DOI:
https://doi.org/10.14483/25009311.22539Publicado:
2024-12-16Número:
Vol. 11 Núm. 18 (2025): Enero-junio 2025Sección:
Sección CentralRamiro Isaza Mejía, maestro de la guitarra en Colombia. Recuerdo de su labor a veintiún años de su fallecimiento
Ramiro Isaza Mejía, master of the guitar in Colombia. Remembrance of his work twenty-one years after his death
Ramiro Isaza Mejía, mestre do violão na Colômbia. Lembrança de seu trabalho vinte e um anos após sua morte
Palabras clave:
Ramiro Isaza, guitarra en Colombia, Conservatorio Universidad Nacional de Colombia, Cuarteto Espiral (es).Palabras clave:
Ramiro Isaza, guitar in Colombia, Conservatory of Music, National University of Colombia, Cuarteto Espiral (en).Palabras clave:
Ramiro Isaza, guitarra na Colômbia, Conservatório da Universidade Nacional da Colômbia, Quarteto Espiral (pt).Descargas
Referencias
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Bermúdez, E. (1985). Notas al programa de mano Concierto Cuarteto Espiral, octubre 23 de 1985. Sala de Conciertos Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República.
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Recibido: 31 de julio de 2024; Aceptado: 21 de septiembre de 2024
Resumen
Transcurridos ya veintiún años del fallecimiento del guitarrista y pedagogo Ramiro Isaza (Medellín, 31 de diciembre de 1947 - Bogotá, 13 de mayo de 2003), quien fuera un comprometido impulsor de la carrera de guitarra en la Universidad Nacional de Colombia, y fundador del primer cuarteto de guitarras, el Cuarteto Espiral, se pretende en el siguiente escrito estudiar aspectos de su recorrido y su labor, que abrieron una gran puerta al desarrollo de la guitarra clásica en Colombia.
Palabras clave
Ramiro Isaza, guitarra en Colombia, Conservatorio Universidad Nacional de Colombia, Cuarteto Espiral.Ramiro Isaza Mejía, maestro de la guitarra en Colombia. Recuerdo de su labor a veintiún años de su fallecimiento
Para el presente artículo me he basado en gran medida en el propio relato que el maestro Ramiro Isaza plasmara en la publicación Arte en los noventa, de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (aparecida después de su fallecimiento), así como apartes del texto de presentación de la musicóloga Susana Friedmann, coordinadora de esta publicación ( 2004).
También, gracias a la gentil ayuda de su esposa, Rosa Cantor de Isaza –quien afortunadamente, para quienes conocimos al maestro Ramiro Isaza, aún le sobrevive–, fue posible acceder a las entrevistas guardadas en su archivo de prensa.
Inicialmente, la publicación Arte en los noventa refleja la excelente acogida que el maestro Isaza recibió por parte de los maestros de la Facultad de Artes de aquel entonces como gestor de la enseñanza de la guitarra clásica. Su aporte crucial para el desarrollo de este instrumento en Colombia coincidió con los interesantes desarrollos que por esos mismos años se estaban dando en la práctica y estudio de la música antigua, encabezados por el musicólogo Egberto Bermúdez, y de la música contemporánea, liderados por el compositor y arquitecto Mauricio Bejarano, ambos docentes de la Universidad Nacional de Bogotá.
Que Ramiro Isaza haya hecho parte de esta publicación que pretendía revelar las acciones pioneras en estas disciplinas y la valoración que se brindó a la llegada de la guitarra clásica a los programas curriculares de música instrumental del Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia da cuenta de la alta estima de la que gozaba el maestro Isaza y su visión de la música de guitarra por parte de sus contemporáneos.
Su muerte inesperada causó un fuerte impacto en el medio de la guitarra y las artes en general en Colombia. Precisamente la ya extinta publicación de la emisora H.J.C.K [1] , expresó en su edición de junio de 2003: “Pocas veces se ha registrado en los círculos musicales de Bogotá un sentimiento más evidente de pesar y sorpresa como el que estremeció el pasado 13 de mayo al conocerse que el gran maestro de la guitarra Ramiro Isaza Mejía había fallecido súbitamente”. (Revista Programas. Emisora H.J.C.K., junio de 2003, p. 20).
El camino a la conformación del programa de guitarra del Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia
Podemos decir que la presencia de la guitarra clásica solista en Colombia fue surgiendo acorde al desenvolvimiento de la historia propia del país. El interés por esta forma de práctica instrumental se manifestó en espacios culturales y sociales diversos y no necesariamente conectados entre sí, pero que, en las décadas de los años ochenta y noventa, encontraron un camino suficiente madurado para su consolidación. De todos estos, entre los espacios de formación avanzada, por su ubicación e historia la Universidad Nacional en Bogotá adquirió alta significación en el país.
Precisamente, quien escribe recuerda su niñez en búsqueda de escuelas o maestros de guitarra clásica, encontrando principalmente los de enseñanza de acompañamiento o guitarra popular o, en algunos centros culturales, se ofrecían principios en formación instrumental y teórica. Esta búsqueda me llevó a encontrar al maestro Ramiro Isaza, quien, a raíz de su regreso al país después de una estadía de tres años en Francia en 1977 [2] , inició su campaña de apertura de espacio a la guitarra clásica, logrando finalmente, en 1986, la inclusión de este instrumento como carrera en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.
La musicóloga Susana Friedmann, docente del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional, manifestó entusiasmo por el gran aporte realizado por el maestro Ramiro Isaza, y como coordinadora del contenido de la publicación Arte en los noventa decidió invitarlo como parte del grupo de docentes por “de alguna manera u otra influir en la consolidación de nuevos campos de acción que surgieron en la década de los noventa, y que han logrado imprimirle a nuestra institución un sello de renovación y excelencia de amplio reconocimiento” (Friedmann, 2004, p. 31).
La maestra Friedmann, relacionando el testimonio de Ramiro Isaza, a quien se refirió como “colega y amigo”, continúa diciendo que,
más que un análisis crítico de lo que ha sido un avance indiscutible en la aceptación de una carrera reconocida en la mayoría de los conservatorios y escuelas de música europeas pero que anteriormente se excluía de nuestra academia, por no considerarse dentro de las carreras tradicionales (que básicamente preparan a los músicos de nuestras orquestas sinfónicas) es un cálido y fascinante recuento de lo que fue su trayectoria profesional. (Friedmann, 2004, p. 31)
En su texto de presentación al escrito de Ramiro Isaza en Arte en los noventa la maestra Friedmann también enfatizó que
gran parte del relato de Ramiro Isaza es un testimonio relevante sobre la ardua tarea de adquirir seguridad y confianza en un campo vedado en la academia, de conseguir reconocimiento por parte de la academia, específicamente de la Universidad Nacional de Colombia lo que logró al ser nombrado profesor de esta en los años ochenta”. (Friedmann, 2004, p. 33)
Y concluye escribiendo:
Lamentablemente, el fallecimiento de Ramiro interrumpió este testimonio, pero indudablemente su empeño y dedicación como maestro y colega dejará su huella en la multitud de alumnos que dejó y que llevan no sólo su excelencia sino también su profundo compromiso con la música tanto popular como erudita, tanto universal como nacional, y con su papel como maestro y como ser humano (Friedmann, 2004, p. 34)
Así, a continuación de la genuina y admirativa introducción por parte de la musicóloga Susana Friedmann Altmann, el propio Ramiro Isaza, en las páginas siguientes de Arte en los noventa, recuerda su periplo para dar inicio al programa de este emblemático instrumento en la Universidad Nacional de Colombia.
En las memorias recogidas en la mencionada publicación, Isaza expresa al inicio de su reflexión: “En el presente trabajo me propongo compartir, de manera resumida, más de dos lustros de la guitarra en la Universidad Nacional de Colombia y por ende en el país” (2004, p. 71). En el mismo párrafo el maestro reitera:
Digo más de dos lustros, puesto que aunque se trata de analizar los logros y las realizaciones de la guitarra en la década de los noventa, es necesario recurrir a una semblanza, así sea muy rápida, de al menos partes significativas de dos lustros anteriores para llegar a los noventa de manera coherente y justa.
(…) Para poder penetrar en lo que significó la guitarra en la Universidad Nacional de Colombia –y por ende en el país– en la década de los noventa, tenemos necesariamente que analizar antecedentes muy significativos que se generaron en la década de los ochenta, como ya se ha expresado. (Isaza, 2004, pp. 71-72)
Entre estos antecedentes Ramiro Isaza relacionó sus estudios en París con el internacionalmente reconocido guitarrista Alberto Ponce, quien fue su más reconocido maestro y a quien siempre tuvo como referencia para su trabajo como profesor y artista en los años después de su regreso a Colombia. Así lo expresa el mismo maestro Isaza:
Luego de estudiar varios años en París, con el maestro español Alberto Ponce, una de las referencias más altas, sin duda, de la guitarra en el planeta regresé al país con un importante caudal de conocimientos, pero ante todo con una inmensa avidez de comunicarlos y de formar una escuela de guitarra en el sentido más profundo, aprovechando los inmensos talentos de guitarristas dispersos, necesitados de devorar todos los conocimientos”. (2004, p. 72)
Según las memorias relatadas por el guitarrista en esta publicación, a su regreso de Francia buscó el apoyo de diferentes personajes del ámbito musical y cultural, empezando por su antiguo maestro de guitarra y también chelista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia Daniel Baquero, quien lo conectó con Mauricio Cristancho, violinista y director de la escuela Centro de Orientación Musical Francisco Cristancho, institución donde Isaza enseñó por varios años, antes de los talleres que ofreció en la Universidad Nacional y llevaron a la futura consolidación del programa de guitarra. De ese período Isaza relata:
Me encontré entonces, a mi regreso, con un grupo fabuloso de guitarristas, llenos de importantes virtudes, dispuestos a jugársela toda por su instrumento amado y con una convencida disciplina, clara y consciente, a la espera de unas metodologías adecuadas que les permitiera canalizar todo su potencial. Todo esto trajo como consecuencia el que en muy corto tiempo mis discípulos empezaran a realizar conciertos en diversos auditorios, en la radio y en la televisión. Yo paralelamente hacia lo mismo. (Isaza, 2004, p. 74)
Fue a través del ingeniero Mario Valencia, amigo de Isaza, quien recién había regresado a Bogotá después de estudiar en Alemania, que se les propuso a las directivas del Instituto Cultural Colombo Alemán la realización de un taller nacional de guitarra a su cargo. Fue en esta época cuando, intentando encontrar un maestro de la guitarra como lo había oído en los discos de Yepes y Segovia, hallé a Ramiro Isaza.
Su relato prosigue:
Las directivas lo aprobaron y fue un éxito bastante significativo. Acudieron guitarristas de otras ciudades y un grupo considerable de los nuestros. Fue una semana continua de clases magistrales, conferencias y conciertos, con una excelente divulgación en todos los medios. Su éxito fue tal que se institucionalizó hasta llegar al tercero, con unos resultados sorprendentes, pero todo terminó justo con el tercero de los talleres. El señor Hoffman, director del instituto me dijo un día con gran vehemencia:
Una actividad que triunfa de esa manera durante tres años consecutivos, no debe arriesgarse. Es mejor terminarla y que quede de ella un gran recuerdo.
El maestro Isaza concluye que no supo qué decirle y no tuvo otra opción aparte de quedarse callado: “…no se me ocurrió nada para argumentarle. Hoy pienso que quizá debía haberlo hecho, aunque no sé si tal vez él tenía razón”. (Isaza, 2004, p. 77)
Imagen 1: Certificado de participación en uno de los primeros talleres al público dictados por el maestro Ramiro Isaza en el Instituto Cultural Colombo Alemán en Bogotá.
Como consecuencia del éxito de este evento, las visitas, también reseñadas por Isaza de reconocidos guitarristas como Miguel Ángel Girollet, Angelo Ferraro, Manuel López Ramos, y sobre todo del mundialmente famoso solista uruguayo Eduardo Fernández, paulatinamente fueron contribuyendo a aumentar los admiradores de la guitarra clásica y los discípulos del maestro.
En este orden de ideas el maestro Isaza continúa su relato:
Pienso que toda esta presencia de la guitarra a través de los diferentes medios fue facilitando el proceso, y entonces el profesor Guillermo Ortega se comunicó con el maestro Sigfried Miklin, director del Conservatorio, quien se interesó con la idea de la guitarra, y a través de Guillermo me mandó llamar para proponerme realizar algunos cursos, y a partir de los resultados, motivar a las directivas de la Universidad para que por fin se abriera la tan anhelada carrera de Guitarra en el Conservatorio. Los cursos se iniciaron en 1983, previa una convocatoria a través de la prensa, a estudiantes interesados, con unas exigencias bastantes altas; a ellas acudieron un buen número de guitarristas. Un jurado idóneo se encargó de seleccionar los doce con quienes se comenzaría el curso y de los elegidos por el jurado once resultaron ser alumnos míos.
El otro estudiante seleccionado para completar los doce discípulos fue el guitarrista Emiliano Mayor, a quien el maestro Isaza recordó en su escrito como un reconocido guitarrista residente en Cali, a quien había escuchado en un maratónico concierto de más de dos horas en el Teatro Colón, y quien se había entusiasmado con la idea del programa y decidió radicarse en Bogotá y “sumarse a la lista de estudiantes. (Isaza, 2004, p. 78)
Según el maestro Isaza los resultados de estos cursos se dieron muy rápido por el buen nivel de los seleccionados, quienes realizaron varios conciertos. Sin embargo, la Universidad estuvo cerrada en el 1984, postergando los cursos para los años 1985 y 1986, en los que
la calidad de estos creció vertiginosamente, por lo cual la Universidad tomó la decisión de abrir la carrera de Guitarra y convocar, como es costumbre, a un concurso nacional, que tuve el privilegio de ganar. Y es entonces a partir del año de 1987 que se inicia la carrera como tal. (Isaza, 2004, p. 79)
A partir de ese momento ingresamos a la carrera recién abierta, Mario Riveros, Jaime Morán, y quien escribe, siendo, por ende, los primeros músicos graduados como guitarristas de la Universidad Nacional de Colombia (Gómez en 1991, Riveros y Morán en 1992) [3] .
En medio de esta serie de sucesos es necesario mencionar que el maestro Isaza fundó su propia escuela de música, Asociación Musical Amadeus, en la que igualmente fomentó la preparación para el ingreso a la universidad.
Imagen 2. Acta de aprobación de la carrera de Guitarra en la Universidad Nacional de Colombia. (1986)
El tiempo que pasé en el Conservatorio de Música en la recién establecida carrera de Guitarra fue en extremo grato. Había un ambiente muy positivo y con sincera camaradería. En junio de 2003, en homenaje al recientemente fallecido maestro Isaza, tuve la oportunidad de escribir unas palabras para la revista de la emisora de la H.J.C.K, de las que quisiera citar el siguiente aparte:
Entre 1987 y 1991, fueron unos años preciosos en los que en el salón 213 del Conservatorio pude conocer de cerca la asombrosa capacidad de comunicación del maestro. Su guía siempre fue amorosa y delicada. Junto con la importancia de la técnica y el buen sonido, hacía énfasis en la historia del arte y otras disciplinas. Su vasta cultura se armonizaba con una aguda intuición que le permitía ahondar en el interior del alumno que encontrase frente a él. (Gómez, 2003)
Su permanente compromiso con la enseñanza motivó a los entusiastas estudiantes a que muchos años después, en 1997, ellos mismos crearan el primer Festival de Guitarra Clásica ‘Gritos de madera’ en Homenaje al Maestro Ramiro Isaza, hecho que sin duda ocasionó un gran gozo en él. Citamos nuevamente de su escrito en la publicación Arte en los noventa:
(…) Una emocionante sorpresa, que me llenó de profunda alegría, fue cuando leí en los carteles y programas lo siguiente:
“Primer festival de guitarra clásica ‘Gritos de madera’, en homenaje al maestro Ramiro Isaza”. Me conmovió también el texto que escribió para todos los programas mi querido discípulo, hoy estudiante de mi maestro Alberto Ponce en París, Alejandro Olarte [4] . Quiero transcribirlo tal como Alejandro lo expresó:
Junto al espíritu latino, controvertido y soñador, una compañera ha mostrado ser fiel a sus caprichos, a sus días y a sus melancolías; una compañera de múltiples rostros que en manos de poetas, estudiosos, pensadores y humanos ha mutado en emociones las inquietudes y las esperanzas.
Ramiro Isaza ha tomado la guitarra para conducirla dentro del inacabable espacio de la expresión artística a la institución, a la dimensión académica, para entregarle a nuestro medio seres comprometidos en la reflexión del lenguaje, en la elaboración de puentes temporales y espaciales entre hombres de todos los tiempos y todos los lugares.
Por esto y por el profundo afecto que sentimos, queremos reconocer su labor, llevando su semilla en nuestro trabajo a todos los que comparten el gusto por nuestra compañera.
De esta actividad en pro de la guitarra, Ramiro Isaza destacó, con su acostumbrada generosidad, los nombres de cada uno de los estudiantes, a quienes llamó “quijotes”. Los seis quijotes del comité organizador fueron Alejandro Olarte, Juan Carlos Calderón, Julio César Eligio, Sergio Isaza y Marvin Thovinson. (Isaza, 2004, p. 80)
Este festival fue sostenido por varios estudiantes durante los años siguientes, pero el fallecimiento del maestro Isaza fue un hecho que afectó la continuidad. Sin embargo, el interés y un profesionalismo con cada vez mayor nivel, tanto en la Universidad Nacional como en otras universidades, dio frutos en la posterior apertura del Encuentro Internacional de Guitarra en el año 2000, auspiciado por la empresa privada Compensar bajo la dirección de la gran gestora cultural María Stella Fernández y la dirección artística de Eduardo Fernández.
La creación del Cuarteto Espiral
La conformación del que sería el primer cuarteto de guitarras en Colombia, el Cuarteto Espiral, sería el otro gran logro de Ramiro Isaza.
Gracias al talento de algunos de sus estudiantes el maestro Isaza consideró que sería determinante crear una agrupación de guitarras. Según la entrevista aparecida en el periódico El Tiempo en julio de 1986, Isaza reveló que “En 1982 varios discípulos terminaban sus estudios y nos íbamos a tener que separar, pero había cuatro entre los que había trascendido la relación maestro-discípulo a algo más cálido y tenía que existir un medio para permanecer unidos”. Entonces surgió la idea de formar un cuarteto. El concepto de cuarteto, para Isaza, está muy cerca de la perfección: son cuatro las estaciones, los elementos y los puntos cardinales (Alfaro, 1986).
El maestro Isaza también se extiende sobre la conformación de este grupo en Arte en los noventa:
Por esa misma época convoqué a tres de mis más avanzados discípulos, hoy todos reconocidos artistas: Arturo Parra [5] , José Edgar González [6] y Rafael Campo Vives [7] y les propuse la creación del primer cuarteto de guitarra en Colombia y uno de los poquísimos en el mundo: el cuarteto de guitarras “Espiral”. Desde sus inicios el cuarteto ofreció conciertos en diversos escenarios y realizó grabaciones para radio y televisión. (Isaza, 2004, p. 76)
En este proceso de creación Ramiro Isaza contó igualmente con el apoyo de sobresalientes colaboradores, como los artistas plásticos Emma Reyes, Saturnino Ramírez y Luis Caballero y, según su relato, fue principalmente el gran clavecinista colombiano Rafael Puyana quien apoyó el cuarteto con entusiasmo desde sus comienzos.
Ramiro Isaza describe así su encuentro con este gran personaje:
Nos citó el maestro Puyana para escucharnos, a las nueve de la mañana, y a esa hora en punto llegó. Recuerdo que entre temerosos y decididos llevamos todo el repertorio que teníamos, a pesar de que en el fondo sentíamos que tan importante personaje nos escucharía tan solo unos pocos minutos. La verdad fue bien diferente y el maestro nos escuchó prácticamente durante toda la mañana y nos dio sabios consejos que cambiaron positivamente muchos momentos del cuarteto. Luego nos propuso que iniciáramos una temporada de conciertos en su fundación [8] en los cuales participaron también Martha Senn, Álvaro Huertas y Adrián Chamorro [9] . (Isaza, 2004, p. 77)
El Cuarteto Espiral gozó de gran acogida y difusión por parte de programadoras de aquel entonces como Punch Televisión o la Radio y Televisión Nacional de Colombia (en ese entonces Inravisión y Radiodifusora Nacional). Este apoyo y difusión fueron considerados como eventos positivos,
que abrieron muchas puertas y el cuarteto durante sus siete años de existencia gozara de una intensa actividad de conciertos, grabaciones radiales en medios culturales y comerciales lo cual nos permitió llegar a millonarios auditorios en varias oportunidades. (…) El cuarteto fue un verdadero paradigma para los guitarristas y otros grupos de cámara, siendo además inspirador para agrupaciones musicales que se organizaron en la década de los noventa y que siguen creciendo año tras año. (Isaza, 2004, p. 77)
Imagen 3.El Cuarteto Espiral con sus primeros integrantes; de izquierda a derecha: José Édgar González, Arturo Parra, Ramiro Isaza (director), y Rafael Campo Vives. Foto de El Tiempo, para su recital en la Fundación Arte de la Música de abril 27 de 1983. Cortesía: Mauricio Posada de su archivo personal.
A lo largo de la existencia del cuarteto hubo varios cambios y relevos. Por él transitaron más estudiantes de Ramiro Isaza, como Daniel Sánchez, Omar González, Víctor Torres y María Claudia Tamayo entre otros. Con Tamayo precisamente se presentaron el 23 de octubre de 1985 en un recital de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
Uno de los aspectos, quizá el más importante que motivara la creación del cuarteto, fue que este interpretase obras originales para este formato de cámara. Fue esta una visión que, debido al escaso repertorio para tal agrupación, los llevó a realizar inicialmente adaptaciones de obras para cuartetos de otros instrumentos de diversos períodos [10] . La mayor parte de las obras originales fueron del siglo XX, incluida la obra del mismo Ramiro Isaza, Espiral, que contiene las secciones Fantasía y Ostinato.
Según los comentarios del musicólogo colombiano Egberto Bermúdez quien escribiera las notas para este programa, la obra Espiral se distingue por las siguientes características:
Espiral (1983), está estructurada en dos secciones principales Fantasía y Ostinato. En búsqueda de contrastes tímbricos el autor hace uso de la scordatura en dos de los instrumentos (6ta en Si y 5ta en Sol logrando así una ampliación notable del registro natural de la guitarra que es explorado musicalmente en la contraposición de las secciones temperada y no temperada de los instrumentos. Temáticamente la obra utiliza motivos y temas que reciben el tratamiento anterior especialmente en las variaciones (armónicas, tímbricas, etc) del tema Ostinato del segundo movimiento. La Fantasía está inspirada en las obras renacentistas de su mismo nombre cuya estructura combina secciones basadas musicalmente en el juego contrapuntístico con motivos cortos. (Bermúdez, 1985)
Si bien es posible escuchar al Cuarteto Espiral en grabaciones que están resguardadas en el archivo de la Radio Nacional de Colombia y la Biblioteca Luis Ángel Arango, en su momento el cuarteto logró realizar un casete, con fines comerciales, este hecho de alcanzar con dificultades a publicar un casete, fue motivo de queja por parte del maestro Isaza, quien, en la entrevista del periódico El Tiempo en 1986, donde hablara de su carrera, la apertura del programa de guitarra y la creación de su Cuarteto Espiral, también expresara que “Es increíble que en un país como este donde los músicos populares pierden la cuenta de sus discos nosotros después de muchos esfuerzos y ayudas logramos materializar un casete apenas el año pasado…y eso que somos el único cuarteto de guitarra clásica del país” (Alfaro, 1986).
La Suite del tiempo
Ramiro Isaza compuso un pequeño pero significativo corpus para guitarra, dentro del cual se pueden mencionar las Fantasías 5 y 7, Tarde en la serranía y Tarde en la llanura y su reconocida Suite del tiempo. Hasta la fecha sólo se han encontrado partituras de la Suite del tiempo.
Todo el conjunto de obras fue grabado por el mismo Isaza en el disco Tiempo de Guitarra (1999) [11] , y fue interpretado igualmente en el concierto del Primer Encuentro con la Guitarra de Compensar en el año 2000 [12] .
La Suite del Tiempo está conformada por cuatro movimientos:
-Preludio del tiempo
-Danza para olvidar el tiempo
-El tiempo en el espacio
-Mas allá del tiempo
Según el mismo maestro Isaza, fue la Danza para olvidar el tiempo la obra que daría origen a esta suite, que fue completada en diversos momentos de su vida, al igual que la mayoría de las obras mencionadas anteriormente.
Poiesis de la Suite del tiempo
Pese a que el maestro explicara sus propias obras tanto en las notas de su disco Tiempo de Guitarra y en las notas del programa de mano del recital realizado en El Encuentro Nacional de la Guitarra Compensar en 2000, es en la revista Palimpsestvs (2001), donde amplía con mayor detalle las características de cada uno de los movimientos que conforman esta suite, principalmente de la Danza (Isaza, 2001).
Después de comentar sobre el Preludio del tiempo, Ramiro Isaza sigue:
Su segundo movimiento, “Danza para olvidar el tiempo” fue realmente el inspirador de la suite. Hace varios años, en París, el excelente pintor colombiano Saturnino Ramírez, me hacía un retrato. Me sugirió pasear las manos por el diapasón de la guitarra sin hacer movimientos excesivos, quedándome largos ratos en posiciones fijas, para poder ubicar las manos adecuadamente y plasmarlas naturales en su retrato. Me quedé entonces jugando con arpegios y buscando sonoridades diversas como él lo había sugerido: largos ratos. Sin haber sentido pasar el tiempo trascurrieron más de cinco horas. Allí, en esa cortísima mañana surgió la inspiración de la danza para olvidar el tiempo (sic). Luego vino, claro, un largo proceso de elaboración hasta quedar terminada. (Isaza, 2001, p. 128)
Imagen 4.Danza para olvidar el tiempo. Primera página.
Es posible que la totalidad de la Suite haya sido realizada entre 1976 y 1979, según las anotaciones al final de cada uno de los movimientos. De esa época también es el retrato que el pintor Saturnino Ramírez hizo de él, fechado en diciembre de 1976. [13] El carácter general de esta obra se puede identificar en las palabras del maestro Isaza en su entrevista para el periódico La Prensa en 1989:
El artista busca sonidos que estén relacionados con el cosmos que habitamos. Sonidos de las fábricas, de la ciudad. Los ruidos blancos de las caras grises de las casas. Son los sonidos de la angustia, del dolor y la injusticia. Busca ante todo un lenguaje que esté relacionado con el entorno. Un lenguaje que refleje la violencia cotidiana. (Marín, 1989)
En este mismo artículo Ramiro Isaza se refiere a sí mismo como un guitarrista que hace obras experimentales, obras de música clásica contemporánea.
Para complementar lo expresado anteriormente sobre su quehacer en el arte como compositor y artista, en conversación con El Espectador Isaza reiteraba que,
Es en el arte donde debe darse la reivindicación del hombre. No limitarnos a matarlo con actitud de derrota. Es necesaria la esperanza, pero después de habernos dicho la verdad para que nos ayuda a trascenderla. (González, 1987).
Imagen 5.Retrato de Ramiro Isaza de 1976 realizado por Saturnino Ramírez (1946-2002). Tomado de las páginas interiores del álbum póstumo Ven a mi existir.
Del Preludio el maestro Ramiro Isaza expresó las siguientes consideraciones:
El Preludio, es totalmente tonal. Tiene como preámbulo una seria de acordes lentos y profundos escritos en un compás de cuatro cuartos. En el tercer tiempo hay un tresillo de corcheas que busca iniciar una atmósfera melódica. Esta muy corta introducción da paso a un seis octavos más ágil que se manifiesta claramente dentro de un sentido melódico con muchos contrastes de matices y colores. (Isaza, 2000)
El Tiempo en el espacio, Tercer movimiento
El tiempo en el espacio es una alegoría a lo espacial, a las sonoridades que seguramente se gestan en el espacio, en donde las inmensidades cósmicas transitan en medio de realidades diferentes a las nuestras. Allí, de seguro, el tiempo es inexistentemente mágico.
El inicio es absolutamente etéreo, de manera sutil y transparente: se van generando arpegios diversos que conducen siempre a un sonido armónico que presagia la luminosidad del espacio. Como si cayeran miles de gotas cristalinas, aparentemente iguales, los sonidos recurrentes buscan aproximarse al sumo lenguaje del silencio. Sin embargo, en su similitud convencida, vive su riqueza intrínseca, esencial en medio de su monotonía consciente. Canta el bajo claramente.
Se transita luego por diversas estancias del lenguaje espacial para volver al inicio, y finaliza el movimiento con un pizzicato corto pero muy definido que conduce a un armónico solitario y de inmediato al final dentro de la tonalidad.
Más allá del tiempo (Cuarto movimiento)
El cuarto y último movimiento de la Suite del tiempo en re menor requiere de una afinación diferente. Al bajar la sexta cuerda, que normalmente está en mi, a re, un mundo de sonoridades muy profundas se manifiesta. Se inicia con una seria de arpegios muy libres y llenos de propuestas sonoras; vienen luego unos acordes fuertes y grandiosos. Más adelante, un canto muy sentido con repeticiones octavadas nos conduce al final del movimiento en un generoso crescendo, con el cual nuestra pequeña orquesta de seis cuerdas y múltiples colores termina esta suite (Isaza, 2000).
Recepción de la obra
La Suite del tiempo ha sido interpretada en numerosas ocasiones desde su estreno en 1980 por el guitarrista Arturo Parra durante el XXII Concurso Internacional de Composición de la Radio y Televisión Francesa, como consta en el programa del concierto del Cuarteto en la Biblioteca Luis Ángel Arango en 1985. Posteriormente se destaca la presentación que hiciera Oscar D’Alberto Torres en la misma sala en 1995. De los cuatro movimientos, la Danza ha sido la que más ha sido ofrecida en programas de concierto, principalmente por estudiantes del maestro Ramiro Isaza. Precisamente en el mencionado recital de 1989, la obra fue interpretada por William Avellaneda. Personalmente interpreté esta obra en varios recitales en Estados Unidos, Colombia y Europa y la grabé en mi segunda producción discográfica, En los bosques (Millenium, 2004).
La Suite hace parte de los programas curriculares de los conservatorios, siendo recientemente interpretada para su recital de grado por el guitarrista Emilio Samper, discípulo de Arturo Parra, director del programa de Guitarra y cuerdas pulsadas de la Fundación Universidad Juan N. Corpas en 2020.
En este sentido acudimos a consultar la opinión de Emilio Samper como intérprete más reciente de la obra y expresó los siguientes puntos:
-La estructura de la obra tiene una estructura barroca al iniciar con el Preludio; la sección más corta es como un abrebocas que va subiendo en intensidad en cada movimiento.
-La obra ofrece muchos cambios de compases, ritmos, timbres.
-Se debe tener cuidado con los cambios de nota en las repeticiones.
-Hay muchos rubatos, colores, dinámicas.
-La Suite ofrece la posibilidad de ayudar en el desarrollo de la mano derecha. Maneja mucho los contrastes del sonido metálico y otras sonoridades.
-Tiene melodías sencillas de entender, bonitas y que entran fácil en el oído.
-Siempre hay juegos rítmicos y diferentes agrupaciones de notas.
-Maneja las posiciones en bloque armónicos (Danza) fermatas, rallentandos.
-La obra, por las constantes repeticiones, puede ser difícil de memorizar, pero es muy idiomática.
-Ha tenido buena recepción del público cuando ha sido interpretada.
Cosmos, Soledad, Silencio
Ramiro Isaza encontró, además de en la música, un espacio en la poesía para expresar sus preocupaciones e inquietudes. De esta exploración surgió Cosmos, Soledad y Silencio (1996). En esta publicación se refleja el compromiso que el maestro tuvo hacia los dilemas eternos de la sociedad y de su propia existencia, así como su sensibilidad hacia la naturaleza. El prólogo de esta obra fue realizado por Rubén Darío Giraldo, amigo cercano de Ramiro Isaza. De esta suerte de apología del maestro, en que Giraldo toca sus aspectos más humanos, me permito transcribir estas líneas:
“Hablar de Ramiro Isaza Mejía, es hacer la evocación de un hombre paradigmático en su incesante fluir de bondad, comprensión y plenitud. Hablar de Ramiro como hombre sería labor inacabable por la multiplicidad de sus facetas”. (Giraldo, 1996).
A manera de cierre, he seleccionado uno de los 48 poemas que hacen parte de su libro Cosmos, soledad y silencio:
MANOS
Manos
que saludan asombradas a la vida,
que se despiden y mueren,
manos
manos
sorprendidas,
pequeñas, enérgicas,
inmensas manos de ingenuo labrador,
manos
manos
que se cierran aferrándose
a la ausencia,
manos aterradas,
rebeldes manos agitándose
manos
manos
que construyen y aman,
manos destructoras,
manos que se enfrentan,
que renuncian,
manos
manos
para la guerra,
decidiendo el final, el caos
manos (Isaza, 1996)
Conclusiones
La oportunidad de recopilar y revisar a través de una síntesis de los propios relatos del maestro Ramiro Isaza y sus contemporáneos colegas, discípulos y amigos de aquel momento se ha realizado con el fin de volver a traer a la luz su magnífica y grandiosa labor a favor de la guitarra clásica en Colombia. De esta manera, rendir un homenaje a su memoria.
Esta síntesis de su visión pedagógica, artística y las acciones que llevó a cabo para lograr el posicionamiento que merecía la guitarra en Colombia especialmente en la Universidad Nacional ha sido un paradigma entre sus numerosos discípulos y el medio de las artes en general en el país.
Como se ha podido apreciar a lo largo de este escrito la sensibilidad, vehemencia, dedicación, espíritu filantrópico, humanista e incluso místico del maestro Isaza se reflejaron tanto en su pedagogía, como en sus obras ya fuese en su empeño para lograr implementar la carrera de guitarra en la Universidad Nacional de Colombia, la creación del Cuarteto Espiral, o en su aplicación a la composición y la escritura poética.
Aún queda la tarea de editar su obra musical y ojalá recuperar las grabaciones de su agrupación, por ejemplo, en un solo compendio que permita al público actual acceder de forma más sencilla al trabajo musical y pionero del Cuarteto Espiral que el maestro Ramiro Isaza fundara.
Como discípula del maestro Isaza eventualmente anhelaría que este trabajo invite a muchos más de sus numerosos discípulos y amigos que le conocieron en vida en aquellos entrañables años para complementar sus valiosos recuerdos con esta revisión de carácter un poco más técnico-objetivo y enfocado en ese momento histórico, pero que consideré necesario realizar. Especialmente para las nuevas generaciones que quizás no conozcan este recorrido para acceder a un excelente programa y por ende no hayan dimensionado la magnanimidad de Ramiro Isaza espero que este escrito logre recrear la hazaña que realizara el gran maestro “un quijote” de la guitarra en nuestro país, Colombia.
En sus veintiún años de fallecimiento se recuerda al maestro Ramiro Isaza Mejía como un excelente e inolvidable maestro, artista creador, gestor, amigo de muchos e impulsador único de la guitarra clásica en Colombia.
Desearía retomar mi sentimiento de agradecimiento por su amistad hacia Rosita y Rosita Catalina (su esposa e hija y ahora, con la pequeña Yuna) quienes, según mis palabras de aquel escrito de 2003 en la Revista Programas de la emisora H.J.C.K, “quedaron para los que conocimos al Maestro Ramiro Isaza como nuestro consuelo y eslabón de recuerdo con el hombre que supo entender y amar a cada persona que conoció”.
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