DOI:
https://doi.org/10.14483/25009311.23062Publicado:
2024-12-16Número:
Vol. 11 Núm. 18 (2025): Enero-junio 2025Sección:
EditorialEl Buen Vivir en los Estudios Artísticos
Good Living in Artistic Studies
Boa Vida nos Estudos Artísticos
Palabras clave:
Editorial (es).Descargas
Referencias
Quijano A. (2011). Bien Vivir” Entre el “desarrollo” y la Des/Colonialidad del Poder. En: Ecuador debate, 84(diciembre), pp. 77-87. Una primera y breve versión se publicó en el Boletín de OXFAM, (mayo de 2010).
Escobar, A. (2012). Una minga para el postdesarrollo. Bogotá: Desde Abajo.
Quijano, O. (2012). Ecosimías: visiones y prácticas de diferencia económico/cultural en contexto de multiplicidad. Popayán: Universidad del Cauca
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El Buen Vivir en los Estudios Artísticos
Pedro Pablo Gómez Moreno
Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Colombia
ppgomezm@udistrital.edu.co
https://orcid.org/0000-0002-9651-7682
Los Estudios Artísticos se proponen contribuir al buen vivir de las personas, como un modo integrador y relacional de vida. El buen vivir es concebido por las comunidades ancestrales andinas, pero no se restringe a ellas; como proyecto es el resultado de la inteligencia colectiva conformada por indígenas, afrodescendientes, mestizos, mujeres, estudiantes, artistas, trabajadores, académicos y muchos más. Ellos, han tomado conciencia histórica de su condición colonial, de las marcas de la biopolítica y la necropolítica, que son formas perversas y seductoras de poner la vida al servicio del capital.
El buen vivir es una alternativa que marca una ruptura epistemológica con el concepto de desarrollo, en tanto no se fundamenta en los patrones del tener, sino del ser, o mejor, del estar-siendo, ubicado y culturalmente arraigado, diríamos con Rodolfo Kusch; tampoco se funda en la acumulación, el crecimiento económico, la reducción de la naturaleza a “recurso o capital”, la alienación consumista o el pensamiento único.
Buen vivir o bien vivir no es vivir mejor que los demás, sino vivir con los demás, convivir con la comunidad como un nosotros en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado y respetuoso de las diferencias, en una sociedad plural. En las constituciones de Ecuador y Bolivia encontramos importantes concepciones del buen vivir, pero que en sus prácticas no se restringe a estos países, ni a esos planteamientos constitucionales, y tampoco a su instrumentalización, como ocurrió por parte de algunos de los gobiernos progresistas de izquierda de América Latina.
El buen vivir, como alternativa al desarrollo, se aparta del modelo desarrollista del capitalismo. Se caracteriza por la búsqueda de la equidad, la soberanía, la igualdad y el respeto por la naturaleza como fuente de la vida y como sujeto de derechos. No es estado-céntrico ni antropocéntrico, uni-nacional y monocultural; como proyecto apunta a la plurinacionalidad, la interculturalidad y la alteridad.
Como se dijo, se origina en Los Andes, pero no se restringe a ellos; recoge aportes de ecologistas, feministas y académicos de diferentes áreas. Se podría decir, que cada cultura tiene su propia forma de expresar el buen vivir, como sumak kawsay, sumak qamaña, bien vivir, buen vivir o vivir sabroso. Es un modo integral de la vida social no antropocéntrico, sino biocéntrico, pues expresa los derechos de la vida como un todo relacional. No es economicista ni materialista, es integrador, pues reconoce lo material, así como lo comunal y lo espiritual. Como tal, es una alternativa genuina al modelo capitalista de desarrollo y de vida social. Es clave para la transición civilizatoria que significa salir de la colonialidad que es constitutiva de la modernidad. Y en esa transición, se ponen en juego tanto la dimensión económica como las dimensiones políticas, ecológicas, culturales y espirituales. Ahora bien, el buen vivir es un proceso-proyecto emergente que enfrenta dificultades. Tal como lo expresa Escobar (2010):
El Buen Vivir, más que una declaración constitucional, se presenta como una oportunidad para construir colectivamente un nuevo régimen de desarrollo (…). Para Catherine Walsh, la visión integral del ‘buen vivir’ ha orientado las cosmovisiones y prácticas de los pueblos de Abya Yala y de los descendientes de la diáspora africana durante siglos (…) Para Eduardo Gudynas (…), los derechos de la naturaleza reconocidos en la carta ecuatoriana constituyen un giro del antropocentrismo moderno a un biocentrismo que encuentra resonancia en las cosmovisiones indígenas y afro y en la ecología contemporánea. Todos estos autores, sin embargo, enfatizan las dificultades para llevar estas visiones a la práctica. La mayoría de las políticas de los gobiernos están aún en contradicción con el Buen Vivir, pues continúan encarnando una visión modernista del desarrollo. (Escobar, 2010. p. 23)
El buen vivir no está centrado en la economía, sino en la vida, en la vida buena y digna. En consecuencia, es crítico del capitalismo, del neoliberalismo y del eurocentrismo, para afirmar la posibilidad de otros mundos, de otras economías, (ecosímias al decir de Olver Quijano) y de otro tipo de sociedad.
En el buen vivir la alteridad no produce jerarquías ni subordinación de los otros ni de las otras, las mujeres y la naturaleza; en él la mujer ya no es la “otra”, a quien no se le reconoce su trabajo y el cuidado de la vida como labor impaga. Y la naturaleza tampoco es la otra muda y dominable, el objeto por excelencia; por el contrario, en el buen vivir la naturaleza es la fuente de la vida, del conocimiento, de la belleza y de la armonía. En el senti-pensar-actuar biocéntrico del buen vivir la conservación de la vida no humana y su dignidad es condición de posibilidad de la vida humana.
El motor del proyecto del buen vivir, su impulso imparable, es la consciencia histórica de los colonizados por la modernidad que, unida a su pensamiento crítico, hacen posible imaginar la posibilidad y la urgencia, de la reconstitución creadora de mundos. Mundos otros, cuyos fundamentos ya no dependan de las claves de la modernidad y sean capaces, por fin, de poner a la economía en su lugar; es decir, al servicio de la vida y no la vida al servicio de la economía, del capital y de la muerte como ha sucedido mayoritariamente hasta ahora.
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