DOI:

https://doi.org/10.14483/22486798.4223

Publicado:

01-01-2012

Número:

Vol. 17 Núm. 1 (2012): Pedagogia de la Lengua (Ene-Jun)

Sección:

Artículo de Investigación

El funcionamiento del género discursivo epidíctico

Autores/as

  • Mario Montoya Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Palabras clave:

epidíctico, valorización, pedagogía, discurso. (es).

Biografía del autor/a

Mario Montoya, Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Doctorante en Educación, Docente e Investigador en el programa de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Lengua
Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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Cómo citar

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Montoya, M. (2012). El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación, 17(1), 7–21. https://doi.org/10.14483/22486798.4223

ACM

[1]
Montoya, M. 2012. El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación. 17, 1 (ene. 2012), 7–21. DOI:https://doi.org/10.14483/22486798.4223.

ACS

(1)
Montoya, M. El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación 2012, 17, 7-21.

ABNT

MONTOYA, Mario. El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación, [S. l.], v. 17, n. 1, p. 7–21, 2012. DOI: 10.14483/22486798.4223. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/4223. Acesso em: 21 jun. 2024.

Chicago

Montoya, Mario. 2012. «El funcionamiento del género discursivo epidíctico». Enunciación 17 (1):7-21. https://doi.org/10.14483/22486798.4223.

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Montoya, M. (2012) «El funcionamiento del género discursivo epidíctico», Enunciación, 17(1), pp. 7–21. doi: 10.14483/22486798.4223.

IEEE

[1]
M. Montoya, «El funcionamiento del género discursivo epidíctico», Enunciación, vol. 17, n.º 1, pp. 7–21, ene. 2012.

MLA

Montoya, Mario. «El funcionamiento del género discursivo epidíctico». Enunciación, vol. 17, n.º 1, enero de 2012, pp. 7-21, doi:10.14483/22486798.4223.

Turabian

Montoya, Mario. «El funcionamiento del género discursivo epidíctico». Enunciación 17, no. 1 (enero 1, 2012): 7–21. Accedido junio 21, 2024. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/4223.

Vancouver

1.
Montoya M. El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación [Internet]. 1 de enero de 2012 [citado 21 de junio de 2024];17(1):7-21. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/4223

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El funcionamiento del género discursivo epidíctico

Performance of the Epideictic Discursive Genre

Mario Montoya*

Cómo citar este artículo: Montoya, M.(2012). El funcionamiento del género discursivo epidíctico. Enunciación 17 (1) 7-21

Recibido: 26 de enero de 2012 Aceptado: 13 abril de 2012


La loi de la conversation, c’est l’interruption.

Lacan (1975, p. 411)


* Doctorante en Educación, Docente e Investigador en el programa de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Correo electrónico: mmontoya@udistrital.edu.co


Resumen

En este artículo se presentan elementos fundamentales de la investigación titulada “El orgullo del maestro: la función didáctica del discurso epidíctico”. A partir de datos empíricos (discurso retórico de profesores universitarios) se describe el funcionamiento del género discursivo epidíctico, con el apoyo del dispositivo pragmático, semántico-enunciativo y gramatical que se produce en las prácticas discursivas del profesor presentes en el aula de clase. Dichos datos empíricos constituyen el corpus recogido en cuatro profesores que “enseñan” en primer semestre de la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Este discurso da cuenta de dos realidades incompatibles: una realidad aceptada y exaltada y otra rechazada y vilipendiada. Así, el epidíctico no es simplemente una decoración vacía que esté por fuera del mundo de la vida, sino una posibilidad razonable y razonada de lo que es el mundo real. En el campo educativo se sabe de las posibilidades que tienen la alabanza y la censura para orientar el discurso, para orientar la acción, para propiciar la motivación, para intentar acortar las distancias entre los seres humanos, para intentar interpretar la retórica también como posibilidad de estar en la proximidad con el otro, es decir, la retórica y, en ella, el epidíctico, como ejercicio de valorización del mundo.

Palabras clave: epidíctico, valorización, pedagogía, discurso.

Abstract

This article, present a fundamental elements of the research “The Didactic Function of Epideictic: The Pride of the Teacher” are presented. Therefore, based on empirical data (rhetorical speech of university professors) the performance of the epideictic speech genre is described, supported by the semantic-declarative and grammatical device, which is produced in the professor classroom speech. These empirical data constitute the CORPUS taken from four professors who “teach” in first semester of the Licenciatura en EducaciónBásica con Énfasis en Humanidades y LenguaCastellana, oriented at the Francisco José de Caldas University Science and Education Faculty.

This speech gives evidence of two incompatible realities: One of them approved and exalted, and the other one rejected and vilified. Thus, the epideictic is not just an empty decoration out of the world of life, but a reasonable and reasoned possibility of what the real world is. In the educational field, we know the possibilities that praise and the censure have to direct the speech, to focus the action, and to increase motivation, so that the distance between human beings can be shortened, to try to interpret the rhetoric also as a possibility to get to the others’ proximity; that is to say, the rhetoric and inside it the epideictic, as a practice of valuation of the world.

Keywords: Epideictic, valuation, pedagogy, discourse.


Introducción

Notre idée quotidienne, conventionnelle, de la réalité est une illusion que nous passons une partie substantielle de notre vie a étayer, fut-ce au risque considérable de plier les faits à notre propre définition du réel, au lieu d’adopter la démarche inverse. De toutes les illusions, la plus périlleuse consiste à penser qu’il n’existe qu’une seule réalité. En fait ce qui existe, ce ne sont que différentes versions de celle-ci dont certaines peuvent être contradictoires, et qui sont toutes des effets de la communication, non le reflet de vérités objectives et éternelles.
Watzlawick (1978. p. 67)

“[…] pa´lante que el estudio es una forma de engrandecer y salir adelante […]”, “[…]¡VIVA LENGUA CASTELLANA! […]”, “[…] se acabó de hacer una tesis (.) muy muy (.) el profesor Adrián hizo unos comentarios (.) él hizo un comentario excelente[…]”, “[…] uno de los compañeros hizo un trabajo con personas que salieron de la cárcel (.) que duraron treinta (.) cuarenta años en la cárcel […]”, “[…] y son treinta años (.) ° marcan una existencia ° un tanto dolorosa para ellos (.) y a través de la escritura buscaron sus (espacios) (.) personas que han dejado el alcoholismo (.) otros que han dejado las drogas (.) y como estudiante de aquí puede hacer un trabajo (.) no solamente una labor social (.) sino una labor (.) humana. que eso es muy importante (.) y en ese sentido se forman aquí […]”. Estos comentarios son tomados del corpus recogido en profesores y profesoras de primer semestre del Proyecto Curricular de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de la ciudad de Bogotá, Distrito Capital. Cada enunciado presenta a un actor que intenta mostrar lo bueno de una realidad que en este caso es la carrera universitaria, la Universidad, el mundo que se abre para cada uno de los estudiantes de primer semestre, el futuro y el compromiso profesional consigo mismos y con la sociedad. Pero también se puede observar que se muestra otra realidad que es, por decirlo en una palabra, escabrosa: la cárcel, el mundo de las drogas, el alcohol. Así, podemos decir que habría discursivamente dos realidades: una, valorada muy positivamente y representada en el mundo universitario con todas sus posibilidades de acción; la otra, valorada negativamente y representada en el mundo de la cárcel, la droga y el alcoholismo, en general, la anomia social. Podemos decir también que el discurso del profesor intenta motivar a los estudiantes a partir de la función del lenguaje emotiva o expresiva desarrollada por Jakobson en 1963. Esa motivación, esa expresividad la comprendemos según la clasificación del discurso que hizo Aristóteles (1999) en la Retórica: el género discursivo epidíctico. Este género se utilizó y tuvo su mayor auge en la época imperial para elogiar y censurar, siempre orientado a la formación del ciudadano. En nuestro trabajo recogemos la tradición retórica pero orientamos una lectura del epidíctico como una forma de valorización de la realidad. Este es, en realidad, el objeto de este trabajo: caracterizar el funcionamiento de las secuencias epidícticas en el discurso de algunos profesores de la Universidad Distrital.

Es preciso indicar que este fenómeno del epidíctico no es específico del discurso del profesor, pues lo encontramos en todos los espacios de la vida cotidiana, de la vida académica: es un discurso que atraviesa lo privado, lo público, lo íntimo y lo éxtimo. En lo cotidiano, todo el mundo es capaz de reconocer una alabanza y una censura en cualquier interacción, por más críptica que esta sea.

A pesar de lo anterior, no es difícil toparse con apreciaciones negativas y erróneas frente a trabajos que se ocupen del género discursivo epidíctico. Caracterizar este discurso en el ámbito de la lingüística y las ciencias del lenguaje puede leerse (especialmente enunciación en nuestro medio) como un estudio cuyo objeto es completamente hueco, desprovisto de sentido y centrado, muy seguramente, en los lugares comunes del ornamento que es donde más se le conoce.

Metodología

Este artículo expone uno de los tres grandes postigos que constituyen la investigación titulada “El orgullo del maestro: el funcionamiento didáctico del género discursivo epidíctico”, que se adelanta en el marco del Doctorado Interinstitucional en Educación con énfasis en Lenguaje. Dichos postigos son la aproximación teórica, la aproximación metodológica y un análisis del corpus. En el presente texto se registra la revisión teórica del trabajo investigativo. Diremos que esta es una apuesta por el análisis del discurso en interacción, para mostrar desde allí cómo el epidíctico orienta formas de valoración y, en consecuencia, cómo el epidíctico está en vínculo muy fuerte con la función del lenguaje expresivo y con los actos de habla expresivos desarrollados por Jakobson (1963-1973) y por Searley Vanderveken (1985), respectivamente. Sin duda, el análisis del epidíctico exige un cuadro teórico y abordajes metodológicos que en nuestro caso son el análisis del discurso en interacción, desde donde se mostrará la noción de interacción según dos acepciones distintas que permitan abordar la pregunta por el funcionamiento de series epidícticas, por una parte, y aquella del género del discurso, por la otra.

Como ya se indicó, se busca a partir de datos empíricos (discurso retórico de profesores universitarios) delimitar y describir el género discursivo epidíctico, apoyados en el dispositivo semántico-enunciativo y gramatical que se produce en las prácticas discursivas del profesor presentes en el aula de clase. El propósito es dar cuenta del funcionamiento del discurso epidíctico del profesor en el aula de clase, a partir de un corpus recogido en cuatro profesores que enseñan en primer semestre de la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. El abordaje de dicho corpus se hará desde las posibilidades que ofrece la retórica, específicamente el género discursivo epidíctico y la lingüística interaccional (específicamente el análisis del discurso en interacción) para ver allí la expresividad desde lo que son los actos de habla expresivos.

Estos actos son seleccionados del corpus y constituyen lo que denominamos en esta investigación “secuencias discursivas epidícticas”1 Operativamente esto se hace con el software Transana al aplicar la función Time Code, para luego crear en este mismo software las colecciones que son las que potencian la caracterización del discurso epidíctico del profesor. Dichas colecciones se derivan de dos grandes bloques que hemos denominado tipologías expresivas y fórmulas epidícticas, interpretadas como términos genéricos en nuestro estudio que dan cuenta del acto de habla expresivo. Veamos las colecciones definidas de acuerdo con cada uno de los bloques indicados:

1. Tipologías expresivas: consideradas como las construcciones discursivas en las cuales el profesor pone en práctica distintas estrategias complejas para la valorización, es decir, para elogiar o censurar sobre algún tema de la unidad discursiva que denominamos secuencia. Aquí ubicamos cinco colecciones para el análisis:

1. La lista

2. El elogio o la censura por el argumento por autoridad

3. Valorización por oposición

4. Valorización por comparación

5. Argumentación por inducción

1.2. Fórmulas epidícticas: el epidíctico recurre con frecuencia a la amplificación para elogiar o censurar y esto se materializa lingüísticamente en expresiones cortas como interjecciones, verbos, nombres, entre otros (por ejemplo, un profesor dice con frecuencia “muy bien” para alabar una acción de un estudiante). Así que las fórmulas se desmarcan de la unidad discursiva que en nuestro trabajo denominamos “secuencias discursivas epidícticas”. Aquí ubicamos dos colecciones para el análisis:

1. Fórmulas epidícticas para elogiar: muy muy, excelente, tan tan, muy bien, bien, etc…

2. Fórmulas epidícticas para censurar: no no, no es, me parece terrible, no solamente, etc…

Como se indicó, tenemos entonces las series que constituyen el corpus de esta investigación, luego tenemos las colecciones que ubican las secuencias discursivas epidícticas. Adicional a lo anterior, este software Transana cuenta con otra función que potencia el análisis de los datos mediante la marcación con palabras clave, sea de las series o de las colecciones. Lo interesante es que las series, las colecciones y dichas palabras clave están imbricadas para fortalecer el análisis. Para lo anterior, definimos dos grupos de verbos y un grupo de indicadores epidícticos, desde la caracterización de un acto de habla expresivo, es decir, para el elogio y para la censura. Veamos:

Palabras clave

1. Verbos expresivos de elogio: felicitar, alabar, dar un cumplido, jactar, aprobar, agradecer, saludar, reconocer, orientar, etc.

2. Verbos expresivos de censura: abuchear, acusar, denunciar, deplorar, desaprobar, excusar, indignar, lamentar, quejarse, recriminar, victimizar, etc.

3. Indicadores de amplificación: modelo, compromiso, motivación, indignación, victimización y el héroe.

El género discursivo epidíctico: aproximación teórica

Inicialmente, en el plano del saber, el epidíctico se encuentra en el campo de los estudios retóricos que a su vez cuentan con una larga historia. La retórica como campo de estudio ha sufrido la terrible enfermedad que también ha sufrido el estudio del epidíctico, como parte de ese campo retórico. A lo largo de la historia ha sido deslegitimada e invalidada para producir realmente saber. Al igual que el epidíctico, la retórica puede ser vista como un objeto hueco y también, como el epidíctico, carente de sentido.

Sin embargo, el epidíctico tiene un vínculo con lo social muy importante, pues este género discursivo está presente en la mayoría de las prácticas discursivas, con lo cual estamos diciendo que, en la contemporaneidad, el elogio y la censura se han filtrado por todas partes: en el territorio escolar, en la política, en la Iglesia, en la radio, en la televisión, en el prostíbulo, en la calle, en todos los espacios de la vida. Lo anterior se puede recapitular diciendo que no es frecuente hallar trabajos de investigación sobre el epidíctico y sus posibilidades; sin embargo, en el mundo de la vida, en la práctica, estos discursos son muy utilizados, las prácticas discursivas están todo el tiempo permeadas por el epidíctico y, justamente, por esto se convierte en objeto de investigación de sumo interés, siempre cercano a la realidad social.

En el contexto anterior se busca analizar las interacciones discursivas que tengan como objeto el elogio y la censura, es decir, las secuencias discursivas epidícticas. Podemos decir entonces que la tarea es el análisis lingüístico de un texto retórico2 y que los instrumentos de análisis son los recursos del método lingüístico, pues sabemos que esta es la vía para poder analizar los datos. Entrar a los datos nos exige ir a estos instrumentos que ofrece la lingüística. De otro modo, el centro de este trabajo es el análisis del discurso público de algunos profesores universitarios en el aula de clase, discurso que se dirige a un auditorio concreto con intencionalidades, propósitos y contenidos bien definidos y que busca, fundamentalmente, que las y los estudiantes apropien contenidos y valores propios de la universidad, la facultad y la carrera, así como también los saberes disciplinares.

Digamos, entonces, con Kerbrat - Orecchioni (2005, p. 89), que la tarea es reconstruir (pues siempre será una tarea a posteriori) el proceso de la co-construcción del discurso, es decir, describir lo que sucede en una interacción. De alguna manera, la reconstrucción aquí significa también deconstrucción en el sentido de las nuevas posibilidades que ofrece el discurso en interacción como objeto de estudio, se trata entonces de hacer desmontajes y, en este caso, se quiere hacer el desmontaje de las series discursivas epidícticas. Evidentemente, la perspectiva de este trabajo que toma en consideración el discurso en interacción tiene una potencia enorme en los contextos educativos pues desde aquí se reconoce el texto, el contexto y la interacción que es lo medular en este camino, lo cual significa que todo aprendizaje se da en situación y es desde allí, desde las situaciones, que podemos construir argumentos; en otro registro podemos decir que cada situación puede definir una problematización, un camino posible para el pensar.

Recapitulando lo anterior, tenemos un texto retórico que será analizado desde la óptica de la lingüística interaccional para efectos de estudiar el discurso en interacción y como apoyo se tiene la teoría de los actos de habla, especialmente los actos expresivos, que son los que en gran medida corresponden al tipo de discurso epidíctico o, dicho de otra manera, se trata de mirar la retórica epidíctica o los actos de habla expresivos en el aula de clase. Ahora, la línea discursiva de este trabajo es la retórica, la argumentación y la pragmática para analizar el discurso en interacción del profesor en el aula de clase, con el propósito de comprender y desentrañar el funcionamiento de las secuencias epidícticas en este contexto.

Expresividad o epidíctico

Sin duda, la expresividad es un tema del que se ocupan diversos campos de estudio como son la pedagogía, la literatura, la filosofía del lenguaje, la comunicación y retórica, entre otros. Pero además de ser un objeto de estudio, también sabemos que los discursos de nuestro presente están permeados por lo que en diferentes disciplinas se denomina función expresiva del lenguaje, acto de lenguaje expresivo, expresividad. Desde la retórica podemos agrupar gran parte de los expresivos en lo que Aristóteles llamó el discurso epidíctico.

En el territorio escolar se les pide a las y los estudiantes, así como a las profesoras y a los profesores, trabajar por una cultura de la expresión, de la expresividad y, de hecho, en algunas áreas de formación, el trabajo consiste en dar herramientas que permitan desplegar la capacidad expresiva de los estudiantes. Sin embargo, en la experiencia del lenguaje, en sus tensiones, en la complejidad del imperativo de la comunicación se reconoce que con la expresividad sucede algo semejante a lo que ha pasado con la retórica; es decir, se le interpreta desde un horizonte marcadamente peyorativo. En el imperativo de la comunicación se plantean algunos problemas, algunas diferencias, algunas distancias que no se pueden ocultar. Así, por ejemplo, la expresividad para gran parte de profesoras y profesores puede sonar o no sonar, es decir, para muchos el ideal de formación no tendría nada que ver con el ideal de expresividad y problematiza los desplazamientos que hay entre una percepción del mundo centrada en la naturaleza de los objetos, entre ellos la literatura y el arte, a otra, como posibilidad, donde la percepción del mundo se puede centrar en la calidad de la emoción.

Un ejemplo bastante conocido es la película La sociedad de los poetas muertos dirigida por Peter Wier. En esta película, el profesor Keating inicia su clase con una frase que de seguro sigue dando giros de palabra en la mente de cualquier lector de Whitman: “Oh capitán, mi capitán”. En dicha película, por decirlo de alguna manera, podemos identificar dos tipos de realidad: una que concibe la emoción, la expresividad como lo central y la otra, una realidad conservadora, ascética, represiva y dictatorial que no alcanza a vislumbrar o no quiere reconocer la importancia de la expresividad. En términos retóricos, diremos que el profesor Keating le da más valor a la posibilidad expresiva, donde la emoción desempeña un papel decisivo. Dicho de otra manera, desde esta perspectiva de educación se está planteando un modelo y a la vez un antimodelo para los procesos educativos. El modelo es el que se celebra, el modelo es el que aproxima a una praxis educativa y política o, también podríamos decir, la perspectiva ética que se promueve es la de elogiar la expresividad, es decir, en una evidencia sensible podemos decir que esa experiencia de formación es ejemplar y, por tanto, digna de alabanza.

Sin duda, la expresividad está asociada a uno de los puntos centrales de toda retórica como es la sociabilidad humana y esto se refleja en las diferentes acciones que se pueden encontrar en la formación de un estudiante, como por ejemplo, el valor que tiene la escritura para poder expresar o el arte como una de las manifestaciones expresivas del hombre. También podemos decir que si bien se han hecho esfuerzos por avanzar en lo que es la expresividad y la expresión, dándoles un valor importante, también se han descuidado ciertos niveles formales que nos llevan a situaciones bastante recurrentes en los espacios académicos y es el hecho de que hay estudiantes con alguna capacidad de expresión oral, pero con muy mala capacidad de expresión escrita, lo cual pone sobre la mesa no pocas problematizaciones de la educación actual.

Lo anterior permite formular una primera indicación en el sentido de pensar la expresividad no como algo natural o espontáneo, sino más bien como algo que requiere niveles de formación para poder en realidad abrir los caminos de la percepción y de la expresión, algunas veces olvidados en los discursos y prácticas pedagógicas. Por supuesto, lo anterior hace pensar en que este trabajo se ocupará de una noción positiva de la expresividad, que en términos retóricos forma parte de lo que se denomina género discursivo epidíctico.

En general, se pueden encontrar varias definiciones de la palabra expresividad. En el marco social y pedagógico se trata de algún tipo de formación para dar opiniones, puntos de vista y en la escuela (la nuestra) es una tarea que casi siempre está bajo la responsabilidad del área de humanidades, es decir, de español y literatura y lengua extranjera. Algunas actividades frecuentes en la escuela son: la mesa redonda, el debate, la escritura creativa, la expresión libre de los estudiantes, entre tantas otras que ofrece la didáctica de la lengua. Allí, en esas opiniones y puntos de vista, los actores pueden expresar o sentir admiración, orgullo, vergüenza, cólera, entre otras, que son emociones que conducen inevitablemente al campo del elogio y de la censura. Allí, también está en juego el sentir de quien habla y se busca fundamentalmente la autenticidad de lo que se dice.

En el plano de las ciencias del lenguaje, de la literatura y la lengua, el significado de la palabra expresividad hace referencia a uno de los usos que se hace de la lengua. Es suficientemente conocida la propuesta clásica hecha por Bühler (2009), quien diferencia tres funciones del lenguaje, a saber: la apelativa, la representativa y la expresiva. Con lo anterior se pone en circulación la idea según la cual con el lenguaje se puede poner en escena, se puede exteriorizar algo que en principio es una interioridad. Este paso es crucial cuando de funciones de lenguaje se trata y recuerda la pregunta que se formularon Ducrot y Todorov en su Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje de 1972, al preguntar, ¿en qué medida hay que considerar, cuando se tiene que describir una lengua dada, los diversos fines a los cuales los sujetos hablantes pueden hacerla servir? (Ducrot y Todorov, 1972). Así, el paso de lo interior a lo exterior, de hacer manifiesta la interioridad, es lo que se conoce como función expresiva o emotiva (Bühler, 2009), que más tarde fue desarrollada por Roman Jakobson en su modelo polifuncional (Jakobson, 1963-1973). Recordemos que la perspectiva funcionalista, especialmente la de Jakobson, en sentido general pone en un segundo plano la función cognitiva del lenguaje para poner el énfasis en otros elementos de interés, pues recordemos que

[…] desde hace algún tiempo, en los Estados Unidos como en el extranjero, los lingüistas comienzan a conceder mayor importancia a las posibilidades de poner en relieve otros factores, en particular los dos protagonistas del acto de comunicación, el emisor y el receptor. (Jakobson, 1963-1973, t. 1, p. 29)

Se trata, entonces, no de otra cosa que de la función expresiva, es decir, de poner el acento en el locutor y su actitud en relación con aquello que dice para destacar el valor funcional de la lengua y el valor que se le da al locutor, a sus posibilidades y sus necesidades expresivas y, en cuanto locutor, todos los elementos afectivos que son fundamentales en todo imperativo comunicativo. Siguiendo al mismo Jakobson diremos que la lingüística no está autorizada para “descuidar los factores secundarios, los elementos emotivos del discurso, especialmente considerados hasta ese momento por la lingüística como no lingüística, muy vagos, proteicos, fluctuantes” (p. 29). No descuidar los elementos emotivos podemos interpretarlo como aquello que nos produce admiración, orgullo, vergüenza.

La llamada función “expresiva” o EMOTIVA enfocada en el emisor, apunta a una expresión directa en la actitud del hablante hacia el tema del que está hablando. Tiende a producir una impresión de cierta emoción, bien sea verdadera o fingida; por esta razón, el término “emotiva”, introducido y recomendado por Marty, ha demostrado ser preferido a “emocional”. El estrato del lenguaje puramente emotivo es presentado por las interjecciones. Ellas se diferencian del significado del lenguaje referencial, tanto por el modelo de sonido (secuencias de sonido peculiares o incluso sonidos inusuales en otra parte), como por su rol sintáctico (no son componentes sino equivalentes a oraciones). “Tut! Tut! dijo McGinty”: La oración completa del personaje de Conan Doyle consiste en dos golpecitos succionados. La función emotiva, puesta al descubierto en las interjecciones, pone sabor a todas nuestras oraciones hasta cierto punto, en sus niveles fónico, gramatical y léxico. Si analizamos el lenguaje desde el punto de vista de la información que transmite, no podemos restringir la noción de información al aspecto cognitivo del lenguaje. Un hombre, que usa rasgos expresivos para mostrar su disgusto o actitud irónica, comunica información ostensible, y evidentemente, este comportamiento verbal no puede ser comparado a actividades nutritivas, no semióticas tales como “comer toronja” (a pesar de la atrevida sonrisa de Chatman). La diferencia entre [bIg] y la prolongación enfática de la vocal [bI:g] es una característica lingüística codificada, convencional, como la diferencia entre la vocal larga y corta en los pares del idioma Checo [vi] “usted” y [vi:] “sabe”, pero en este último par, la información diferencial es fonémica mientras que en el primer par es emotiva. Mientras estemos interesados en las invariantes fonémicas del inglés /i/ e /i:/ resultan ser simples variantes de uno y el mismo fonema, pero si lo que nos preocupa son las unidades emotivas, la relación entre las invariantes y las variantes es opuesta: la extensión, larga o corta, son invariantes implementadas por fonemas variables. La conjetura de Saporta acerca de que la diferencia emotiva es una característica no lingüística, “atribuible a la entrega del mensaje y no al mensaje”, arbitrariamente reduce la capacidad informacional de los mensajes.3

Sin duda aquí nuevamente estamos en el epidíctico, pues admirar algo es sencillamente tener un valor positivo por eso que se admira, como cuando sesiente vergüenza se trata de todo lo contrario, de un valor negativo. Dicho esto en términos epidícticos, diremos que se alaba o se censura algo y en este proceso ubicamos el mundo entre lo que consideramos bueno y lo que consideramos malo. Así, podríamos afirmar que ningún proyecto ético está por fuera de lo que es el epidíctico (o en clave de Jakobson diremos que ningún proyecto ético está por fuera de la función emotiva) que vamos a traducir como el proceso de valoración que realiza un individuo para decidir qué es lo bueno y qué lo malo.

La expresividad también ha sido tema del campo filosófico. Sin duda los trabajos de Vanderveken (1988, 1990, 1991, 1992a, 1992b, 1994, 1997, 1999) son de mucha importancia para interpretar la lógica del discurso que en el año de 1985 ya había abordado en compañía de Searle y que dio como resultado el libro titulado Fundamentos de la lógica ilocutoria. Recordemos brevemente que un acto ilocutorio consiste en la aplicación de una fuerza ilocutoria a un contenido proposicional; ahora, el fin ilocutorio expresivo consiste en expresar un estado psicológico cuyo objeto intencional es el estado de cosas representado por el contenido proposicional (Searle y Vanderveken, 1985). Para Vanderveken los actos de habla expresivos están en directa relación con el discurso epidíctico y se materializan en el discurso con verbos como aprobar, desaprobar, lamentarse, felicitar, deplorar, agradecer, en una lista que se puede ampliar, y también ubica el acto expresivo en lo que él denomina una tipología expresiva donde encontramos los homenajes, los elogios, las protestas, los abucheos, las condolencias, las expresiones colectivas de creencia y otras más (Vanderveken, 1992a; 1999, p. 71).

En el plano filosófico también encontramos un giro del pensamiento contemporáneo que es de interés en nuestro trabajo. Se trata del giro expresivo que es desarrollado por Taylor en Las fuentes del yo (1998). Según este autor, dicho giro está en relación con la filosofía de Herder y, desde allí, podríamos decir que la verdad está en nosotros mismos, más específicamente, en nuestros sentimientos. Por supuesto que Taylor desde su filosofía política reconoce la categoría de la expresividad para poder describir y desplegar lo que se denomina el individualismo contemporáneo. Así, para Taylor es necesario poner en escena, dejar en estado de mostración, es decir, expresar esa verdad que se encuentra en nosotros pues de esta manera se alcanza la realización de nuestra naturaleza ya que, como lo indica este autor, el ideal de expresividad le impone a cada cual la obligación de medir su propia originalidad, su propia posibilidad de habitar en un mundo auténtico4 y, en cuanto tal, la expresividad debe ser algo que debemos defender y en el marco de la cultura favorecer y muy seguramente cultivar. En palabras de nuestro autor, diremos que:

[…] la expresividad proporciona la base de una individuación nueva y más plena. Esta es la idea que se desarrolla a finales del siglo XVIII en la que cada individuo es diferente y original y que esta originalidad determina la manera como se debe vivir. Por supuesto, la simple noción de diferencia individual no es nueva –nada más evidente y banal–, lo que sí es nuevo es que la diferencia se refiere en realidad a las consecuencias en cuanto el modo en que estamos llamados a vivir. (Taylor, 1998, p. 470)

Podríamos decir con Taylor que el individúo se moviliza entre un adentro y un afuera. Si se quiere sacar, poner en escena la verdad que está dentro de cada uno de nosotros, es necesario poner en circulación la emoción, que es la que permite que se dé dicha movilización. Si es la emoción algo definitivo cuando hablamos de las fuentes del yo, podemos encontrar alguna correspondencia que haga posible asociar la expresividad de Taylor con la perspectiva epidíctica que nos interesa en este trabajo: el epidíctico entendido como proceso de valoración.

El epidíctico y sus perspectivas

Provistos ya del fundamento, el marco y los instrumentos necesarios, lo que viene son los análisis de los discursos retóricos. Esto ya se sabe. Sin embargo, vale la pena indicar que nuestro trabajo tuvo como punto de partida los datos. Fue desde allí que se fueron definiendo los marcos, los instrumentos necesarios de análisis de las interacciones que nos ocupan, con lo cual hacemos una indicación que consideramos fundamental y que forma parte de nuestra perspectiva.

Son pocos los investigadores del lenguaje que encuentran en el elogio, el encomio, el vituperio y la censura la posibilidad de construir un espacio que arroje conclusiones fecundas para la interpretación del ser actual. Lo anterior se debe, como se dijo antes, a las limitaciones que a lo largo de la historia en el que ha tenido la retórica como campo de estudio, ha orientado una lectura bastante peyorativa de la misma retórica y, en su interior, una mirada más negativa aun de lo que entendemos como género discursivo epidíctico, pues se le interpreta como un discurso marcadamente convencional que ofrece pocas posibilidades de análisis y, en consecuencia, pocas posibilidades para interpretar el complejo tejido de la cultura.

En otra dirección, podemos decir que estos discursos epidícticos hacen patente lo que Foucault llamó en El orden del discurso “los discursos efímeros […] [y los] discursos que han sido dichos” (Foucault, 1992, p. 24). Los primeros, los efímeros, son los que se dicen en el curso de los días y estos discursos, dice Foucault, desaparecen en el mismo acto de ser pronunciados, contrario a los que han sido dichos, que “permanecen dichos y aún están por decirse” (p. 24). Una primera intuición, nos dirá que estos dos discursos se presentan en las prácticas discursivas de los profesores universitarios, especialmente cuando se intenta ingresar al estudiante a un campo disciplinar. Es decir, el discurso epidíctico lo podemos encontrar en los diferentes momentos de la conversación, sea que se trate de la vida cotidiana o del mundo académico, donde sin duda encontramos hábitos discursivos, formas particulares de hablar, formas particulares de abordar las disciplinas que se fijan o se disuelven, o discursos a los que nos adherimos o a los que nos resistimos. De alguna manera, esto es lo que se quiere indicar al afirmar que se trata de una mirada crítica que permita tomar distancia o acortar distancia, pues toda crítica se mueve en el horizonte de encontrar nuevas perspectivas o, en otras palabras, la crítica debe hacerse siempre por el camino que potencie el crear. En otro registro, podemos también decir que se quiere ganar conciencia sobre la importancia de este tipo de discurso y su papel en el mundo de la vida social, pues no se puede perder de vista que en las prácticas discursivas encontramos, a menudo, hábitos muy marcados que ponemos en funcionamiento y nunca pensamos en ellos, lo cual puede conducir a prácticas discursivas automatizadas. Así, diremos que en los discursos efímeros como en los discursos que han sido dichos el epidíctico está presente, lo cual nos aproxima a una hipótesis según la cual el género discursivo epidíctico juega un papel importante en la historia no contada de la libertad o, también, en una historia, otra, no contada, de los estudios del lenguaje, pues lo epidíctico abre ventanas a formas inéditas de acción, al ser un género que también puede hacer posible lo posible en el mundo de la vida. Una alabanza puede abrir camino a un mundo; una alabanza puede cerrar camino a un mundo; un vituperio puede cerrar camino a un mundo; un vituperio puede abrir camino a un mundo.

“El orgullo del profesor: la función didáctica del epidíctico” es una investigación doctoral que muestra tonalidades de este discurso, especialmente aquellas que definen un contacto entre dos realidades, dos formas de realidad que son incompatibles, es decir, una realidad aceptada y exaltada y otra que es rechazada y vilipendiada. En este sentido, el epidíctico no es simplemente una decoración vacía que está por fuera del mundo de la vida, pues por el contrario, el discurso epidíctico, el de alabar y censurar, es una posibilidad de decoración razonable y razonada de lo que es el mundo real, pues no solamente se trata de un orador que es capaz de persuadir, de adherir a unos valores, sino también de un espectador que es capaz de criticar, de evaluar, de analizar a cada instante la insuficiencia o la potencia del sentido. Describir estas tonalidades del epidíctico es importante para disfrutar su luz y su color y, así, comprender su naturaleza profunda que atraviesa nuestros discursos todo el tiempo y en todos los tiempos.

En el marco de nuestra cultura, en todo el tejido semiótico de nuestro presente, es necesario ubicar el epidíctico, la expresividad y la emoción como centro de un debate. En el acto pedagógico, al igual que en la guerra eterna del país, la alabanza y la censura circulan con amplificaciones desmesuradas que en lugar de comunicar nos incomunican cada vez más; sin embargo, desde nuestro campo –el educativo–, sabemos de las posibilidades que tienen la alabanza y la censura para orientar el discurso, para orientar la acción, para propiciar la motivación, para intentar acortar las distancias que se dan entre seres humanos, para intentar interpretar la retórica también como posibilidad de estar en la proximidad con el otro, es decir, la retórica y en ella el epidíctico, como ejercicio de valorización del mundo.

Dicho de otra manera, como proceso lingüístico de la comprensión y la interpretación que no necesariamente se orienta a persuadir o a convencer, sino que mediante el epidíctico también encontramos una vía poderosa para poder decir el mundo, siempre en el marco del diálogo, de la concepción interactiva, distante de la linealidad y unilateralidad propias del estructuralismo, que permita avanzar en propuestas empírico-deductivas y relativistas, benéficas para el estudio de las ciencias humanas y sociales, un poco a la manera como lo explica Morin (1982), cuando nos recuerda que se puede por razones de método y provisionalmente, aislar un objeto de su medio, de su contexto, pero que no es menos importante, por razones de método también, considerar que “los objetos y sobre todo los seres vivos son sistemas abiertos que no pueden ser definidos sino ecológicamente, es decir, en sus interacciones con el medio, que hace parte de ellos tanto como ellos mismos hacen parte de él” (p. 63).5

Puesta en escena para cuatro personajes, cuatro monólogos, cuatro conferencias: las secuencias epidícticas para primíparos

Abordamos en esta parte la puesta en escena que se hace de la palabra en situación de interacción dentro del aula de clase. Este espacio es donde entran en escena cuatro personajes que representan cuatro monólogos o cuatro conferencias para los que habitan el mundo de primíparos,6 por lo que en su conjunto dichos monólogos los denominamos “secuencias epidícticas para primíparos”.

En este escenario todo se ha preparado cuidadosamente y el montaje y la producción han tomado algunos años. Los actores han ensayado sus libretos y el público está tan ansioso como los mismos personajes, todos con sus propias motivaciones y compromisos, de seguro, cada actor con la intención (consciente o inconscientemente) de caracterizar su personaje de la mejor manera posible, de forma que la imagen construida y proyectada sea creíble. Ciertamente esto contribuirá para que el público pueda tener una impresión de la realidad, pues obra de teatro - realidad - vida cotidiana pueden estar en una proximidad insinuante (Goffman, 1973).

Ya dijimos antes que los montajes de secuencias epidícticas son frecuentes, se repiten todo el tiempo. Un espectador que desabroche su memoria sobre este tipo de montajes, seguramente retendrá un Elogio a Helena y un Busiris, que aunque no se daban estrictamente en el aula de clase, sí mostraban un Egipto ideal en el cual evidentemente se daba el propósito retórico de enseñar, lo cual exigía para Isócrates un trasfondo político. Sin embargo, nos ocuparemos de cuatro actores que interpretan en el aula de clase a profesores universitarios hoy. Allí también se da el propósito retórico de enseñar y, por supuesto, se da también un trasfondo político. Seguramente, cada personaje mostrará un ideal no de Egipto, sino más bien un ideal de educación, un ideal de formación profesional, un ideal de cuadros disciplinares; en fin, cada personaje mostrará a través de su monólogo una realidad idealizada y también una realidad vilipendiada. Describir el funcionamiento del discurso epidíctico en el aula, mostrar las tonalidades del elogio y la censura para la construcción de la disciplina, para la motivación, para el compromiso de todos los actores y público presentes, es una puesta en escena que muestra secuencias epidícticas que tienen intención de valorización.

En el contexto de la vida como una obra de teatro, con todos sus afanes y riquezas, diremos con palabras de Hamlet: “¡Qué obra maestra es el hombre!”. En esa obra maestra desempeña un papel fundamental el diálogo, la interacción, el contexto, es decir, la comunicación humana, en la que aparece el arte, la ciencia, la publicidad, la educación, etc. En esa obra de arte que es el hombre mismo y sus acciones podríamos decir que el arte alaba las cosas porque tiene una proximidad sensual para con ellas; la publicidad alaba y encomia porque en la época de la máquina deseante del capitalismo las quiere vender, y la educación, la didáctica, más precisamente en nuestro caso, utiliza el discurso epidíctico (el elogio y la censura) porque intenta persuadir, intenta acercar a ciertas realidades, intenta distanciar de ciertas realidades, intenta motivar a hacer cosas, intenta generar compromiso en los espectadores; dicho en otras palabras, el epidíctico se usa para la valorización.

Para insistir en un punto crucial de este trabajo, no vamos a estudiar los discursos de uno de los grandes oradores de nuestra historia, no vamos a revisar cómo se elogiaba a los dioses en la época de Isócrates, no vamos a estudiar sus encomios paradójicos o el “Elogio a Helena” o sus manifiestos políticos. Nuestro interés está en el discurso de algunos profesores de la Universidad Distrital para desentrañar allí el papel del epidíctico en el campo pedagógico y didáctico.

Veamos un bello ejemplo de encomio, en el discurso de un profesor:

VAMOS A TOMAR LA EVALUACIÓN COMO (.) no vamos a trabajar la evaluación a ultranza de una nota (.) sino como una cualificación (.) listo? (.) muchas gracias (.) me encanta haberlos visto (.) ¡muchos éxitos! (.) y a las niñas por favor (.) no soy ( ) les deseo (.) ((risas)) lo único que les puedo decir que revisen (.) que conme- HOY ESTAMOS CONMEMORANDO (.) no celebrando (.) CONMEMORANDO LA MUERTE DE MUCHAS MUJERES (.) POR ESO ME PARECE TERRIBLE QUE YA LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN Y > ESTA SOCIEDAD SALVAJE DE CONSUMO YA HIZO FIESTA (.) y entonces en todas partes en (.) NO (.) es una conmemoración no es celebración (.) entonces ante todo mis amores (.) les deseo QUE ESTE DÍA NO SOLAMENTE SEA PARA ENGRANDECER A LA MUJER SINO TODOS LOS DÍAS y pa´lante que el estudio es una forma de engrandecer y salir adelante (.) entonces ¡VIVA LENGUA CASTELLANA!
VE: ¡UY! ((aplausos))

Conclusiones

Alabar y censurar, además de mostrar dos realidades, dos mundos, nos permite ver lo que pasa en nuestro presente: en política, en educación, en economía, en salud… cuáles son nuestros principios y nuestras convicciones, pareciera que alabáramos y censuráramos una cosa diferente a cada instante, todo cambia a velocidades que nos refunden en nuestra propia realidad. Sin duda, esta refundición en nuestra propia realidad también está mediada por la seducción, por las alabanzas, por esa realidad construida por los medios, una realidad que tiene poco de lo que somos, sentimos y pensamos; una realidad con poca realidad. A la manera de Gadamer (2004), diríamos que lo exótico desborona la tradición en una época en la cual esta es fundamental, donde es tiempo de volver a la autoridad (no al autoritarismo), es decir, a reconocer la importancia del pasado y su peso dentro de la cultura y la sociedad, pues los resplandores de los reflectores nos dejan en una ceguera curiosa, en una falta de realidad, en el habitar un presente despojado de presente y de futuro, en el que impera la vertiginosa ficción de la moda, de lo novedoso (no de la novedad), de lo interesante (no de lo que es de interés). Es la época de ese parpadeo que exige meditar en un humanismo. Sin duda, un estudio sobre el discurso epidíctico abre un espacio de discusión bastante amplio sobre la relación entre lenguaje, comunicación, sociedad y cultura. Pensar el epidíctico, las interacciones propias de este tipo de discursos, exige abandonar una mirada lineal, técnica y estilística de este tipo de mediaciones en la comunicación, con el fin de formular nuevas preguntas en relación con el carácter pedagógico y didáctico del epidíctico. Es decir, plantear nuevas perspectivas de investigación, significa a la vez desplazar las formas de interrogarse sobre el fenómeno mismo, para constituir una problemática nueva que reconozca su complejidad en los intercambios, en las interacciones contradictorias que a veces lo constituyen.

La argumentación epidíctica (mediante el género discursivo epidíctico) se ofrece como una especie de tonalidad que atraviesa todo nuestro presente, con discursos retóricos de toda clase para orientar estrategias persuasivas que pueden ubicar las cosas, las instituciones y las personas en polos a veces irreconciliables. Un ejemplo de ello es la idea del héroe, la idea de la víctima, la idea del villano, la idea del carismático; también encontramos el modelo y el antimodelo, el ejemplo y el antiejemplo, que dan cuenta del movimiento de una cultura normativa y contemplativa de las virtudes de la acción, por lo cual siempre nos encontramos en la valorización y en la evaluación, ya que con el epidíctico, es decir, con la alabanza y la censura, siempre estamos ubicando las cosas en el plano de lo bueno y lo malo o lo regular. Es en este sentido que la expresividad puede convertirse en laboratorio social que a su vez contribuya a una redefinición de la cultura, pues se trata de inculcar, de asegurar una formas de vida gracias a la estabilización de unos valores, pero bien podría ser también un laboratorio que se pregunte por lo que hay de nuevo, por las posibilidades de novedad que se pueden construir desde la expresividad, es decir, desde las secuencias epidícticas. Así, como ya se ha indicado, el objetivo es mostrar cómo el género epidíctico se esfuerza en establecer y fijar un estado de cosas y en consagrar diferentes formas simbólicas que se presentan como justificación de la acción de un colectivo. Establecer y fijar la fuerza del epidíctico son aspectos que también se pueden ubicar para cambiar ciertas prácticas, como por ejemplo en la publicidad que se seduce para cambiar y vender formas de vida, casi siempre nuevas y efímeras como en el caso de la moda. Seguramente en este horizonte se vislumbre el aporte didáctico de este trabajo, pues sabemos la importancia que tiene el epidíctico para la motivación y el compromiso para con las cosas, pues querer y poder hacer las cosas bien para inculcar y para cambiar, es también una forma de pensar y luchar por la libertad.


Reconocimientos

Este artículo es producto de la investigación titulada “El orgullo del maestro: la función didáctica del discurso epidíctico”, que se adelanta desde el 2011. Tesis doctoral, Doctorado Interinstitucional en Educación Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Universidad Pedagógica,Universidad Nacional de Colombia y Universidad del Valle.


Notas a pie de página

1 Con referencia a las “secuencias discursivas epidícticas” diremos, parafraseando a Plantin (2012), que son las unidades discursivas que nos permiten el estudio de la expresividad o del discurso epidíctico siempre en situación, en contexto. Así, una secuencia no es una categoría sino más bien una unidad discursiva que posibilita, operativamente, la comprensión del funcionamiento discursivo del epidíctico en el aula de clase (p. 58). Es justamente por lo anterior que esta investigación se sitúa en el marco de una teoría retórica del epidíctico en el discurso y las interacciones.

2 Diremos que toda aplicación estratégica de un sistema semiótico puede ser legítimamente considerada como una retórica.
Hay así una retórica de lo verbal y de lo no verbal, de lo consciente y de lo inconsciente (Plantin y Muñoz, 2011).

3 The so-called EMOTIVE or “expressive” function, focused on the addresser, aims a direct expression of the speaker´s attitude toward what he is speaking about. It tends to produce an impression of a certain emotion, whether true or feigned; therefore, the term “emotive,” launched and advocated by Marty, has proved to be preferable to “emotional.” The purely emotive stratum in language is presented by the interjections. They differ from the means of referential language both by their sound pattern (peculiar sound sequences or evensounds elsewhere unusual) and by their syntactic role (they are not components but equivalents of sentences). “tut! Tut! Said McGinty”: the complete utterance of Conan Doyle´s character consists of two suctionclicks. The emotive function, laid bare in the interjections, flavors to some extent all our utterances, on their phonic, grammatical, and lexical level. If we analyze language from the standpoint of the information it carries, we cannot restrict the notion of information to the cognitive aspect of language. A man, using expressive features to indicates his angry or ironic attitude, conveys ostensible information, and evidently this verbal behavior cannot be likened to such non semiotic, nutritive activities as “grapefruit” (despite Chatman´s bold simile). The difference between [bIg] and the emphatic prolongation of the vowel [bI:g] is a conventional, coded linguistic feature like the difference between the short and long vowel in such Czech pairs as [vi] “you” and [vi:] “knows,” but in the latter pair the differential information is phonemic and in the former emotive. As long as we are interested in phonemic invariants, the English /i/ and /i:/ appear to be mere variants of one and the same phoneme, but if we are concerned with emotive units, the relation between the invariants and variants is reversed: length and shortness are invariants implemented by variable phonemes. Saporta´s surmise that emotive difference is a nonlinguistic feature, “attributable to the delivery of the message and not to the message,” arbitrarily reduces the informational capacity of messages. (Jakobson, 1987, pp. 66-67)

4 En clave heideggeriana indicamos que hoy muy poco se piensa, pues la educación sigue una línea de pensar que vincula de manera estructural la técnica con una ontoteología, es decir, todo gira en torno al fomento de habilidades y destrezas con la formación en valores y competencias. La norma ahora es entonces lo instrumental. Dicho de otra manera, al proyecto educativo le subyace siempre una ontoteología, por lo que es acuciante pensar la educación desde una perspectiva más amplia, desde el riesgo, es decir, recorrer el sendero de lo no habitual para cuestionar la, cada vez más generalizada, concepción nihilista de la educación, la cual continúa con una comprensión tecnológica del ser. La tarea es pues retomar el sentido originario y auténtico de la paideia, anclada en el encuentro de ser y pensar.

5 "(…) les objets et surtout les êtres vivants sont des systèmes ouverts qui ne peuvent être définis qu’écologiquement, c’est-àdire dans leurs interactions avec l’environnement, qui fait partie d’eux autant qu’eux-mêmes font partie de lui" (Morin, 1982, p. 63)

6 Aunque este trabajo se orienta a revisar lo que pasa con los primíparos, reconocemos que en el mundo actual hay proliferación de secuencias epidícticas en la publicidad, en la política, en el discurso de lo íntimo, es decir, hay una tonalidad epidíctica que atraviesa todo nuestro presente.


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