ocupación extranjera ha incrementado también las divisiones sectarias desde el supuesto fin de la guerra y los atentados suicidas que se han vuelto parte integrante del paisaje político afgano (Jones, 2013; Bobin, 2014). El periodo “postguerra” está marcado por mínimos avances en materia de derechos humanos: cierto es que las niñas y mujeres han podido oficialmente volver a tener acceso a la educación, pero también evidente son los obstáculos a su libre desarrollo personal fuera de esquemas violentos. Muchos de los actuales señores de la guerra en poder actúan en contra de los avances de dichos derechos para las mujeres, además de perpetuar sistemas fuertemente arraigados de corrupción que no permiten el ejercicio regular de la democracia. Aunque la sociedad civil se está apoderando cada vez más de los espacios públicos, las diversas milicias todavía tienen un poder marcado a lo largo y ancho del país, haciendo frecuente los asesinatos de activistas y periodistas. Sobre todo, la cultura política no ha podido acabar con las estructuras de poder guerreristas, lo cual ha favorecido un clima de impunidad para los que tienen las armas (HRW, 2015, pp. 10-11).

     

    Las cuatro épocas han marcado una constante afectación para las mujeres; aunque el repertorio de la violencia sexual y basada en el género ha ido cambiando, sus cuerpos fueron sinónimos de territorios de inseguridades y violencias múltiples.

     

    La construcción social del cuerpo femenino como el objeto del honor masculino ha permitido que este sea el sitio de consolidación de un sistema patriarcal basado en la violencia de género y formas extremas de violación sexual: la siguiente parte busca evidenciar estos territorios de inseguridades que no se han aminorado con el final oficial de las hostilidades.

     

    Cuerpos femeninos, territorios de inseguridades

     

    En esta sección, se quiere proponer un marco de análisis del cuerpo femenino afgano como un territorio de vivencia de múltiples inseguridades que se relacionan directamente con el mundo globalizado y las esferas del poder a nivel local (Ahmed-Ghosh, 2006). Se parte en- tonces de dos premisas: 1) que las inseguridades se deben analizar dentro de unos “marcos de guerra” internacional donde se ha utilizado una retórica del cuerpo femenino afgano como una entidad que se tenía que ‘salvar’ del ‘yugo patriarcal’ del Islam para legitimar la intervención armada (Butler, 2009) y 2) que las mismas inseguridades que vivencian los cuerpos femeninos en Afganistán reposan sobre tres factores identificados por Lida Ahmad es decir, “gunmen, weak law and tradition” (2013, p. 118).

     

    Se ha evidenciado que los análisis sobre el cuerpo y su relación con la guerra han sido escasos en la investigación social y en la manera con la cual se concibe esta (McSorely, 2010). Sin embargo, en la introducción, se insistió justamente sobre la necesidad de considerar el cuerpo en la política global y en el análisis de las guerras contemporáneas. Estas últimas, además de ser territorios de inseguridades corporales, son campos de batalla de los “cuerpos generizados8” y de la violencia basada en el género. Como lo argumenta la filósofa Judith Butler:

     

    The body implies mortality, vulnerability, agency: the skin and the flesh expose us to the gaze of others, but also to touch, and to violence, and bodies put us at risk of becoming the agency and instrument of all these as well (2003, p. 15).

     

    Los cuerpos son el “vehicule of being in the world” (Merleau-Ponty, 2002, p. 94) y, por su naturaleza misma, son expuestos a los demás cuerpos: son entidades fundamentalmente sociales que son moldeadas y moldean las fuerzas políticas, que a su vez determinan cuál cuerpo puede persistir, cuál no tiene esta posibilidad (Butler, 2009, p. 3). Como los cuerpos son inherentemente interdependientes, esta posibilidad de “persistir y florecer” como la llama Butler se ve considerablemente debilitada por la precariedad de los “marcos de guerra” (Butler, 2009, pp. 3 y 31).

     

    La violencia, como en el contexto afgano, imposibilita que el cuerpo pueda dar sentido al mundo que lo rodea; la destrucción que deriva del hecho violento no solamente afecta físicamente la mujer víctima, sino que también desestabiliza el mundo en el cual vive, muchas veces afectando las relaciones de poder e interrelaciones de género de su entorno (Mensch citado por McSorley, 2014, pp. 108-109). Al respecto, Butler subraya que a través de los “marcos de guerra” se interpretan los hechos violentos de forma diferencial, lo que da lugar a considerar que ciertos cuerpos son más dignos de ser llorados que otros (2009):

    There are also explicit concomitants of the corporeal body in relation to politics. The corporeal body is a site upon which politics can act. Politics can make one’s corporeal body more secure or less secure, more nourished or more malnourished. The corporeal bodyis what situates subjects in relation to one another and in relation to power. The exteriority of the corporeal body is what enables the formation of the subject. One cannot speak of the corporeal body’s capacity for agency without simultaneously acknowledging that one’s corporeal body is precisely what makes one vulnerable to violence, power and subjugation (McCardell, 2001, p. 19).

     

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Por otra parte, a la inscripción y vi- vencia corporal de la violencia, el cuerpo femenino (a nivel global) ha sido asociado directamente con el concepto de ‘nación’ con la confor- mación del Estado moderno. Como el cuerpo femenino está directa- mente asociado a la reproducción real y simbólica de la nación, el control sobre este (y su moralidad) se hace necesario tanto en la guerra como en la reconstrucción posbélica (Banner, 2009, p. 39). Como lo argu- menta Repo, “Women are both the mothers of the nation and the nation itself. The state is thus personified as a female embodiment of the nation to be protected by the (usually mas- culine) citizens of the state” (2006,p. 17). En Afganistán esto ha signi- ficado una asociación del cuerpo femenino con el honor de defender la tierra y la familia; sobre los cuer- pos femeninos reposa toda la carga histórica y tradicional de la perpe- tuación de las relaciones culturales. En este sentido, esta concepción del cuerpo femenino ha conllevado al- tos riesgos de violación sexual, tanto en la guerra como en el actual perio- do “postguerra”, instrumentalizando el cuerpo como arma de guerra (Ah- mad, 2013, p. 131).

 

A estas concepciones se agregan las inseguridades vividas por los cuerpos femeninos desde el ámbito tradicional; existen varias costumbres que perpetúan la violencia estructural en contra del género femenino, exponiendo a las mujeres a violaciones de derechos humanos legitimadas por los códigos tradicionales. Si bien las leyes constitucionales han marcado avances en materia de equidad de género, la sociedad afgana sigue siendo muy tradicional y rural, por lo cual las costumbres prevalecen muchas veces sobre las leyes estatales. Para dar solamente un ejemplo, el Baad es una práctica todavía muy común en Afganistán que consiste en organizar un matrimonio entre una niña o una mujer con la familia de un agresor para arreglar las disputas o conflictos que existen entre las familias o los grupos étnicos (WCLRF, 2008, pp. 17-18). En este sentido, se puede lograr la ‘paz’ con el arreglo de una boda; sin embargo, la mujer, en muchos casos, queda expuesta a un marido violento o incluso, un marido que haya cometido crímenes atroces. Como lo argumenta Ahmad, la guerra en el país ha causado múltiples conflictos, lo cual contribuyó a aumentar la práctica del Baad (2013, p. 117). Esta autora afgana también subraya cómo las tradiciones enmarcan los cuerpos femeninos en diversos escenarios de inseguridades:Gender relations in the country were formed mostly under two institutions: religious and cuerpo tribal traditions. Women are considered part of the honor of the family, tribe and community.

 

Men have the responsibility as protector of women, homeland and treasure. Some other tribal norms and traditions isolated women from the public sphere and female bodies were considered as a kind of wealth to protect. The honor of the community and isolation from public space created a typical masculine patriarchal society that put Afghan women at high risk of violence and sexual violence […] (2013, p. 86).

 

Los cuerpos femeninos en Afganistán son territorios de inseguridades políticas desde hace más de tres décadas: estos permiten comprender cómo se efectúan las relaciones de poder dentro del marco del conflicto armado y, sobre todo, en función de lo político, lo social, lo racial y lo económico (Fluri, 2011, p. 282). La construcción de un imaginario corporal como débil y victimizado con relación a la mujer afgana se manifestó como un dispositivo hegemónico de comprender la situación y de legitimar una invasión extranjera que fomentó un incremento de precariedad para las mujeres musulmanas. Se ha tomado apoyo en el discurso feminista y progresista para exacerbar y racionalizar la guerra (Butler, 2009, p. 26): las inseguridades basadas en el género que se constituyeron en el régimen de los talibanes no desaparecieron, al contrario, han sido reemplazadas por nuevas formas de inseguridades derivadas de la inyección de dólares, enfocadas en la reconstrucción civil sin hacer un enfoque hacia la des-naturalización de la violencia y la sanación de las heridas corporales y psicológicas dejadas por tantos años de guerra (Fluri, 2011, p. 284; Malikyar, 2015).

 

La militarización de la sociedad no se acabó cuando se terminó oficialmente la guerra; el cuerpo femenino hoy en Afganistán está más que nunca expuesto a inseguridades crecientes. Se ha observado una transformación de la violencia basada en el género: mientras siguen habiendo crímenes de guerra como violaciones sexuales colectivas, hay un incremento de la violencia doméstica derivada del aumento del consumo del opio y del vacío dejado por las masculinidades militarizadas. La violencia basada en el género se ha normalizado en la sociedad civil, y se ha observado una creciente militarización de lo privado donde muchas mujeres son víctimas de sus propios maridos que ahora buscan otras fuentes de poder, que encuentran en el control de los cuerpos femeninos que tradicionalmente han representado la habilidad del hombre de dominar a la mujer. Los conflictos sucesivos han marcado lo político en Afganistán y también han ido cambiado el modelo patriarcal tradicional que este país tenía; exacerbando la violencia hacia las mujeres (Fluri, 2011, p. 287). Últimamente se han presenciado nuevas formas de violencia sexual, muy a menudo dentro del núcleo familiar, como la mutilación corporal, genital (generalmente por parte del marido), los ataques con ácido y la prostitución forzada, derivada de la presencia extranjera en el país. En este sentido, el ámbito doméstico ya no es sinónimo de seguridad para los cuerpos femeninos: las inseguridades derivadas del sistema político vigente y de los años de guerra ha permeado la cultura hasta llegar a los hogares, politizando y militarizando lo privado.

 

Cuerpos y resistencias: cambios políticos y territorios de poder

 

Mientras la sección anterior reflejaba las inseguridades creadas por los discursos, los marcos de guerra y las tradiciones asociadas al cuerpo femenino, esta parte quiere indagar sobre las formas de resistencia que se pueden dar justamente desde el mismo cuerpo, desde su potencial social y político.Últimamente, se ha buscado deshacer esta imagen del cuerpofemeninoafgano que se tiene, mostrando escenarios de resistencia y territorios de poder. Los recientes eventos relacionados con el asesinato de Farkhunda, una mujer afgana que fue golpeada hasta la muerte, demuestran esos escenarios de resistencia social y política que, contrariamente a lo que se suele pensar, siempre han existido en el país, y especialmente desde las mujeres. La puesta en escena del cuerpo de Farkhunda fue un evento importante: como el cuerpo de ella ha sido el territorio de la violencia patriarcal, las mujeres se han apropiado de este cuerpo y de la esfera normalmente reservada al hombre (es decir, el transporte del cuerpo muerto con el ataúd) para reivindicar una mayor democracia y derechos equitativos. Este caso demostró dos hechos: la invasión de la coalición OTAN-EE. UU. instauró definitivamente una cultura de la impunidad en el país, normalizando la violencia y, por otra parte, evidenció a los ojos del resto del mundo que la mujer afgana tenía poder y agencia sobre su destino (aunque la resistencia femenina en Afganistán no es nueva, al contrario, ha sido constante en la historia del país) (Malikyar, 2015).

El cuerpo es un lugar de resistencia: forma la base de la experiencia social y política así como del activismo para el cambio social (Fierke, 2013, p. 21). Como Butler lo menciona, el cuerpo representa posibilidades de cambio, posibilidades de acciones sobre las normas, una cierta forma de subversión para la acción política (Butler, 1988, p. 521). A partir de ahí, el hecho de compartir una cierta precariedad corporal (Butler, 2011) intrínseca al ser humano permite pensar la acción colectiva. En este sentido, un enfoque corporal sobre la política global reconoce la importancia de las emociones y los afectos en el ámbito social. Este enfoque comprende la guerra y sus consecuencias de manera más holística sin caer en la cosificación de la guerra como un terreno netamente estatal, provocando nuevos escenarios para cuestionar las relaciones de poder existentes. Como lo subraya McSorley, “they

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also draw attention to the ways in which post-war bodies are often key sites for the articulation of various collective imaginaries and political projects” (2013, p. 239). El enfoque corporal está directamente ligado con la construcción de una responsabilidad colectiva y social frente a las inequidades y sufrimientos de unos cuerpos frente a otros que sí pueden “florecer”.

 

Como lo argumentaba Foucault, la resistencia emerge del cuerpo mismo y a través de él, dependiendo de los contextos culturales y normativos. A partir de los cuerpos, las respuestas colectivas se dibujan para revertir los efectos del poder y remodelar el contexto social (Shinko, 2012, pp. 7 y 10-11). El cuerpo ofrece posibilidades de cambio como lo subraya Beasley- Murray: “Un afecto es el índice de la potencia de un cuerpo y del encuentro entre cuerpos. Cuanta más potencia tiene un cuerpo, más afectividad tiene, es decir, más capacidad para afectar y ser afectado” (Fernández-Savater, 2015).

 

Un rápido recorrido histórico y una consulta a las diferentes páginas de las organizaciones locales muestra lo que los medios de comunicación han tardado en evidenciar: a pesar de las fuertes estructuras patriarcales presentes en Afganistán y la voluntad de aplastar toda iniciativa desde lo femenino, las mujeres han estado reivindicando espacios políticos, completamente comprometidas con la construcción de la paz. Se denota que han sido siempre las más organizadas desde la lucha noviolenta y pro-democracia y que han trabajado en deshacer las formas de violencias institucionalizadas en contra de ellas. El cuerpo ha sido un elemento fundamental, donde la burqa no es solo sinónimo de opresión sino también de resistencia. En las cuatro épocas de guerra que mencionamos en la parte del contexto político, las mujeres han resistido, desde la reivindicación de un cuerpo femenino y han documentado las atrocidades perpetradas por los muyahidines y talibanes (Ahmad, 2013, p. 82). Como Rostami-Povey (2007) argumenta, la época de los talibanes también fue marcada por acciones colectivas de las mujeres que construyeron escuelas subterráneas para apoderar las niñas mientras el régimen prohibía el acceso a la escolarización para ellas. “The Revolutionary Association of the Women of Afghanistan” (RAWA) es un ejemplo concreto de la lucha constante de las mujeres afganas en contra del fundamentalismo religioso que perjudica su integridad física, denunciando los altos niveles de violencia sexual en el país.

 

Conclusiones

 

Life is capable of suffering (dukkha) violence done to the body and to the mind, referred to as physical and mental violence respectively. But life is also capable of experiencing bliss (sukha), the pleasure that comes to the body and the mind Johan Galtung (1996, p. 2).

 

En el mar de información diaria que recibimos sobre el Estado Islámico y las atrocidades de los grupos terroristas en África, hacen que el conflicto afgano se ‘olvide’, puesto que EE. UU. ha podido inventar nuevos ‘enemigos’ (Jones, 2013). Los cuerpos femeninos ya no son de ‘interés nacional’ para este país, y una vez destruida Afganistán, no existe un serio proceso de sanación de las heridas de la guerra (Malikyar, 2015).

 

Este artículo tenía por objetivo explorar los territorios de inseguridades y los de resistencia, también para empezar a pensar en las necesidades reales y carnales de las mujeres afganas, desde su propia forma de ver y conocer el mundo, desde sus propias experiencias de la guerra.

 

La ‘ontología del cuerpo’, como lo plantea Butler, ofrece una oportunidad para pensar nuestros lazos colectivos y la responsabilidad que tenemos frente a los cuerpos que han sido categori- zados como “no dignos de ser llorados”, que han caído fuera de los marcos inteligibles de la categorización “ser humano” (2009, p. 33). Comprendiendo la dimensión corporal de la acción colectiva, podemos evidenciar varias formas de resistencia de las mujeres afganas y el uso de sus cuerpos para desafiar las numerosas invasiones reales y simbólicas que han marcado sus historias. Los afectos y las emociones, derivados de una concepción holística de la corporalidad, vienen a contestar estos espacios hegemónicos de comprensión del complejo cuerpo-política que han vulnerado y creado inseguridades respecto a lo femenino en Afganistán. El replantear los discursos constitutivos de la corporeidad en la guerra nos permite emprender un camino hacia una resistencia noviolenta frente a los marcos interpretativos y epistémicos de la guerra.

 

  1. Los avances parciales de este artículo se han presentado en el marco del “II Encuentro Latinoamericano de Investigadores/as sobre Cuerpo y Corporalidades en las Culturas”, el cual tuvo lugar del 3 al 8 de octubre de 2015 en diversas universidades y entidades de la ciudad de Bogotá, Colombia. De igual forma, quiero agradecer especialmente a Lida Ahmad, gran colega, amiga y sobre todo, excelente académica y activista por los derechos de las mujeres afganas; gracias a las conversaciones que mantengo cotidianamente con ella es que puedo escribir estas líneas.

     

    Organización del Tratado del Atlántico del Norte, organización militar intergubernamental que, según su página oficial, tiene el siguiente objetivo: “NATO’s essential purpose is to safeguard the freedom and security of its members through political and military means”. Para mayor información, ver http://www.nato.int/cps/fr/natolive/index.htm

     

    La burqa es un tipo de velo, muchas veces de color azul, que cubre todo el cuerpo de la mujer, así como su rostro, dejando solamente un grillaje a la altura de los ojos.

     

    Existe un debate sobre la terminología “postguerra” en el contexto afgano y, por esta razón, he decidio usar las comillas: desde la perspectiva de EE. UU, el periodo “postguerra” está comprendido por el momento histórico que inicia a partir de la caída del régimen de los talibanes. En este sentido, varios de los documentos que he venido analizando se refieren al periodo postaliban de esta forma dado que se consideraba también que supuestamente había llegado la “democracia” y la “libertad” tras el fin del conflicto. Algunos autores y algunas autoras han preferido usar otras palabras para referirse al periodo en cuestión, como es el caso de Abirafeh (2009) que utiliza, en inglés, el término aftermath. Así, me referiré al periodo postaliban y al fin oficial de la ocupación desde el 2014 como la “post-guerra”, entendiendo que esto nunca significó una mejoría de las condiciones de vida de los ciudadanos y las ciudadanas, sino un deterioro de estas y un aumento considerable de las inseguridades. Especialmente, las mujeres han sufrido de crecientes formas de inseguridades corporales como lo veremos a lo largo de este artículo.

     

    Palabra árabe que refiere a un combatiente que actúa en nombre de Alá.

     

    La Northern Alliance es una coalición de muyahidines que se enfrentó a los Talibanes.

     

    La palabra “Taliban” en árabe refiere a “estudiante”; en Afganistán, emergen como un grupo moderado que se ha ido radicalizando con el tiempo hasta la toma del poder en la cual instauraron medidas extremas de control de los cuerpos femeninos y masculinos, pero con un énfasis marcado en las mujeres.

 

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