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DOI:

https://doi.org/10.14483/23448393.18028

Publicado:

2021-10-21

Número:

Vol. 26 Núm. 2 (2021): Mayo-Agosto

Sección:

Editorial

La universidad en la sociedad de la ignorancia

Autores/as

Cómo citar

APA

Rodriguez, D. J. (2021). La universidad en la sociedad de la ignorancia. Ingeniería, 26(2), 121–122. https://doi.org/10.14483/23448393.18028

ACM

[1]
Rodriguez, D.J. 2021. La universidad en la sociedad de la ignorancia. Ingeniería. 26, 2 (oct. 2021), 121–122. DOI:https://doi.org/10.14483/23448393.18028.

ACS

(1)
Rodriguez, D. J. La universidad en la sociedad de la ignorancia. Ing. 2021, 26, 121-122.

ABNT

RODRIGUEZ, D. J. La universidad en la sociedad de la ignorancia. Ingeniería, [S. l.], v. 26, n. 2, p. 121–122, 2021. DOI: 10.14483/23448393.18028. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/reving/article/view/18028. Acesso em: 30 nov. 2021.

Chicago

Rodriguez, Diego Julián. 2021. «La universidad en la sociedad de la ignorancia». Ingeniería 26 (2):121-22. https://doi.org/10.14483/23448393.18028.

Harvard

Rodriguez, D. J. (2021) «La universidad en la sociedad de la ignorancia», Ingeniería, 26(2), pp. 121–122. doi: 10.14483/23448393.18028.

IEEE

[1]
D. J. Rodriguez, «La universidad en la sociedad de la ignorancia», Ing., vol. 26, n.º 2, pp. 121–122, oct. 2021.

MLA

Rodriguez, D. J. «La universidad en la sociedad de la ignorancia». Ingeniería, vol. 26, n.º 2, octubre de 2021, pp. 121-2, doi:10.14483/23448393.18028.

Turabian

Rodriguez, Diego Julián. «La universidad en la sociedad de la ignorancia». Ingeniería 26, no. 2 (octubre 21, 2021): 121–122. Accedido noviembre 30, 2021. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/reving/article/view/18028.

Vancouver

1.
Rodriguez DJ. La universidad en la sociedad de la ignorancia. Ing. [Internet]. 21 de octubre de 2021 [citado 30 de noviembre de 2021];26(2):121-2. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/reving/article/view/18028

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La humanidad por primera vez en la historia se ha convertido en el motor de la evolución, no solo por medio de cambios controlados de los genes, sino que ha moldeado una cultura desprendida de relatos míticos. Surge entonces la pregunta: ¿cómo fue esto posible? Muchas líneas de pensamiento han intentado dar respuesta a esta pregunta, desde las suscritas al mundo antropológico, sociológico, económico, incluso desde la epistemología, pero en todas se observa un punto en común, la generación de nuevo conocimiento científico.

Una de las grandes problemáticas que se han detectado en las universidades modernas, como reflejo de una problemática general de nuestros tiempos, es como evitar lo menos posible obstáculos epistemológicos al momento de dividir y subdividir el conocimiento, y más allá, cómo identificar las líneas divisorias entre las diferentes formas de pensar. Varios ejemplos se pueden resaltar en la división usual del currículo, ¿en qué punto el desarrollo del discurso de la ingeniería se desprende del mundo físico y matemático?, la economía, la psicología y la ciencia de datos se han convertido en un solo conjunto, lo que ha conllevado a una serie de técnicas para entender (y transformar) las transacciones económicas y la configuración del ahora y del futuro social. Llevando al fin de la era de los sabios y ha dado inicio a una época marcada por los expertos, personas que son muy especializadas en un solo tema o un número restringido, pero es un completo ignorante en la mayoría de saberes que no están conectados con el tema de su experticia.

Por otro lado, en el mundo de la hiperconexión, producto de la implementación masiva de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, nuestra capacidad para acceder al conocimiento se ve inevitablemente condicionada por la acumulación exponencial de información. Las mismas tecnologías que hoy articulan una sociedad global y permiten acumular saber nos están convirtiendo en individuos cada vez más ignorantes en muchas áreas. Es la primera vez en la historia que somos capaces de comunicarnos de forma global, pero no tenemos nada que decir, los medios de comunicación se han convertido en el faro de la sociedad, con el costo de relegar al desprecio la reflexión profunda y crítica.

Con este conocimiento la humanidad ha podido dominar las fuerzas de la naturaleza pero como individuos cada vez somos más ignorantes. Tarde o temprano se desvanecerá el espejismo actual y descubriremos que, en realidad, nos encaminamos hacia una sociedad de la ignorancia. La desigualdad se ha presentado tácitamente entre dos grupos sociales, aquel que reconoce que las nuevas formas de comunicación requieren una mirada crítica, y otro sector que se limita a ser un ignorante por su falta de criterios en la selección de los contenidos que consume.

Esta diferenciación entre la nueva forma recontextualizada de la dialéctica esclavo-amo se evidencia en las nuevas tribus que han sido protagonistas de las redes sociales por los últimos años, terraplanistas, antivacunas, entre muchas otras. En todas ellas se observa un desprecio por la evidencia científica, se centra todo análisis en los propios sentidos y se hace una oda a la ignorancia. Este comportamiento es reforzado por la cercanía que permiten los medios de comunicación a semejantes en pensamiento, que en la mayoría de los casos es mediado por algoritmos que analizan el comportamiento por medio de Big Data e inteligencia artificial.

La sociedad ha perdido la racionalidad como centro de las discusiones, se desprecia a aquellos que llaman a la calma como precursora del pensamiento estructurado. La sociedad de la ignorancia está caracterizada por la emocionalidad, en particular la indignación producida por la duda, el cuestionamiento y de forma más relevante cuando se contrasta las ideas del ignorante con la evidencia científica. En muchas ocasiones, se deforma el discurso científico para apoyar las ideas base de estas tribus, como se ha observado en el último año en las teorías conspiranoicas sobre el origen del SARS- CoV-2, utilizadas hasta por las más altas esferas de la política internacional. Otro ejemplo es el cambio climático, donde se ha usado ciencia formal para desmentir a la evidencia científica, donde los contradictores de la causa antropogénica de la emisión de gases de efecto invernadero usan los ciclos solares para dar una explicación al aumento de la temperatura global.

Para ser propositivo, es necesario jugarse la piel, defender de forma activa el conocimiento científico, la razón y aunque suene contradictorio, el silencio que trae la calma que calla las emociones. Este compromiso debe ser parte integral de todos los miembros de la comunidad, en particular la universitaria, como faro histórico de la sociedad. Las universidades están llamadas a acoger en su seno estas discusiones sin olvidar su proyección hacia la realidad. Por esta razón se hace necesario desarrollar nuevos lazos de comunicación permanente entre la universidad y la comunidad. Es importante fortalecer todo tipo de canal, como son redes sociales o programas audiovisuales, para mejorar el contacto con la sociedad. Cuanto mayor sea la visibilización, mayor será la influencia del pensamiento científico en la sociedad de la ignorancia.

D. Rodríguez, “La universidad en la sociedad de la ignorancia”, Ingeniería, vol. 26, no. 2, pp. 121-122. (2021). © The authors; reproduction right holder Universidad Distrital Francisco José de Caldas.