¡Carnaval…uh uh...carnaval…uh uh…carnaval...uh uh…carnaval!

Autores/as

  • Jorge Enrique Londoño Universidad Nacional de Colombia

Palabras clave:

Carnival, laughter, irony, representation, encounter (en).

Palabras clave:

Carnaval, risa, ironía, representación, encuentro (es).

Referencias

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Cómo citar

APA

Londoño, J. E. (2015). ¡Carnaval…uh uh.carnaval…uh uh…carnaval.uh uh…carnaval!. Calle 14 revista de investigación en el campo del arte, 10(15), 14–29. https://doi.org/10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02

ACM

[1]
Londoño, J.E. 2015. ¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!. Calle 14 revista de investigación en el campo del arte. 10, 15 (jun. 2015), 14–29. DOI:https://doi.org/10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02.

ACS

(1)
Londoño, J. E. ¡Carnaval…uh uh...carnaval…uh uh…carnaval...uh uh…carnaval!. calle 14 rev. investig. campo arte 2015, 10, 14-29.

ABNT

LONDOÑO, J. E. ¡Carnaval…uh uh...carnaval…uh uh…carnaval...uh uh…carnaval!. Calle 14 revista de investigación en el campo del arte, [S. l.], v. 10, n. 15, p. 14–29, 2015. DOI: 10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/c14/article/view/8829. Acesso em: 27 sep. 2021.

Chicago

Londoño, Jorge Enrique. 2015. «¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!». Calle 14 revista de investigación en el campo del arte 10 (15):14-29. https://doi.org/10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02.

Harvard

Londoño, J. E. (2015) «¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!», Calle 14 revista de investigación en el campo del arte, 10(15), pp. 14–29. doi: 10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02.

IEEE

[1]
J. E. Londoño, «¡Carnaval…uh uh...carnaval…uh uh…carnaval...uh uh…carnaval!», calle 14 rev. investig. campo arte, vol. 10, n.º 15, pp. 14–29, jun. 2015.

MLA

Londoño, J. E. «¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!». Calle 14 revista de investigación en el campo del arte, vol. 10, n.º 15, junio de 2015, pp. 14-29, doi:10.14483/udistrital.jour.c14.2015.1.a02.

Turabian

Londoño, Jorge Enrique. «¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!». Calle 14 revista de investigación en el campo del arte 10, no. 15 (junio 10, 2015): 14–29. Accedido septiembre 27, 2021. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/c14/article/view/8829.

Vancouver

1.
Londoño JE. ¡Carnaval…uh uh. carnaval…uh uh…carnaval. uh uh…carnaval!. calle 14 rev. investig. campo arte [Internet]. 10 de junio de 2015 [citado 27 de septiembre de 2021];10(15):14-29. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/c14/article/view/8829

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Revista Calle 14, Volumen 10, Número 15 / enero - abril de 2015, ISSN 2145 - 0706

Artículo de investigación

Jorge Enrique Londoño Pinzón

Universidad Nacional de Colombia / jelondonop@unal.edu.co

Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia, docente e investigador en la Escuela de Cine y Televisión, Facultad de Artes y en el Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura - IECO. Magister en Sociología de la cultura, especializado en temas relacionados con la educación, los medios de comunicación, la televisión, el carnaval y la fiesta. Amplia experiencia en ejecución y dirección de proyectos de investigación, acción participativa y creativa con comunidades a través de programas de extensión universitaria. Trayectoria académico - administrativa en la Universidad Nacional de Colombia y otras entidades. Productor y realizador de video y televisión cultural, educativa, local y comunitaria. Creación y diseño de documentos académicos para la web de los cuales es ejemplo: Las máscaras del diablo, estudio sobre agentes inculcadores de habitus. Bogotá D.C. 2004. t Cuadrilla Carnaval de Riosucio 2013. Fotografía: Juan Esteban Avalo Valencia Londoño, J. (2015)

¡CARNAVAL…uh uh...CARNAVAL…uh uh…CARNAVAL...uh uh…CARNA VAL!, Calle14, 10 (15) pp. 14 - 29

¡CARNAVAL…Uh Uh...CARNAVAL…Uh Uh…CARNAVAL...Uh Uh…CARNAVAL!

RESUMEN

Siguiendo un recorrido por diversos actos del Carnaval de Riosucio, Caldas, Colombia, un caso particular de los posibles. Esta reflexión busca aclarar y precisar las potencialidades del carnaval como tiempo y espacio compartidos para la representación del mundo objetivo desde la risa y la ironía, para el encuentro consigo mismo y con los demás, a partir de la expresión artística paródica, propiciando la fraternidad, la reconciliación, la recuperación de lazos destruidos, la convivencia pacífica.

PALABRAS CLAVES

Carnaval, risa, ironía, representación, encuentro.

¡SUG IMAChU TIAGUANGAPAkA...Uh Uh… SUG IMAChU TIAGUANGAPAkA...Uh Uh… SUG IMAChU TIAGUANGAPAkA...Uh Uh… SUG IMAChU TIAGUANGAPAkA!

SUGLLAPI

Iman purei kuna aisai iman kalusturinda imauta tiaika Riosucio, Caldas Colombia, kai iuiai rurai kalusturinda ñugpata tiagta, ña uñaisí karauai kailado kauangapa alpa, sug paian gapa chip aserei pugiai, nukamanda y tukuita ka apinakurka ima kauaspa ruraspaká chisutepa jundaichikuna tukui sugllapenka allilla kaugsai.

IMA SUTI RIMAI SIMI:

Sug imachu tiaguangapaka, aserei, pugiai, kaika, sugllape.

CARNIVAL… Uh Uh… CARNIVAL… Uh Uh… CARNIVAL… Uh Uh… CARNIVAL… Uh Uh…

ABSTRACT

The different stages of Riosucio Carnival, taking place in Caldas Colombia, are shown in this article with the intention of illustrating precisely the potential of this celebration to provide participants with opportunities to represent the reality objectively and ironically. On the other hand, artistic parodic expression provides people with a chance to not only encounter them themselves but also with others. Fraternity, reconciliation, recuperation of destroyed bounds, and pacific coexistence are likewise promoted.

KEYWORDS

Carnival, laughter, irony, representation, encounter

CARNAVAL... uh uh... CARNAVAL... uh uh... CARNAVAL... uh uh... CARNAVAL !

RÉSUMÉ

En parcourant divers actes du carnaval le Riosucio, de Caldas en Colombie, un cas parti culier de ce qui est possible. Cette réflexion cherche clarifier et spécifier les potentialités du carnaval comme temps et espace partagés pour la représentation du monde objectif à partir du rire et de l’ironie, pour la rencontre avec soi-même et avec les autres, grâce à l’expression artistique parodique, favorisant la fraternité, la réconciliation, la récupération de liens détruits, la coexistence pacifique.

MOTS CLEFS

Carnaval, rire, ironie, représentation, rencontre.

CARNAVAL.. Uh… Uh… CARNAVAL….Uh..Uh..CARNAVAL…Uh..Uh…CARNAVAL…

RESUMO

Após uma turnê de vários actos de Carnaval de Riosucio Caldas, Colômbia, um caso parti cular dos possíveis. Esta reflexão procura esclarecer e especificar o potencial do carnaval como tempo e espaço compartilhado para a representação do mundo objetivo a partir do riso e a ironia, para o encontro consigo mesmo e com os demais, a partir da expressão artística paródica, propiciando a fraternidade, a reconciliação, a recuperação de laços destruídos, e a coexistência pacífica.

PALAVRAS CHAVES

Carnaval, riso, ironia, representação, encontro.

 

Recibido el 17/04/2015

Aceptado el 20 /04/2015

 

Alegre despertar del carnaval

Durante los actos preliminares del jueves de car- naval, en Riosucio, mientras escuchaba al orador designado para el tradicional homenaje a los matachines desaparecidos y a los fallecidos en los últimos dos años, divagaba entre los recuerdos de mis encuentros con quienes me iniciaron en el carnaval y me inculcaron conocimientos y prácticas para vivirlo y gozarlo plenamente. Estos personajes siempre llamaron mi atención visualizándolos como oficiantes del festejo, comprendiendo, con posteriores aproximaciones e indagaciones, su carácter e importancia en la conservación y renovación permanente de la festividad. Veía a “Checho”, “Don Felipe”, “Tatines”, “Abelardo” pasando, en breves planos por mi mente, imágenes de fugaces acciones, sintetizando instantes cruciales vividos con ellos a lo largo de nueve carnavales.

Los matachines, a partir de su trabajo de sistematización de los conocimientos provenientes de la “sabiduría popular” y su interés por transmitirlos con diferentes métodos, son parte activa del carnaval y en ello radica su importancia. Son “hacedores” del carnaval, lo crean, lo gozan con sus personajes, sus discursos irónicos en los convites, conjuros, saludos y testamentos del diablo, en las letras de sus cuadrillas; con su presencia activa durante la celebración y su tesón para transmitir la experiencia carnavalera, posibilitando la continuidad de sus tradiciones y sus transformaciones acordes con las circunstancias de la actualidad local, regional, nacional y mundial. Ellos con su constante actividad reflexiva sobre los derroteros de la fiesta y su permanente actitud creativa y participativa en los diferentes eventos que la componen, son los adalides de su conservación y renovación.

Por un lado, su preocupación los lleva a conservar la esencia del carnaval como el tiempo y el espacio compartidos, en los cuales, desde la risa, la ironía, la alegría se protesta con propuestas artísticas – como decía el maestro Jaime Barranco, matachín de otros carnavales–, se posibilita el encuentro de sí mismos con la creación de personajes, y con los demás, se impugnan los malestares del mundo objetivo a partir de la jocosidad y la crítica paródica de sus hechos de injusticia, discriminación, violencia o, la alabanza, también desde lo paródico, por sus logros. Por otro lado, dan espacio a la innovación al incorporar las características del mundo contemporáneo y sus especificidades de desarrollo tecnológico, ironizando sobre cuán lejos están aún de ser la solución pregonada por sus inventores e impulsores; de los problemas mundiales de hambre, miseria, desigualdad y exclusión, dadas las políticas económicas de la globalización y el egoísmo y miopía de sus gestores.

Algarabía, algazara, alboroto, jolgorio, holgorio, francachela, juerga, farra. Iconoclasta, libertario, irreverente. Es bastante común considerar el car- naval como el evento donde impera el desorden, la guachafita, el ruido, la perdición, la borrachera, el vicio y el libertinaje, atribuyéndole todas las características de perdición, desmanes, patanería, germen de todas las lacras y situaciones deleznables producidas por las sociedades.

El carnaval, por supuesto, puede reflejar todas estas manifestaciones, pero está lejos de ser el origen de las mismas y, si se profundiza en su esencia resulta ser más el espacio y el tiempo donde todas estas situaciones, como muchas otras relacionadas con la corrupción, la politiquería, la desigualdad, la injusticia, el dominio y el sometimiento de unos sobre otros, la violencia se evidencian y rechazan a partir de la risa y la ironía, revindicando otras formas de conocer, percibir, expresar el mundo objetivo y de interrelacionarse, frente a las racionales impuestas por la oficialidad y la seriedad características del pensamiento moderno derivado de las prácticas de la economía mundial.

El carnaval permite aproximarse a una dimensión de la realidad objetiva en la que vivimos rutinariamente, desde lo sensible, desde la risa y la alegría, proscritas desde el siglo XVII, pero en proceso de | resignificación en las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, especialmente por el fortalecimiento de la fiesta popular y su resurgimiento y recreación en diferentes partes del mundo.

Esta reflexión, sobre un caso particular de los posibles, el Carnaval del Riosucio, Caldas, Colombia, puede permitirnos aclarar y precisar estas afirmaciones sobre las potencialidades del carnaval como forma de conocimiento del mundo objetivo, del encuentro consigo mismo y con los demás que este facilita, propiciando espacios para la fraternidad, la reconciliación y la recuperación de lazos destruidos.

Hablo del carnaval actual –de los últimos cincuenta años– no pretendo olvidar la historia, ni sus tradiciones y mucho menos las características de mundo al revés que ha mantenido a lo largo de los siglos, pero tampoco considero pertinente desconocer los procesos de transformación y cambio de acuerdo con los contextos locales, nacionales, regionales y mundiales del presente.

El viernes de carnaval, a media mañana, después del maravilloso alegre despertar y de la alborada infantil, protagonizada por diablitas y diablitos, encabezados por el Abanderado, la Alcaldesa del Carnaval 2015 y la Chirimía, corría para presenciar y fotografiar, con el diablito Jorgito, el recorrido de las “Cuadrillas Infantiles”: niñas y niños representando personajes y cantando las letras de los temas creados por ellos para mostrar sus percepciones del mundo y, con picardía, alegría e ironía exponer sus preocupaciones, sus deseos y proyecciones.

Todas las Cuadrillas Infantiles sorprendían con su creatividad crítica y por su representación con letras y vestuarios estupendos; pero atraía especialmente la atención y el regocijo la joven madre, integrante de la cuadrilla infantil “Ubuntu: un mensaje de hermandad” quien cargaba a la espalda a su hija de menos de dos años y participaba en todo el recorrido, de las presentaciones en los proscenios de San Sebastián, La Candelaria y Curramba y en las Casas Cuadrilleras, en las cuales al final ofrecía un rito de transferencia de la tradición del carnaval a su pequeña hija.

Las edades de los niños cuadrilleros oscilan entre los cero y los quince años, la edad del perro, el gusto y el olfato, pronto volaran seguramente, como el águila a otear nuevos horizontes y muchos volverán para consagrarse como matachines del carnaval.

La estirpe carnavalera: los matachines a quienes se les despide de este mundo, recogiendo su legado, y los pequeños, dando sus primeros pasos en la vida carnavaleara, guiados por jóvenes madres matachínes, como sus padres, tíos, abuelos, una secuencia generacional presente en todas las familias y agrupaciones de la República del Carnaval de Riosucio, garantiza la permanencia y la renovación del carnaval.

Tradición y renovación así son los procesos de los carnavales, pues no son estáticos, ni están detenidos en el tiempo y espacio originario, se transforman aunque conserven rasgos esenciales como el compartir un tiempo y un espacio común en los cuales puede darse la vuelta al mundo, ponerlo al revés, tiempo y espacio para conocer y representar desde la risa y la ironía nuestra realidad objetiva personal y social.

Entrada de colonias

Una vez recuperado de la primera gran alborada y del conjuro del amanecer, el sábado de carnaval buscaba dónde ubicarme para recibir la Entrada de las colonias. Un matachín apareció súbitamente a mi lado, transportándome en un abrazo hasta un sitio privilegiado frente al “Deportivo” en un costado de la Plaza de la Candelaria, por allí pasaban todas las colonias al finalizar el extenso recorrido, reencontrándose todos en los andenes y entradas de las casas con abrazos, saludos y besos, dando paso a la hermandad, incentivando la interacción con aquellos alejados físicamente durante dos años (el tiempo entre carnaval y carnaval) y con quienes vuelve a compartirse y a celebrar el inicio del nuevo. Cientos de integrantes de las colonias saludaban, en homenaje anticipado sin saberlo, a “Checho”, gran matachín por su activa participación, investigación, reflexión y difusión del Carnaval de Riosucio, él fue quien me transportó a este carnaval desde 1987, guiándome por sus senderos, entre ellos por este evento sobrecogedor de fraternidad y comunión en el cual se da el rencuentro entre los habitantes permanentes y los ubicados en diferentes ciudades del país y de fuera de él, asistentes a la cita carnavalera para fundirse en un abrazo de alegría, amor, camaradería, paz y goce de la vida, impronta de todo el evento. Con todos se compartirá y gozará en la noche en el gran recibimiento a su majestad el diablo del Carnaval.

Entrada triunfal de su majestad el diablo del Carnaval

La noche del sábado 3 de enero de 1987, recorriendo de arriba abajo las calles de Riosucio, en medio de una multitud que danzaba apretujada en las plazas de San Sebastián y de La Candelaria, entonando cánticos de saludo a su majestad el Gran Satán: “¡Salve, salve a ti Lucifer, padre de la alegría y fundador de la libertad!”, súbitamente escuché la voz ronca de un diablo invitándome a usar una máscara que recibí colocándomela sin vacilar. De inmediato el mundo se transformó totalmente: ahora saltaba, cantaba y bailaba libremente, mientras todos alrededor hacían lo mismo; me integré a la alegría colectiva loando y entronizando a su excelencia, rebosantes todos de entusiasmo por el inicio de la fiesta: “¡salve, salve sin par Carnaval de Riosucio la tierra querida!”. Allí, inmerso en el jolgorio y detrás de la máscara, alcancé a percibir unas formas de actuar en los habitantes de la región generadas por la tradición del ritual carnavalero y por su participación en él.

Al ceñirme la máscara sentí y experimenté la esencia del carnaval, exteriorizando una capacidad de alegría en interacción con los demás, de bastante contraste con mi participación antes de ponérmela. Solo fueron unos minutos, pero suficientes para despertar mi componente carnavalero e inculcarme sus principios. La máscara estimuló en mí la comprensión del festejo, asumiendo sin sobresaltos ni temores el homenaje al diablo, a este diablo festivo impulsor de la alegría, la dicha, la confraternidad, muy lejano del maligno impuesto por la fe católica, como castigador y condenador de humanos pecadores. Escuché atento su estruendoso y estremecedor saludo y la orden de gozar plenamente el carnaval. Este diablo símbolo de amistad y alegría, reconciliador de los pueblos y las gentes está muy lejos de ese otro cuyo sentido es el castigo y la penitencia; el diablo, rey del Carnaval de Riosucio, impulsa e inculca la sana convivencia en la alegría y el goce de la vida y no está para mortificar, reprender y escarmentar como el de la tradición cristiana. Por eso, los matachines y carnavaleros lo entronizan y asumen como el gestor y vigía del carnaval, como símbolo de unión y paz. Sus ancestros son las deidades telúricas indígenas y africanas, mixturadas e hibridadas en un proceso de quinientos años, también con las tradiciones europeas y sus antecedentes, por supuesto.

En los últimos doce carnavales ha impuesto su presencia la “Diabla”, una iniciativa popular liderada por la “Barra de los 30”; en las primeras veces de su aparición fue “combatida” por los dignatarios de la Junta y las autoridades, considerándola un ataque a las tradiciones, con el paso de los carnavales la Diabla se ha convertido en la infanta del carnaval y saluda al paso de su majestad el Gran Satán, compartiendo todo el tiempo del jolgorio, hasta ser quemada también al final, junto a él. Esta diabla es una muestra de las trasformaciones y cambios de los carnavales, recreándolos, redefiniéndolos, trasformado las reglas del juego, pero conservando su esencia.

El diablo del Carnaval es un símbolo de unión, de alegría, de tregua, de encuentros y rencuentros, una musa para la inspiración artística, a la vez que es tema de los artistas, tanto en la música, como en la pintura, en la literatura, en la danza, en la representación, en las cuadrillas, es un diablo a quien no se le teme, que protege y acompaña, pero que también puede ser severo y mandarnos al mismísimo infierno. !!! JA….JA….JA!!!

Las cuadrillas de fama sin par

Desde entonces, siguiendo las órdenes del “Gran Satán fuego” en su entrada triunfal, los sábados de carnaval recorro calles y plazas ataviado con cachos y capa, gozándome el carnaval, bailando al son de las chirimías con quienes suben y bajan o internándome entre la multitud danzante en las plazas, con las canciones de los grupos invitados; hasta la alborada, hora de inicio de la preparación de cuadrilleros y cuadrillas.

El domingo de Carnaval de 1987 fui sorprendido por las cuadrillas, el momento culminante, cuando los cuadrilleros, que han venido preparándose desde el anterior carnaval, expresan y plasman paródicamente realidades escogidas del repertorio nacional, regional o local. Hay cuadrillas que pueden esperar hasta veinte años para poder repetirse… Como “Payasadas de la vida” (1987), la cual presencié, en la Casa Cuadrillera Zapata Vinasco, delante y detrás de la cámara, que entonces fue mi máscara. Me sentí atravesando un mundo extraño, un mundo al revés, mientras deambulaba entre ríos de gente: habitantes del pueblo, de los resguardos, de las veredas, de las colonias y de todas partes, y turistas que, como lava ardiente, gozando se movían entre las dos plazas, mezclándose con los cuadrilleros arriba y abajo, en su itinerario de presentaciones, entrando y saliendo de las casas o subiendo y bajando de los tablados.

“Porque las máscaras ocultaron penas y los disfraces evitaron guerras”, verso de la letra de una de las cuadrillas, insistentemente presente en mi mente al evocar los domingos de Carnaval, cuando los cuadrilleros inician el recorrido por las calles principales de Riosucio mostrando sus creaciones y presentándolas en la Plaza de San Sebastián, en la Plaza de La Candelaria y en Curramba. Propuestas artísticas gestadas desde el último carnaval y a las cuales dedican tiempo y dinero durante los dos años de intervalo, especialmente en los últimos ocho meses de ensayos, encuentros creativos para pulirlas, extendiendo los seis días del carnaval a una gran parte de su vida cotidiana. Las cuadrillas son verdaderas escuelas de transmisión de las tradiciones, en especial de sus características básicas: letra, música y representación. Cada cuadrilla compone mínimo tres letras con música, una de saludo y homenaje a Riosucio, otra al diablo, otra al pueblo, para cantar y representar danzando por las calles, proscenios y en las “casas cuadrilleras”. Su preparación genera tiempos y espacios para la creación colectiva, de “ingenio fecundo… Vino un día del arte y la ciencia e inspirarte con gran excelencia las cuadrillas de fama sin par”, haciendo de la presentación del domingo de Carnaval el punto culminante de al menos un año de preparación de encuentros y ensayos. Desde la idea, por así decirlo, hasta la creación de las letras y su música, el diseño y confección de los disfraces, los ensayos finales. En un largo proceso de encuentros festivos para preparar el carnaval, estableciendo lazos de solidaridad de crítica, de constancia, de dedicación, de recolección de fondos.

Durante este periodo de preparación y ensayos hay un proceso creativo en diversos órdenes y, por supuesto, formativo, en cuanto a la transmisión de las experiencias de cuadrilleros más viejos y duchos a otros más jóvenes e inexpertos. Aunque puede incluir familias enteras, es una asociación más allá de la familia, funcionando como grupo con ciertas normas, formas de comportamiento y compromiso, estableciendo relaciones de identificación y pertenencia. La cuadrilla es una forma de reunión, de distensión, de creación, es la existencia latente de la República Carnavalera, hecha plenamente realidad cuando en carnaval desfila por las calles cantando sus verdades, sus alegrías y sus tristezas, para que el pueblo ría y se divierta con ellos. La cuadrilla ha venido evolucionado en los últimos años debido a su conformación en los sitios donde residen colonias de riosuceños en ciudades de Colombia e incluso de fuera del país. Se han convertido en extensión de la acción del carnaval y, por otro lado, han generado cambios que van desde la concepción y las formas de escribir o componer las letras, la música escogida, hasta la confección de los disfraces, los materiales, las formas como se representan.

La cuadrilla, en sus recorridos y al presentarse en las casas, convierte el espacio privado y el espacio público en espacio del carnaval, donde los anfitriones, los visitantes, los asistentes, los espectadores bailan y cantan con los cuadrilleros. Presencia del carnaval adentro y afuera, pues luego de presentarse en los proscenios recorren las calles para hacerlo en un promedio de veinte casas cuadrilleras, inscritas y preparadas para recibirlos con sus habitantes habituales, por todo aquel con deseos de asistir.

Los carnavaleros gozan en las calles, sin circulación de vehículos, en las plazas, en los parques, en los establecimientos y en las casas del casco urbano de Riosucio, convirtiéndolo todo en espacio del carnaval.

El Carnaval de Riosucio tiene entre sus máximas expresiones la palabra. Los convites, los conjuros, los testamentos, los temas y letras de las cuadrillas, son una muestra de literatura irónica, inteligente, de gran fuerza crítica y admirable expresión artística, ofreciendo una visión paródica de la vida local nacional y mundial, una forma de aproximarse al conocimiento de la realidad objetiva desde la risa y la alegría, compartida por todos los asistentes al carnaval que tienen la posibilidad de cantar y bailar con los cuadrilleros, pues imprimen sus letras y las reparten en sus recorridos y en las casas cuadrilleras, convirtiéndose en un bálsamo, en una forma de comprender las crudezas de la realidad objetiva, resistiéndola y soportándola, burlándose y gozándosela hasta el amanecer para dar paso a la alborada del lunes. p Cuadrillero Carnaval de Riosucio 2013.

La confraternidad riosuceña

De alborada en alborada, durante seis días los actos del carnaval se suceden ininterrumpidamente. Quienes pasaron la noche hasta el amanecer buscan el descanso, cediendo el paso a quienes comienzan el día.

Desde tempranas horas en la mañana hasta después del medio día los lunes de Carnaval las comunidades indígenas provenientes de los resguardos y las veredas expresan su cosmovisión y sus tradiciones en las calles y escenarios, a través de cuadrillas paródicas, chirimías, danzas, coros, sellando con la consagración del guarapo el pacto de convivencia, interacción e intercambio cultural de Riosucio, espacio y tiempo para conocer, admirar y valorar sus representaciones, y compartir con ellos las actividades preparadas para las siguientes mañanas de carnaval.

Las expresiones culturales indígenas y su presencia en los orígenes y continuidad de las tradiciones carnavaleras, se evidencian en estas presentaciones, necesitadas de mayor difusión, apoyo y proyección, con las cuales hay una propuesta para no perder la permanencia de sus aportes, fortaleciéndolos para conservar su legado y hacer presencia, visibilizarlos y legitimarlos en las representaciones locales y nacionales atravesadas hoy por la cultura global.

El toreo popular

La soleada tarde de lunes de carnaval, 2003, vi a lo lejos pasar un desfile de personas disfrazadas, encabezados por los matachines y el Abanderado, sin pensarlo corrí a mi refugio de esos días, para ponerme la máscara. Los alcancé quedando en medio de los dignatarios de la República Carnavalera: el Presidente, la Alcaldesa, su cortejo y detrás de ellos los toreros bufones, el torero Gallina junto al torero Piña y su cuadrilla, diablos, parodias de superhéroes, payasos, vitoreados por las gentes, acompañándolos o viéndolos pasar rumbo a las “Arenas del Ingrumá”, para iniciar el “toreo popular”, conocido como corralejas… ahí estaba, frente a la entrada del circo construido de madera y guadua, con una de los matachines invitándome a entrar con ellos; lo hice, pero el viento levantó una polvareda, sacándome de allí.

El toreo popular es una tradición programada para las tardes de lunes, martes y miércoles del Carnaval, una forma de participar en las carnestolendas de gran parte de los espectadores y de un buen número de osados toreros, experimentados y novatos, sin muletas ni banderillas. Estaban fuera de mis indagaciones, pero las corralejas siempre aparecieron como por arte de magia. No pude ignorarlas más, cuando todos los niños a quienes pedimos dibujar lo que más les gustaba del carnaval, dibujaron las corralejas. Estas pinturas llenas de colorido obligaban a reconocerlas como parte integral del carnaval y tienen que ver con la diversión, con el mundo al revés, con el valor… la osadía… la creatividad.

El toreo popular significa la inclusión en el carnaval del sector de los riosuceños con menos recursos, que acceden a la fiesta tanto como espectadores, como actores de las corralejas. En una especie de inversión, mundo al revés, en estas faenas no se finaliza con la muerte del toro, ni se le abanderilla, en cambio son muchas las heridas entre quienes se los enfrentan y torean con capotes improvisados y también muchos los fallecidos por cornadas recibidas durante el toreo. Como la cuadrilla, hacen su representación, usan disfraz o simplemente camiseta o poncho, pero con capas y capotes buscan la oportunidad para mostrar el valor al enfrentar al toro; en la arena del circo hay mucha gente y un solo toro enloquecido tratando de cornear a todos, o al que sea, a veces los gritos anuncian que un hombre sale volando por los aires y resulta que es un muñeco, otras veces es una persona…

“La barra de los 30” es notoria con su presencia en las corralejas, es una organización informal con normas de pertenencia y entre sus miembros existen lazos de solidaridad. Actúan en Riosucio y en las fiestas de otros municipios. En sus orígenes treinta niños y jóvenes que conformaban equipos de fútbol de quince jugadores, por ser vecinos del sitio tradicional donde se levanta el circo “Arenas del Ingrumá” encontraron en el toreo popular su forma de participación en las carnestolendas y crearon la barra hace cuarenta y cinco años, ampliando su participación en el carnaval más allá de las corralejas con la elaboración de la diabla, alrederor de la cual bailan con los asistentes a las verbenas en la plaza de abajo.

Diablitos, disfraz suelto - verbenas populares

Las noches de lunes y martes de carnaval, después de los recorridos de faroles y diablitos invocando la luz, y del disfraz suelto, los carnavaleros, unos, disfrazados, otros ataviados con accesorios alusivos al festejo, otros con trajes de fiesta, bailan y se divierten con las verbenas programadas simultáneamente en las plazas de arriba y de abajo, recorren danzando las calles aledañas y la Calle del Comercio, corredor bailable que los comunica, al son de chirimías, de grupos musicales y de música amplificada, en un constante ir y venir hasta el amanecer, solo interrumpido por espectáculos, como los juegos pirotécnicos “Noches del Ingrumá”, celebrado por todos.

Estos actos caracterizan el Carnaval de Riosucio como promotor de la creación de personajes, para la búsqueda de sí mismo, el intercambio y la interacción con los demás, a partir de la diversión, la risa, la ironía, la integración fraternal en una danza de goce y revivificación. Espacio y tiempo en los cuales se diluyen las barreras entre espectador y actor para dar paso a la participación de todas y todos.

Pocas veces, en los recorridos continuos al seguir los pasos de quienes suben, bajan, bailan en las plazas o alrededor de las chirimías, he encontrado interacciones agresivas o violentas y cuando se han dado son rápidamente calmadas por algún carnavalero o matachín de los tantos que deambulan cuidando el carnaval en representación de su majestad.

Entierro del guarapo, testamento y quema del diablo

Después de la alborada del miércoles de carnaval, una señora, compartiendo mesa conmigo, entre tinto y charla me hacía su confidente contándome la razón para estar en este carnaval de 2003, a pesar del doloroso fallecimiento de su tío matachín el año anterior, en hechos relacionados con la “violencia”; decidió venir a gozar el carnaval en homenaje a él. Admirado y confundido le presenté mis condolencias, la felicité por estar en el carnaval rindiéndole homenaje y, ajustándome el antifaz, me despedí; con el tiempo he constatado la práctica de gozar el carnaval, dedicándolo a los carnavaleros cercanos fallecidos.

Vestido de negro como se acostumbra la noche del último día del carnaval, esperaba en una esquina de la Plaza de La Candelaria el inicio de la marcha mortuoria previa al entierro del calabazo; tenía la máscara que había usado todas las noches, pero ahora sus cintas antes festivas, semejaban lágrimas; inesperadamente emergió una figura cubierta con una gran capa negra y capucha: –hemos considerado que nos ayudes a cargar el calabazo, me dijo. –Es un honor, alcancé a balbucear… con tres personajes más cargué el calabazo, recorriendo las plazas, observando los rostros de tristeza de la multitud agolpada a lado y lado; una vez concluida la ceremonia del entierro, caminé por los alrededores, desorientado, mientras leían el testamento, el decreto de despedida e iniciaban la quema del diablo en medio de la plaza. Podía ver desde una cantina solitaria, frente a la plaza, la gente al fondo, rodeando la quema y, en un televisor del lugar, en primeros planos, cómo lo consumían las llamas, imágenes de la transmisión en directo realizada ese año por la televisión local.

La República Carnavalera, los matachines, el pueblo carnavalero tienen su momento de luto y de tristeza, cuando acaba la tregua y es perentorio regresar a las rutinas de la vida cotidiana, hasta dentro de dos años cuando se celebre el próximo carnaval. Este último día se lleva en andas un calabazo de guarapo rodeado de velas y de flores, por el mismo recorrido hecho por el diablo al inaugurar la época de la alegría; los cargueros disfrazados de muerte lo soportan al paso lento de procesión, mientras la familia del carnaval llora desconsolada, vestidos de negro, subiendo y bajando por las vías del pueblo, siguiendo la ruta de la calle de honor formada por la multitud que también llora y se lamenta, cantando el Himno del Carnaval, ahora convertido en réquiem, al son de los dobles de una campana, por el diablo que será quemado y el guarapo enterrado. Una vez realizada la ceremonia del entierro del calabazo, el matachín designado lee el testamento del diablo y los dignatarios de la República Carnavalera se despiden decretando el final al ordenar la quema del rey de la alegría en medio de fuegos artificiales, ardiendo junto con la diabla hasta su extinción; la multitud se desvanece, ventas ambulantes y provisionales son desmontadas y cuando llega la alborada, sin alborada, las plazas de Riosucio quedan desiertas, mientras lentamente los agentes sociales reinician la reubicación en el campo social, a la rutina de sus trabajos y de sus vidas, aunque, secretamente, dentro de esas rutinas está la grata de pensar e iniciar el próximo carnaval. ¡El carnaval ha muerto viva el carnaval¡

(…) Su verdadera naturaleza es la expresión de la plenitud contradictoria y dual de la vida, que contiene la negación y a la destrucción (muerte de lo antiguo) consideradas como una fase indispensable, inseparable de la afirmación, del nacimiento de algo nuevo y mejor. En este sentido, el sustrato material y corporal de la imagen grotesca (alimento, vino, virilidad y órganos corporales) adquiere un carácter profundamente positivo. El principio material y corporal triunfa así a través de la exuberancia (Bajtín, 1998, p. 62).

Los riosuceños de aquí y de allá, de antes y de ahora han conservado su carnaval porque creen en él, celebrándolo desde hace más de un siglo, fortaleciéndolo a través de las cuadrillas y demás actos carnavaleros; nuevas generaciones de matachines comienzan a enarbolar la bandera y a tomar las riendas de un carnaval que les propone otras exigencias, en una época en la cual los extremos se encuentran interconectados, mostrando otras regiones, otras celebraciones festivas en una sociedad expuesta a los modelos culturales, globales internacionales, contemporáneos en constante, insistente y avasallante representación e inculcación de sus valores.

Estos “ciudadanos carnavaleros” se relacionan con el carnaval por su creencia en él como campo de conocimiento, encuentro, expresión, protesta con propuesta, interacción desde la fraternidad, la risa, la alegría y el goce. Cambios e ideas de transformación deben partir de esta base.

Todo campo social, sea el campo científico, el campo artístico, el campo burocrático o el campo político, tiende a conseguir de quienes entran en él que tengan esta relación con el campo que llamo illusio. Pueden querer trastocar las relaciones de fuerza en ese campo, pero, precisamente por ello, conceden reconocimiento a los envites, no son indiferentes. Querer hacer la revolución en un campo significa admitir lo esencial de lo que está tácitamente exigido por este campo, concretamente qué es importante, que lo que en él se juega es suficientemente importante como para que se tengan ganas de hacer la revolución en él… la illusio que es a la vez condición y fruto del funcionamiento del campo… (Bourdieu, 1997, pp. 141-143).

Los carnavales del siglo XXI subsisten en tanto existe esta relación de illusio del pueblo carnavalero reunido alrededor de una figura de alegría y de tregua, liderados por los matachines, cimentado en la tradición mixturada de su historia, nucleado en cuadrillas, en barras, caravanas, extendido por diferentes ciudades. Todos ellos creen en el carnaval, lo consideran un factor de identidad y mantienen como sede de la República Carnavalera y del evento a Riosucio, unos sugieren e impulsan cambios y transformaciones, otros se oponen, todos hacen el carnaval. Detrás de todo está un personaje creado por la imaginación colectiva que tiene como función fundamental vigilar que los carnavaleros no quiebren las “normas” del carnaval, es decir, la tolerancia, tolerar la burla y la borrachera, burlar y ser burlado, evitar e impedir la agresión, la alegría, la hospitalidad, la convivencia pacífica disfrácese de lo que se disfrace y búrlese de quién se burle…

Quizá uno de los aspectos para resaltar en las apreciaciones sobre el Carnaval de Riosucio es su existencia latente durante el intervalo entre versión y versión. No solo son los seis días de cada Carnaval, tiempo de encuentro, expresión, tregua y alegría… sino el tiempo que hay entre carnaval y carnaval, donde se gesta y se va constituyendo; tiempo que da lugar a relaciones específicas entre los actores sociales como la cuadrilla, la barra, organizaciones en las que se generan formas de actuar, estructuras, “acción y sentido práctico duraderos”, gestados y desarrollados desde los orígenes del carnaval, sufriendo las transformaciones de las épocas, las innovaciones tecnológicas, la influencia del pensamiento global centrado en el consumo.

Los jóvenes conservan un gran respeto y admiración por el carnaval y esto se debe a una larga tradición que ha sido cultivada y transformada durante más de un siglo, transmitida por la familia, la escuela, la cuadrilla, por su participación en el carnaval los seis días de alegría y jolgorio, de crítica y autocrítica, de convivencia fraterna, de compartir, de aceptar a los demás en el tiempo y el espacio de la fiesta.

El carnaval es un espacio de libertad ganada, alcanzada contra la imposición de la tradición europea, desde los primeros tambores negros que rasgaron la noche de la invasión llamada descubrimiento y conquista y, de las chirimías y las mil variedades de instrumentos de los habitantes de estas regiones, espacio ganado por las comunidades para recuperar y ejercer su alegría temporalmente, con la esperanza permanente de renovación.

Para terminar, a manera de síntesis, repito aquí apartes del final del primer capítulo de mi investigación sobre carnavales del siglo XXI (Londoño Pinzón, 2013):

Los carnavales, estas fiestas de la desmesura en lo creativo, de las formas voluminosas, los colores brillantes, del goce y de la risa, de las ambivalencias y las transformaciones son el resultado de un proceso de mixtura y de apropiación de “un capital cultural” creado colectivamente, recogiendo la sabiduría de los ancestros, la creatividad de los jóvenes, las diferentes regiones de donde provenimos, las múltiples experiencias de vida, amalgamadas en la rutina diaria de nuestra existencia, las expresiones individuales y colectivas, la interacción mediática; los carnavales son un hecho proveniente de la cultura popular, entendiendo como plantea Jesús Martin Barbero “… que lo popular no habla únicamente desde las culturas indígenas o las campesinas, sino también desde la trama espesa de los mestizajes y las deformaciones de lo urbano, de lo masivo” (Martin - Barbero, 1987).

Los carnavales son un espacio y un tiempo esenciales, en los cuales se manifiestan las potencialidades artísticas de las personas, individual y colectivamente, creando personajes y situaciones para el goce, la risa y la representación cómica del mundo objetivo, cotidiano, de trabajo y rutina.

La apropiación del carnaval, por parte de la comunidad, implica procesos previos de interacción para la preparación del mismo, sesiones creativas, ensayos, creación de personajes, composición de letras, música, confección de vestuarios, de carrozas, de carros alegóricos, comparsas, cuadrillas, duetos, personajes individuales y múltiples posibilidades más.

En estos periodos de gestación e interacción creativa y, en el carnaval mismo, sucede la transmisión de la sabiduría popular, el re-encuentro de los conocimientos recogidos por la memoria social respecto a la significación de estas celebraciones y la integración, la mixtura e hibridación cultural característica de las ciudades colombianas, incluida la vertiente de la cultura global, a través de los alcances que proporciona el desarrollo de la comunicación interactiva que los medios de comunicación muestra (Zarama Vásquez, 1990).

En el carnaval y en el proceso de recuperación o fortalecimiento de carnavales puede observarse la importancia y aporte de la sabiduría popular para encontrar las potencialidades expresivas, artísticas, emocionales inscritas en el propio ser y que desconocemos, acallamos, ignoramos. Se conservan, se enriquecen y se difunden por maestros que han venido, a partir de su proceso personal y social, recogiendo la memoria y los conocimientos que relacionan nuestro ser con la naturaleza, los demás seres que la habitan, con los astros. Diferentes a los conocimientos racionales, por ubicarse en el ámbito de saber del mundo desde lo sensible, lo creativo, lo emocional, otra forma de ver y de interpretar el mundo en el que vivimos, nuestra práctica social, nuestro mundo objetivo o las relaciones que existen en él.

El carnaval es capital cultural colectivo, adquirido y construido a lo largo de los años, partiendo de la herencia de los ancestros, y pasa a ser parte del acervo cultural a través de la sabiduría popular, realzando la importancia de la recolección y organización de estos conocimientos para la producción de los presentes.

Referencias

Bajtín, M. (1998). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid: Alianza Editorial.

Barranco, J. Temas tratados (transmisión oral). en los “Talleres de la Gozadera” y “Apropiación orgánica del Ritmo” – Universidad Nacional de Colombia, 2005-2006, 2010-2011-2012.

Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona: Editorial Anagrama.

Da Matta, R. (2002). Carnavales, malandros y héroes. México: Fondo de Cultura Económica. Documentos, programas y letras de cuadrillas Car- naval de Riosucio, 2003 a 2015.

Goyes, J. C. Carros alegóricos, Carnaval de Pasto. (DVD). Londoño Pinzón, J. E. (2013). Las máscaras del diablo II Carnavales de Bogotá siglo XXI. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. Recuperado de: http://190.27.224.200/linux/mascaras/ o vídeo: http://www.unal.edu.co/ieco/ o: https:// www.youtube.com/watch?v=_AYhxv2zb7E#t=18

Martin-Barbero, J. (1987). De los medios a las mediaciones. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Zapata Vinasco, A. (1990). Vida y muerte de Satán fuego: (la riosuceñidad). S.l.: Impresos Jaber.

Zarama Vásquez, E. G. (1990). El rol del artesano frente a la significación y simbología del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, Nariño, Colombia. (Trabajo de Investigación). Ginebra, Suiza: IEUD. Desfile entierro del calabazo, Carnaval 2011. Fotografía: Jorge E. Londoño P.