Publicado:
2026-09-15Número:
Vol. 9 (2019): Cine de lo real. Incertidumbre, temporalidad y acciónSección:
ArtículosJedan dan života/Un día de vida: recepción del cine mexicano en Yugoslavia durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial
Palabras clave:
antropología, cine, recepción, Yugoslavia, drama social, post-Segunda Guerra Mundial (es).Descargas
Resumen (es)
El cine mexicano entró en Yugoslavia debido a un dramático acontecimiento político: el “divorcio” entre Tito y Stalin. Las pocas películas mexicanas importadas por Yugoslavia tuvieron mucho éxito en taquilla y rápidamente entraron en el gusto del público, a pesar de que las producciones de Hollywood ocuparon un lugar preponderante en los cines yugoslavos durante los años cincuenta. Contemporáneamente, se han producido al menos tres documentales dando cuenta de tal éxito: YuMex, Yugoslovanska Mehika (Mazzini, 2012), Un día de vida o Jedan dan života (Antelj, 2013) y Kad čuješ trubu, ti uzmi sombrero (Šišmanović, 2009).
Este flujo cultural transnacional es un ejemplo de afinidades del tercer mundo y el reconocimiento vis a vis entre espectadores con otras formas culturales plasmadas en la pantalla. Sin embargo, el nivel de popularidad varía considerablemente de película a película. Así, tenemos un caso reducido de apenas un filme, que hasta el día de hoy es recordado con nostalgia como uno de los más taquilleros.
Entretanto, el fenómeno post-cine mexicano tuvo lugar en el campo de la música cuando a mediados del siglo pasado artistas yugoslavos comenzaron a interpretar música de mariachi, creando un género llamado Yu-Mex. La cinta Un día de vida (1950) de Emilio Fernández generó tal fenómeno cinematográfico y musical.
Este ensayo, derivado de mi tesis de maestría, se enfoca principalmente en la interpretación de la recepción del cine mexicano en la ex Yugoslavia durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Por medio de entrevistas y material documental recopilado en diferentes partes de la antigua Yugoslavia este escrito tiene por objeto, desde la antropología, ver la experiencia cinematográfica como drama social y proceso ritual (Turner, 1975).
Argumentaré que el cine mexicano, inscrito en el flujo cros-cultural global de productos culturales, funcionó como vehículo catártico situado en circunstancias sociohistóricas, en donde los espectadores experimentaron y reflejaron sus propias experiencias traumáticas a través de la otredad representada en la pantalla