DOI:

https://doi.org/10.14483/25009311.24510

Publicado:

2026-01-01

Número:

Vol. 12 Núm. 20 (2026): enero-junio-2026

Sección:

Sección Central

En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón

At the next stop: talking salsa rola with singer-songwriter Alejandro Rincón

Na próxima parada: conversando sobre salsa rola com o cantor e compositor Alejandro Rincón

Autores/as

  • Alejandro Rincón Investigador y artista independiente
  • César González Vélez Universidad Central

Palabras clave:

Música urbana, salsa, Orquesta La Saloma, Orquesta Kaona (es).

Palabras clave:

Urban music, sauce, La Saloma Orchestra, Kaona Orchestra (en).

Palabras clave:

Música urbana, molho, Orquestra La Saloma, Orquestra Kaona (pt).

Referencias

Padura, L. (2020). Los rostros de la salsa. Barcelona: Tusquets Editores.

Pagano, C. (2018). El imperio de la salsa: historia, entrevistas y semblanzas de salseros famosos. Bogotá: Editorial Ícono - Códice Producciones.

Valverde, H. (2007). Con la música adentro. Cali: Universidad del Valle, Programa Editorial.

Jursich Durán, M. (2014). Fuera Zapato Viejo: crónicas, retratos y entrevistas sobre la salsa en Bogotá. Bogotá: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

Cómo citar

APA

Rincón, A., y González Vélez, C. (2026). En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón. Estudios Artísticos, 12(20), 133–146. https://doi.org/10.14483/25009311.24510

ACM

[1]
Rincón, A. y González Vélez, C. 2026. En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón. Estudios Artísticos. 12, 20 (ene. 2026), 133–146. DOI:https://doi.org/10.14483/25009311.24510.

ACS

(1)
Rincón, A.; González Vélez, C. En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón. estud. artist. 2026, 12, 133-146.

ABNT

RINCÓN, Alejandro; GONZÁLEZ VÉLEZ, César. En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón. Estudios Artísticos, [S. l.], v. 12, n. 20, p. 133–146, 2026. DOI: 10.14483/25009311.24510. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/estart/article/view/24510. Acesso em: 4 abr. 2026.

Chicago

Rincón, Alejandro, y César González Vélez. 2026. «En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón». Estudios Artísticos 12 (20):133-46. https://doi.org/10.14483/25009311.24510.

Harvard

Rincón, A. y González Vélez, C. (2026) «En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón», Estudios Artísticos, 12(20), pp. 133–146. doi: 10.14483/25009311.24510.

IEEE

[1]
A. Rincón y C. González Vélez, «En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón», estud. artist., vol. 12, n.º 20, pp. 133–146, ene. 2026.

MLA

Rincón, Alejandro, y César González Vélez. «En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón». Estudios Artísticos, vol. 12, n.º 20, enero de 2026, pp. 133-46, doi:10.14483/25009311.24510.

Turabian

Rincón, Alejandro, y César González Vélez. «En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón». Estudios Artísticos 12, no. 20 (enero 1, 2026): 133–146. Accedido abril 4, 2026. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/estart/article/view/24510.

Vancouver

1.
Rincón A, González Vélez C. En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón. estud. artist. [Internet]. 1 de enero de 2026 [citado 4 de abril de 2026];12(20):133-46. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/estart/article/view/24510

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Recibido: 29 de julio de 2025; Aceptado: 21 de octubre de 2025

Resumen

En este artículo de reflexión presentamos la con- versación entre dos músicos en torno a la pro- puesta Alejandro Rincón y La Saloma y a la salsa como una tradición que se vive de manera particular en Bogotá. A partir del diálogo, se aborda la trayectoria y el pensamiento musical de Alejandro Rincón, cantante y compositor que lidera una agru- pación emergente que ha logrado reconocimiento en la escena local, entre ellos el primer lugar en la Convocatoria para orquestas locales del Festival Salsa al Parque. La entrevista permite reflexionar sobre la manera en que la salsa, entendida como una práctica cultural urbana, se renueva en contextos distintos a su origen caribeño, manteniendo su espíritu popular y contestatario. Así, este texto propone una mirada sobre la creación salsera bogotana contemporánea, en la que tradición e innovación se entrelazan en un proceso de bús- queda estética, identidad sonora y compromiso social.

Palabras clave

Música urbana, salsa, Orquesta La Saloma, Orquesta Kaona.

Abstract

In this reflection article we present the conversa- tion between two musicians around the propo- sal Alejandro Rincón and La Saloma and salsa as a tradition that is lived in a particular way in Bogotá. Based on the dialogue, the trajectory and musical thought of Alejandro Rincón, singer and compo- ser who leads an emerging group that has achie- ved recognition on the local scene, including first place in the Call for local orchestras of the Salsa al Parque Festival, is addressed. The interview allows us to reflect on the way in which salsa, understood as an urban cultural practice, is renewed in con- texts other than its Caribbean origin, maintaining its popular and rebellious spirit. Thus, this text propo- ses a look at contemporary Bogota salsa creation, in which tradition and innovation are intertwined in a process of aesthetic search, sound identity and social commitment.

Keywords

Urban music, sauce, La Saloma Orchestra, Kaona Orchestra.

Resumo

Neste artigo de reflexão apresentamos a conversa entre dois músicos em torno da proposta Alejandro Rincón e La Saloma e a salsa como uma tradição que é vivida de forma particular em Bogotá. A partir do diálogo, aborda-se a trajetória e o pensamento musical de Alejandro Rincón, cantor e composi- tor que lidera um grupo emergente que alcançou reconhecimento no cenário local, incluindo o pri- meiro lugar na Chamada para orquestras locais do Festival Salsa al Parque. A entrevista nos permite refletir sobre a forma como a salsa, entendida como uma prática cultural urbana, se renova em contextos diferentes de sua origem caribenha, mantendo seu espírito popular e rebelde. Assim, este texto propõe um olhar sobre a criação con- temporânea da salsa de Bogotá, na qual tradição e inovação se entrelaçam em um processo de busca estética, identidade sonora e compromisso social.

Palavras-chave

Música urbana, molho, Orquestra La Saloma, Orquestra Kaona.

En la próxima parada: hablando de salsa rola con el cantante y compositor Alejandro Rincón


Imagen 
1.

Imagen 1.


 Portada y contraportada del sencillo: En la próxima parada (2025). Archivo del artista.

Imagen 2. : Portada y contraportada del sencillo: En la próxima parada (2025). Archivo del artista.

Introducción

Buena parte de las escrituras sobre la salsa se han elaborado en torno a las entrevistas a sus músicos. Libros como Los rostros de la salsa de Leonardo Padura (2020), El imperio de la salsa de César Pagano (2018), Con la música adentro de Humberto Valverde (2007) y Fuera Zapato Viejo de Mario Jursich Durán (2014) recurren al diálogo con intér- pretes, productores y compositores para construir una memoria cultural del género desde la palabra de sus protagonistas. Estas obras no sólo documen- tan trayectorias individuales, sino que configuran una cartografía emocional y social de la salsa en contextos urbanos del Caribe y Bogotá, convir- tiéndose en fuentes esenciales para entender la evolución estética, social y política de la salsa.

El diálogo es una vía clave para construir conocimiento y resignificar la música, vinculando pensamiento y emoción. En este texto se presenta una conversación con Alejandro Rincón, líder de la agrupación bogotana emergente: Alejandro Rincón y La Saloma, que se está posicionando en la escena salsera local y que obtuvo el primer lugar en la Convocatoria para orquestas locales del festival

Salsa al Parque. La banda combina elementos del formato clásico de salsa con una interpretación contemporánea y cercana. Su repertorio aborda la vida cotidiana, las luchas sociales, el amor y la memoria, incorporando también elementos de timba y bolero que aportan una renovación al género. Desde Bogotá, Alejandro Rincón y La Saloma traba- ja para mantener la esencia de la salsa, dándole un toque propio y contemporáneo.

Como lo que leeremos es un diálogo entre dos personas —debo presentarme— soy César González, líder de otra agrupación emergente, Kaona Orquesta, y candidato a Doctor en Estudios Artísticos en la Universidad Distrital FJDC. Me encargué de conversar sobre salsa con Alejandro gracias a un afortunado encargo que me hiciera esta revista, digo afortunado no sólo porque comparto con él la pasión por la tradición salsera, sino porque desde el primer contacto con mi entrevistado supe que la charla sería una experiencia sensible y gozosa. Dejo al lector con la conversación que tuve con Alejandro, la cual sucedió antes de que él supiera que su agrupación había ganado el primer lugar en la Convocatoria de Salsa al Parque. Después de que leamos la conversación compartiré una lectura post-festival acerca de la presentación del músico y su grupo, el 5 de octubre de 2025, seguida de un breve análisis sobre el futuro de la salsa en la ciudad.

La conversación

César González: Alejandro, ¿qué piensas de la pregunta que se hace Leonardo Padura en Los rostros de la salsa? ¿Sigue valiendo la pena hacer salsa y hablar de salsa?

Alejandro Rincón: Sí, sigue valiendo la pena, aunque se ha dado a entender en las nuevas gene- raciones que hay que acudir a otros géneros para salvar la salsa, y a mí me parece que eso no debe ser así. La salsa que ya existía sigue vigente, como la buena música, sigue vigente. Y si uno puede aportar su granito de arena para que el género siga vivo — que de hecho se está viendo en esta ciudad, donde hay un auge salsero—, pues seguiremos hablando de salsa toda la vida, de aquí pa’ adelante.

CG: Interesante eso que dices, porque podría pensarse que para que un género sobreviva debe alterarse, adaptar la tradición a lo nuevo, pero quizás eso que nos parece natural esté, en últimas, per- meado por cierta mirada evolucionista. Cuéntame,

¿qué significa la tradición de la salsa para ti? ¿Cómo la vives?

AR: La tradición es conservar, digamos, los elementos con los que nació la salsa desde Cuba: la cuestión de los tambores, las congas, los bongós… Para mí eso es tradición. Digamos, no meterle sintetizadores sólo por metérselos. La tradición es conservar esos elementos que están, que nacen desde el principio. Y también otros temas, por ejemplo, las letras: la temática del barrio, del baile, o incluso los que han metido cuestiones sociales. Eso, para mí, cabe dentro de la tradición.

CG: ¿Y tú cómo recuerdas que te entregaron esa tradición de la salsa?

AR: Por parte de mi mamá siempre se bailó salsa, y por parte de mi papá también se escuchaba a Ismael Rivera, y recuerdo que también sonaba por ahí Héctor Lavoe cuando yo era chiquito. Pero si hay algo que me marcó fue la cuestión de la per- cusión. Fue como una vaina casi que de bebé, en el matrimonio de una tía. Yo no sé si era pajecito, creo

que no, pero el caso es que invitaron a una orquesta a ese matrimonio y había unos bongós, y eso me atrajo de una forma mágica. No sé, llegué allí y la salsa quedó en mí. Pero yo nunca empecé con la salsa ni nada; quedó ahí, pero no fue como músico que empecé. Siempre estuvo, siempre me atrajo. En las navidades, por ejemplo, con un tío —él llevaba unas congas o unos timbales, porque el hombre tenía como el billete para comprar eso—, y en las navida- des los llevaba, y yo no me iba con mis primos sino hasta después de tocar y jugar con la percu.

CG: ¿Crees que la salsa, de alguna forma, tiene que ver también con la familia, con las tradiciones, con La Navidad?

AR: Creo que sí tiene mucho que ver con cuestiones familiares, con la gente, la fiesta, el baile (aunque soy rebruto bailando) … eso está untado, está impregnado ahí en la gente y en la cultura.

CG: Tú decías que hay una salsa que viene de atrás y que la conservamos hoy. ¿Cómo consideras que es el panorama actual de la salsa?

AR: Mira, por ejemplo, en tu caso, en el grupo tuyo

—Kaona— tú utilizas la guitarra eléctrica. Sé que eso ya había estado involucrado antes; yo también la usé, porque al no tener vientos (yo no tenía acceso a vientos), con la guitarra lograba hacer como esas líneas melódicas, y uno le va metiendo su sello. Entonces el panorama —a lo que iba, relacionándolo con la tradición— es que mientras se conserve una cosa, uno sí puede evolucionar o meter ciertos elementos nuevos. Por ejemplo, la timba cubana, por más que sea un género nuevo, viene de donde nació toda esta vaina; entonces eso está impregnado, tiene el lenguaje. Y de hecho, si uno se pone a ver musicalmente, también están explorando en cortes y cosas así que son musicalmente avanzadas. Mientras se esté desarrollando, o sea, mientras siga vigente lo básico y no se vaya a un exceso de otro estilo de música que no tiene que ver…

CG: ¿Te refieres al reguetón?

AR: Sí, sí, sí, claro. Yo no puedo opinar mucho del reguetón porque no lo conozco, no sé… pero pues, personalmente no me gusta, no lo disfruto y no comparto que eso vaya a salvar el género.

CG: Sí, porque ha habido ahorita cierta conversación en torno a la salsa con lo del álbum de Bad Bunny, incluso con el de Karol G y el de Mike Bahía, que retomaron elementos, haciendo canciones con toques de salsa.

AR: Sí, sabes que está de moda. O sea, está volviéndose a poner de moda, porque ya he visto a varios: ese muchacho Camilo y otros que cantan música de banda —la que llaman música de banda— han hecho salsa ahora. Seguramente tienen grandes músicos, deciden hacer un tema de salsa y tienen los recursos económicos para hacerlo. Y está de moda, sí. Eso es bueno en cierto sentido. La salsa es para todo el mundo. A unos nos duele (como a mí, por ejemplo) que se mezcle con el reguetón o eso, pero ¿por qué pasa eso? Porque a todo el mundo le gusta la salsa, en el fondo, por más que quieran meternos por todo lado un determinado género como el reguetón. En una fiesta, aunque se ponga reguetón, en algún momento alguien tiene que poner una salsita para bailar. Entonces también acceden a eso. Tal vez es bueno para nosotros que esté otra vez en auge.

CG: ¿Tú sientes que ese auge es local o global? Por local me refiero a Bogotá.

AR: Yo creo que en Bogotá siempre ha estado, por más que Cali y otras ciudades la tengan. Los mejo- res del mundo bailando salsa son los caleños, los mejores del planeta. Pero la salsa es de aquí también. La salsa es latina. La salsa se la inventaron los cubanos, y no se llamaba salsa —tú sabes esa historia, no hay que decirla—, y bueno, lo de Nueva York y tal… pero en Bogotá siempre ha estado. O sea, en Bogotá siempre ha habido eso.

CG: ¿Tú crees que hay algo que diferencia, o alguna cosa especial, en la sonoridad de la salsa bogotana?

AR: No sé… eso depende de cada quien, como compositor o arreglista. Uno tiene sus influencias. Entonces, la mayoría, siendo bogotanos, tiene una: una influencia tuya puede ser Ismael Rivera, Héctor o el otro, y la mía puede ser Óscar d’León, depende… y uno se impregna de eso. Ahora, si hay como un sonido, pues sé que hay unos a los que les gusta más el sonido de Nueva York, no sé. Para mí eso es muy relativo.

CG: De acuerdo, sí, tienes razón. Pero yo siento que a veces, por ejemplo, en La Pambelé, en La 33, o escuchando tu música, se siente la ciudad. No sé si era por la carátula de tu canción —que es algo tan específico de Bogotá, ver la ciudad desde el bus—, pero sentía que, uy, esta salsa igual tiene algo muy rolo.

AR: Yo creo que sí, porque igual, así como todos hablan con orgullo de su ciudad, de su barrio o de su pueblo, uno como rolo también tiene eso… no sé, el sabor de la calle, de la gran ciudad. Es muy ruidosa, y tal vez eso, musicalmente se expresa. En ese sentido sí estoy de acuerdo con lo que dices, como ese “sonido bogotano”. También las letras, la forma de escribir, puede que por ahí también… No tenemos ese acento más caribeño o costeño. Sí somos tropicales, obviamente, pero no tenemos el hablado que se marca tanto en ese tipo de música. Y se siente, en lo personal, digamos —como rolo—, muy forzado ponerme a decir: “¡ecuajey!”, cuando yo no tengo ese acento. No sé, ser rolo es mi sello, y yo lo amo.

CG: Bogotá es una ciudad muy rockera y muy rapera, en realidad. Y si uno piensa, por ejemplo, en los referentes más reconocidos de la música popular bogotana: Aterciopelados, La Derecha, Las Almas. Y no es gratuito que La Derecha, si piensas en “Ay, qué dolor”, tenga algo de salsa.

AR: Tiene como su tumbaito, claro.

CG: Es un tumbao. Y uno ve, por ejemplo, que La 33 tiene covers de los Police, los Toreros muer- tos y Soda Stereo, La Pambelé canta “Maligno” de Aterciopelados… En lo tuyo a veces siento también un poquito de rock, de pop, de jazz; y en lo mío también siento que eso igual está ahí.

AR: Pero ves que sí es una cuestión también de influencias. O sea, no digo que uno imite, porque si no, no sería nuestro sonido. Pero sí hay una influen- cia. Por ejemplo, eso que mencionas del rock and roll… seguramente, yo no sé si La 33, antes de ser salseros, eran rockeros. O les gustaba, o estudia- ron esa música. Y eso es muy bonito. Tal vez me arrepiento de la respuesta que te di del sonido bogotano, porque sí, en ese sentido, hay un sonido particular de nosotros.

CG: Pero no, es matizado, porque lo que tú dices también es cierto. Depende. Digamos, puede que nosotros tengamos la misma música que un caleño, pero no sé si has oído, por ejemplo, orquestas caleñas como Clandestina o Calibre: ellos tienen una sonoridad distinta. Pero sí, es muy difícil también pensar, pues, que de Chía pa’ allá suena otra cosa… Volviendo a tu trabajo, cuéntame: ¿cómo empiezas tú a hacer música?

AR: Aprendí empíricamente. Soy zurdo, entonces cogí la guitarra de mi papá sin saber que un zurdo cambiaba las cuerdas, y empecé a sacarle notas y eso, como a los nueve o diez años, por ahí. Y lo primero en lo que me fijé, realmente, fue en el punk. Me gustaba mucho. Llegó la preadolescencia. Siempre cantaba de niño; mi papá me ponía a cantar cosas. Y ya como preadolescente empecé a tocar la batería en grupos de punk, porque estaba cambiando la voz, entonces sonaba remal [risas]. Y así fui hasta que logré, por fin, terminar el colegio y tuve la oportunidad de entrar a estudiar música. En la universidad me fue mal, porque no entendía las partituras, no sabía leer. Fue muy duro, fue un golpe muy bravo: logré pasar a la universidad, pero en la primera clase: “página tal” y “¡Do, Fa!”, solfeo rezado y no sé qué… Me dio durísimo eso, pero al final logré sacarlo adelante, más o menos.

CG: Pero bueno, entraste a estudiar música en la universidad, ¿en dónde?

AR: Entré primero a la Universidad del Bosque, pero ahí duré muy poco, porque para mí era muy cuadriculado todo. Por ejemplo, a la hora de cantar —con todo respeto—, creo que en el examen tocaba cantar un bolero y otra vaina, otra cosa, y yo lo cantaba a mi estilo, y decían: “¡No! Tiene que cantar es así, así y así”. Y yo decía: “Tito Rodríguez no canta igual un bolero que Felipe Pirela. ¡Nunca!” Entonces eso me achantó un poco y me salí de la universidad.

CG: ¿Cuántos semestres hiciste?

AR: Alcancé a hacer tres, tres en primero. Después logré llegar a un sitio que se llama EMAT, que ya era una escuela, porque pues quería tener algún papel o algo así. Y ahí sí terminé. También con mucha dificultad con la cuestión de la partitura… Luego, lo que me dio las primeras oportunidades de trabajo en la música fue el flamenco. Yo tenía la capacidad, por

alguna razón, de hacer como el quejío. Entonces hacía rumbas y, más o menos, el estilo y el ritmo de la bulería. Tocaba guitarra y cantaba. Y hacía boleros “aflamencados”. Porque ahí, para medio acercarme a la salsa, estaba muy famoso el Cigala, que se había hecho varios discos con latinos, has- ta cosas argentinas. Entonces dije: bueno, por ahí me voy ligando. Un amigo fue el que me empezó a presentar músicos: un conguero, un pianista… y así empecé a hacer la transición, hasta que logré llegar a donde quería, que era la salsa. Pero con lo que realmente estoy muy agradecido es con el flamenco, porque fue lo primero que me abrió las puertas para empezar a trabajar.

CG: Y uno escucha, por ejemplo, algunas canciones de Camarón de la Isla, algunas rumbas, y entiende que hay una conexión con la salsa más cercana de lo que uno cree.

AR: La rumba y la salsa… una rumba puede encajar bien con una salsa, digamos.

CG: Bueno, entonces vas conociendo gente, vas haciendo amigos y te vas metiendo al lado más latino. ¿Y la escucha y el disfrute de la salsa fue apareciendo también ahí?

AR: La salsa estuvo desde que nací. Siempre me encantó. En esa época, además, como yo era muy niño, uno tendía a pensar —y esa es la razón, la estúpida razón por la cual no sé bailar— que cuando me llegó esa época del punk, que además la conocí muy pelado (porque a los diez años, ¿quién va a ser punkero? Yo era un niño) …Ves que soy bajito, y más bajito a los diez años, con pelos parados [risas]. Mi papá me acompañó a comprar un disco de La Polla Records —yo pensé que valía como diez mil pesos y el tipo dijo que valía cuarenta mil— le dio tanta impresión verme así que me lo dejó como en veinte mil o algo así. Y bueno, para volver: en ese momento yo renegaba, decía: “No, yo qué voy a bailar, si yo soy rock and roll”. Pero la salsa siempre estuvo conmigo. Siempre en la casa suena, siempre en diciembre suena alguna vaina de salsa.

CG: Pero entonces pasas del punk al flamenco y

¿cuándo empiezas a hacer salsa?

AR: Pues fíjate que en las rumbas flamencas —o “aflamencadas”, como prefiero llamarlas— ya había salsa. Sólo que, como no tenía esos recursos, me quedaba más breve hacer rumba. Varias de esas canciones, que son de hace años, ya las he podido montar como salsa. Realmente sólo las “aflamen- qué”, pero ya eran rumba y eran salsa. El proyecto se llamaba simplemente Rincón, mi apellido, porque nunca he sido muy creativo para los nombres [risas]. Y cuando ese proyecto acabó, pude al fin cumplir el sueño de hacer salsa. Porque cuando hacía lo del flamenco, yo siempre tenía presente que quería una orquesta. Eso siempre ha estado en mí. De hecho, hasta hace poco —por más que ya lleve algunos años en esto— recién este año pude meter vientos.


Alejandro Rincón y la Saloma. Salsa al Parque (2025). Fuente: https://acortar.link/DtWm63

Alejandro Rincón y la Saloma. Salsa al Parque (2025). Fuente: https://acortar.link/DtWm63

CG: ¿Y cuál era el formato de Rincón?

AR: Era cajón, dos guitarras, bajo y dos coristas, y yo como cantante. Dos guitarras acústicas. La ban- da la empezó a mover el percusionista que estaba en ese entonces, por lo que también siempre voy a estar muy agradecido (no nos hablamos hace rato, hace años), pero siempre valoraré mucho que fue él quien me apoyó para salir. Él ya tenía mucha más experiencia que yo —de hecho, yo era alum- no de él— y me dijo: “Oiga, ¿por qué no hacemos esto?” Y así empecé: me llevó primero a sitios

como San Café, que era por el Parkway, y a otros lugares; o armaban toques entre compañeros de música, como en la hamburguesería. Así empecé a moverme. Y bueno, la típica: salones comunales, cumpleaños…

CG: Y ahí, ¿grabaron algo con Rincón? ¿Cómo fue la transición de Rincón a Alejandro Rincón?

AR: Sí, se tuvo la oportunidad de grabar. Salieron cosas, pero no están tan visibles. Sí tengo por ahí algunas en internet de esa época.

CG: ¿Estamos hablando de qué año?

AR: Como 2012 o algo así, 2015 tal vez.

CG: Y después viene esa transición ya hacia Alejandro Rincón y La Saloma. Cuéntame un poco cómo fue ese cambio. Además, explícame esa pala- bra “Saloma”, que es poco usual y llamativa, ¿no?

AR: Digamos que empecé a hacer la transición hacia la salsa alrededor de 2017. Un buen amigo mío — quien hoy es el timbalero y baterista del grupo, y es muy salsero también— fue el que me empezó a copiar con la vaina de la salsa. Él me enseñó muchas cosas que yo no sabía, porque la verdad soy bas- tante ignorante en términos técnicos; sólo disfruto lo que escucho. Ese amigo me presentó a un con- guero que había estudiado música en Cuba, y ahí empecé a darle más forma a la música. Aunque no había piano, la guitarra empezó a sonar más hacia el son cubano, pero con un toque aflamencado, que era lo que me daba una diferencia para mostrar mi música. Después llegó una amiga corista que aportó mucho lenguaje musical y tensionó lo que hacíamos con coros femeninos, que siempre me han gustado y que mantuve desde el grupo anterior. Cuando lle- gó el pianista e introdujo el tumbao, quité la guitarra para ir haciendo algo más salsero, que fue siempre mi meta. Hasta hace poco pude incorporar la sec- ción de vientos, cumpliendo ese sueño de tener una banda completa de salsa. Después llegó la pan- demia y, preciso cuando logré conformar el grupo,

¡se jodió todo! Ah, bueno, y el guitarro eléctrico, que es otro amigo que quiero mucho —él es más punky—, me dijo: “Bueno, ¿y cómo le metemos?”. Yo le dije: “No, pues conservemos el rock and roll en la salsa, ¡métale su distorsión!”. Y así. Él terminó haciendo, con la guitarra, lo que serían los vientos: era el recurso que teníamos.


Alejandro Rincón y la Saloma. Salsa al Parque (2025). Fuente: https://acortar.link/DtWm63

Alejandro Rincón y la Saloma. Salsa al Parque (2025). Fuente: https://acortar.link/DtWm63

CG: ¿Y La Saloma? ¿Qué es La Saloma?

AR: Las salomas son unos cantos vinculados con los pescadores, los piratas o la gente del mar. Eran can- ciones que se entonaban para que la tripulación se uniera y cantara mientras trabajaba en los barcos, mejorando así su rendimiento. Por ejemplo, se can- taba algo como: [cantando] “¡César no sé qué, tin tin!” y el otro seguía, y eso hacía que la tripulación se mantuviera unida. Yo siento que en mi grupo pasa algo parecido. Aunque yo llevo las canciones, no es algo de una sola persona, porque está quien arre- gla y, a veces, me hacen correcciones enormes. Por ejemplo, cuando llego y digo: “¡Traje esta canción!”, me preguntan por ciertos acordes y me corrigen el tipo de séptimas o detalles técnicos, y ellos lo ano- tan. Es un trabajo colectivo, no trabajo en solitario. Las voces se colocan de cierta manera, se hacen cortes… y todo eso lo relacioné con ese espíritu. Por eso llamé al grupo La Saloma.

Después descubrí que La Saloma también es un canto campesino específico de Panamá, y ese significado me gustó mucho más, como homenaje a mi ídolo Rubén Blades —del que soy muy fanático—. Me pareció bonito conservar esa conexión, por eso quedó el nombre Alejandro Rincón y La Saloma. Hicimos una grabación durante la pandemia —irresponsable [risas]—. No es muy buena la grabación, de hecho, está bien caótica, pero se pudo salvar y fue como mi primer material con ese formato. Durante la pandemia vi que todo el mundo estaba grabando cosas y no había muchos recursos, entonces grabé un EP que se llama Cantilenas.

CG: Cantilenas, sí, yo lo escuché. Ahí hay una canción un poco aflamencada también, la que haces con una chica.

AR: Como no tenía el grupo completo, todo fue muy casero al principio. Solo con guitarra. El guitarrista también se encargaba de producir mi proyecto. Él le metió sus aportes con un organeta, y el pianista me ayudó con algunos teclados, aunque en ese momento la música no era realmente salsa. Había bolero, funky, estilos variados, pero no estaba muy ligada a la salsa. Tenía algunas canciones más salseras que ahora toco con la orquesta, pero en ese momento no. Además, el proyecto se llamaba Cantilenas porque eran canciones muy cortas, sin pregones ni nada parecido. Eso fue durante la pandemia. Luego pudimos volver a tocar, pero con muchas dificultades económicas. Y aún seguimos adelante, a pesar de todo.

CG: Sí, igual… pero eso que dices, por ejemplo, del funk, yo pienso que también pensar en una búsqueda exclusivamente purista, salsera, es muy complicado. Porque además somos de una ciudad que tiene —lo que decíamos ahorita— un ambiente con otras músicas que están ahí, en la ciudad, y que nos permean a todos y todas. Bueno, entonces tú el año pasado publicaste un álbum que se llama Jocundo. Cuéntanos un poco de Jocundo: de dónde nace, cuál es la historia.

AR: Jocundo nace inspirado en un álbum de Rubén Blades que se llama “Cantares del subdesarro- llo”. No imitando a Rubén con sus personajes, sino porque yo ya tenía en mente un personaje —más o menos desde la pandemia estaba pensado, o me apareció, me visitó el personaje— y así nació. Es un disco grabado con un solo micrófono desde mi cuarto, como un homenaje al son cubano: con

guitarra, tiple… El bajo es trampa porque no tengo bajo [risas], entonces lo hice con la guitarra. En el programa hay una opción que baja el tono, entonces así quedó el bajo. Y bueno, de hecho, la historia es en Bogotá. Todo el disco es bogotano. El álbum está lleno de referencias de acá: está Monserrate, hay muchas cosas. El diseño lo hizo mi mejor amigo.

CG: ¿Y construiste primero toda la historia y la fuiste fragmentando en canciones, o cómo fue el proceso creativo?

AR: La primera es un intro sólo con la guitarra y después entra la canción que se llama “Jocundo”. Yo ya tenía esa letrilla en pandemia, pero la dejé y se me empezó a ocurrir… hasta que empezó. Hay unas canciones que tienen que ver con la historia y otras que me servían, que ya existían, o sea que ya las había escrito hace rato, que me sirvieron para conectarlas: hay una canción que se llama “Luna Bogotana”, que es la única que no es mía, sino que la había hecho mi papá quien sabe cómo, en los ochenta o algo así. Y es como un homenaje, de hecho, él ahí sale tocando el clarinete, fue la única vez que tuve vientos digamos antes de ahora que ya tenemos brass.

“Jocundo”, no sé de dónde viene el tipo, no sé si es de Cundinamarca o de dónde viene; pero viene a Bogotá y es un trabajador, es un trabajador como cualquiera, todos tenemos el ADN de él, y es una vida normal, común y corriente; de un tipo que sufre de desamores, le hace falta el trabajo, se enamora de una muchacha que vive en un pueblo lejano, él se va hasta ese pueblo lejano, que no sé cuál es, y ella se devuelve a Bogotá pero él sí quería seguir allá porque tuvo sueños, o sea, es una historia común y corriente de un tipo normal.

CG: ¿Pero es un migrante?

AR: Sí, seguramente.

CG: ¿Es un migrante o un desplazado?

AR: Puede ser, puede ser que él sea del Páramo de Sumapaz, que eso es Bogotá, pero es por fuera, digamos, pero creo que es como de Cundinamarca. Además, es un man que ha estado tal vez en la guerra, puede que el tipo sea como de los cuarenta o algo así, y de hecho no se sabe si murió al final de la canción, no se sabe, porque estaba preso, enton- ces como ahí…tiene todo, tiene amor, desamor y la vida social.

Alejandro Rincón y La Saloma (2025). Archivo del artista.

Imagen 3: Alejandro Rincón y La Saloma (2025). Archivo del artista.

CG: ¿Es algo así como lo que en un tiempo llamaron como salsa conciencia?

AR: Es lo que más me gusta, sí, esa temática es la que más me gusta.

CG: Vale, entonces, bueno, venías con unas can- ciones desde antes, está la canción de tu papá, construiste la historia y compilaste todo eso en un álbum. Cuando sacas el álbum, ¿cómo te planteas la estrategia para que la gente lo oiga, para poder mostrar ese trabajo que hay ahí?

AR: Te voy a ser sincero, es que yo no soy muy bueno para eso, no tengo mucha experiencia o habilidad en eso, yo quisiera solamente escribir y cantar, pero sé que, en nuestro mercado, en nuestro oficio hay que aprender...

CG: Pero igual tú tienes unos oyentes, o sea; algo tuvo que haber pasado para que…

AR: Esa gente, afortunadamente, sí me apoyó; tuve un concierto de lanzamiento, que aquí entre noso- tros fue terrible para mí, porque preciso me cayó en una final del fútbol colombiano. Yo soy muy hincha de Santa Fe; entonces jugaba Santa Fe y yo estuve todo nervioso, preciso me cayó el concierto de lanzamiento el día del partido, entonces me perdí la primera final. Y todos mis amigos que fueron a apoyarme se burlaron de mí porque prefería el partido que el lanzamiento, pero no, ahí estuve, estuve en el lanzamiento, fue muy bonito, se hizo algo distinto; y es que uno de mis mejores amigos hace stand up comedy, entonces en vez de llevar un telonero el hombre preparó y se montó su cuento para presentar al grupo. Y durante el concierto lo hice como contando la historia del personaje; obvia- mente es muy corto, entonces después de cantar el disco canté otras, ya del repertorio del grupo y eso.

CG: ¿Y dónde hiciste el lanzamiento?

AR: En un sitio que se llama Teatro de Garaje, que es como por la 50 y pico, está cerca de la Marly, más o menos. También nace ese disco por un trabajo, entonces estaba en un trabajo que era como editar episodios de podcast y eso, y la empresa nos había instalado un programa que se llama Audition, enton- ces ese trabajo me ayudó mucho a aprender, yo no sabía cosas técnicas; de cómo se llama el botoncito ni nada, pero aprendí a usarlo. Entonces dije bueno, voy a hacer una canción, voy a experimentar, hice la primera canción, me gustó y ahí seguí con el disco a oído fue que empecé.

CG: Ahora viene otro proceso que creo que te tie- ne muy emocionado, que es: “En la próxima parada”. Entonces, hablemos de la canción; a mí me llama la atención, y lo veo también incluso en “Jocundo”, “Saloma”, que tú usas un lenguaje a veces literario: hay en tu propuesta ciertas palabras que no son tan- to del uso común del lenguaje, sino que pareciera que te interesa cierto registro literario.

AR: Me encanta, nunca estudié literatura, pero me fascina. Mi papá me crió con Serrat, entonces de ahí viene mucho el uso del lenguaje. También, no sé, hay artistas españoles por los cuales he estado muy influenciado, tal vez por lo del flamenco, en lo del Punk también… El lenguaje es demasiado gigan- te para no aprovecharlo. De hecho, sé que a veces quedo como grosero y me toca pedir perdón, por- que en el WhatsApp yo nunca mando nota de voz, no por grosero, sino porque yo quiero que se pue- da seguir escribiendo, usando la coma, usando el punto. Me gusta mucho eso, soy medio obsesivo. También siento que al final, las personas que afor- tunadamente han seguido este proyecto, les gusta, porque es como lo que me diferencia; ese estilo de

escribir, digamos que me da como mi sello en mi grupo.

CG: Sí, aunque bueno, ya cuando empieza el coro

y todo, se siente un poquito como la influencia de la timba; ya se siente más romántico.

AR: Somos muy timberos en el grupo, sobre todo el conguero y el bajista, son bien timberos; porque el conguero estudió en Cuba, tiene muy impregnado eso, y como te digo, todos van aportando su vaina. Digamos que esta canción me gusta porque fue la primera con la que tuve la oportunidad de grabar incorporando los vientos. La historia parece más grande de lo que es, porque es de verdad, es cuan- do uno se sube al Transmilenio o al bus y se enamora de una muchacha, o viceversa, en este caso de una mujer: ¿qué pasa? Uno siempre…tímido, torpe, no sé. ¿Has visto ese meme de Homero Simpson que le dicen hola y el tipo ya baja con vestido de matrimonio? Es más o menos así; como que uno dice qué chica tan guapa, tan bonita, y uno se imagina una película, sin llegar a un cuento de ser acosador ni nada, sino lo romántico, lo bonito de fijarse en una muchacha; y que a uno varias veces le ha pasado eso, que uno se sube al bus y ¡Ish!… pero luego uno se baja y se acaba la historia; o se baja uno o se baja ella, y nunca más vuelve uno a verla.

CG: ¿Y se te ocurrió en un Transmilenio?

AR: Se me ocurrió en un Transmilenio, sí, sí, sí. Y fue con una chica específica, que me movió muchísimo, y así nació la canción.

CG: Entonces, bueno, tú compones la canción con tu guitarra, se la llevas al grupo, y... ¿Por qué deciden: “bueno, esta la vamos a montar en formato orquesta, la vamos a arreglar y producir”?

AR: Digamos que el motivo de grabar esta canción en específico fue porque al grupo le pareció que era como la más comercial o bonita que yo he escrito. Yo tiendo a escribir mucho más de temática social, entonces esto dio como un respiro también a ese cuento. Y me pareció bien también hacerlo. De hecho, la canción es bien vieja, sólo que hasta ahora se pudo grabar. El bajista es el que se pone ahí a trabajar en forma en la cuestión de los arreglos. Pero esa canción nació antes de que él llegara, el bajista, me refiero. Y el conguero fue el que hizo primero unos arreglos y ya el bajista pues terminó de cuadrar para trompeta y trombón. Es que el asunto pasa mucho también por la facilidad. Yo sé que podría hacerlo con más músicos, pero también está en lo justo; pagarle al grupo lo justo, pues mientras más personas hay… aunque yo quisiera y me muera por tener muchos músicos, no puedo pagarles lo justo a todos. O sea, que todos reciban lo justo es para mí muy importante porque igual todos... Para mí es muy fácil decir: “sí, bueno, yo escribí y vamos y ensayamos”. Pero los demás llevan su instrumento, ensayan horas, vienen desde tal sitio de la ciudad. Eso no se contempla mucho y eso es muy valioso.

CG: Y es difícil porque no siempre se respeta el trabajo musical y tampoco el trabajo de la música original. ¿Ustedes también interpretan un repertorio de covers?

AR: No, hasta ahora estamos haciéndolo porque casi siempre me ha gustado cantar lo propio. Pero para que sea más ameno y conseguir un nuevo público, ya hemos ido accediendo, incorporando algunas que sí, que son más conocidas. A raíz de esta canción que se lanzó nueva “En la próxima parada”, con este formato en el que ya pudimos involucrar vientos, ya están en camino unas cuantas canciones que tendrán ya ese formato, que era el objetivo para mí. Por eso es muy importante para mí esta canción porque mi objetivo era sonar a salsa, salsa. Digamos como que los vientos van a aparecer ahora en las grabaciones, pero sí ya hemos estado tocando con vientos. Ya se ha podido...

CG: ¿Ya tienes todo el repertorio con vientos?

AR: Sí, ya están hechos los arreglos, entonces sólo es cuestión de que se puedan grabar y subir para ser escuchados. Pero ya se ha estado tocando con vientos.

CG: ¡Trabajo para el arreglista!

AR: Tenaz, de hecho, es injusto…porque el tipo merece más; el cielo y la tierra todo. Merece el cielo.

CG: Pero tú y él son muy jóvenes; hay tiempo.

Seguramente hay tiempo para que todo eso llegue

Después de Salsa al Parque el 5 de octubre de 2025, Alejandro Rincón debutó en el Festival Salsa al Parque con su grupo La Saloma. Yo asistí al parque Simón Bolívar con la expectativa de verlo, más aún después de la agra- dable conversación que habíamos tenido meses atrás. Alejandro salió al escenario con su blazer de paño verdoso, pantalón y camisa negra, su sombre- ro y su acostumbrado bigote, acompañado por una banda de músicos muy jóvenes que interpretaron un repertorio ensamblado entre la salsa de raíz, la timba contemporánea y el bolero urbano.

El show tuvo contrastes de intensidad, buenas letras y melodías bien construidas. Después de empezar arriba con la timba, nos ofrecieron el nostálgico y reflexivo “Jocundo”: “Oye, Jocundo, que contrariedad”. Las armonías vocales de las coristas, las afincadas y enclavadas intervenciones de los metales, la base rítmica moderna y sabrosa —con batería timbera, timbal y conga—, y la armonía bien conducida con tumbaos y guajeos precisos, hicieron que los asistentes pasáramos un momento musical digno de un grupo profesional, con proyección internacional.

Viendo a Alejandro pensé mucho en el futuro de la tradición de la salsa. La emergencia de proyectos muy salseros que, sin renunciar a la raíz, logran conectar con lo local más allá de la imitación del canon, me parece profundamente esperanzadora. Que los músicos sigan haciendo salsa con lengua- je tradicional, sin recurrir a la moda, es importante, sobre todo cuando lo hacen con la intención clara de posicionar una voz particular. Tener una voz pro- pia no es contrario a hablar un lenguaje compartido; por el contrario, lo enriquece y lo renueva. En ese sentido, salí muy contento después de la presentación de Alejandro y su gran orquesta.

Me sorprendió la calidad técnica de La Saloma y el lenguaje salsero, timbero y bolerístico de sus arre- glos. Alejandro conectó con el público desde la sencillez y la honestidad. Le habló a Salsa al Parque con el mismo tono con que me habló en aquel café del centro donde hicimos la entrevista: sin pre- tensiones, con una ilusión genuina por mostrar su trabajo y con ese orgullo tranquilo de quien sabe que está construyendo una salsa hecha en Bogotá, con identidad propia y con corazón.

Referencias

Padura, L. (2020). Los rostros de la salsa. Barcelona: Tusquets Editores.

Pagano, C. (2018). El imperio de la salsa: historia, entrevistas y semblanzas de salseros famosos. Bogotá: Editorial Ícono - Códice Producciones.

Valverde, H. (2007). Con la música adentro. Cali: Universidad del Valle, Programa Editorial.

Jursich Durán, M. (2014). Fuera Zapato Viejo: crónicas, retratos y entrevistas sobre la salsa en Bogotá. Bogotá: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

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