A propósito del relato de Jairo Mercado Romero

Autores/as

  • María Elvira Rodríguez Luna Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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Rodríguez Luna, M. E. (2001). A propósito del relato de Jairo Mercado Romero. Enunciación, 6(1), 122–123. https://doi.org/10.14483/22486798.2454

ACM

[1]
Rodríguez Luna, M.E. 2001. A propósito del relato de Jairo Mercado Romero. Enunciación. 6, 1 (ene. 2001), 122–123. DOI:https://doi.org/10.14483/22486798.2454.

ACS

(1)
Rodríguez Luna, M. E. A propósito del relato de Jairo Mercado Romero. Enunciación 2001, 6, 122-123.

ABNT

RODRÍGUEZ LUNA, M. E. A propósito del relato de Jairo Mercado Romero. Enunciación, [S. l.], v. 6, n. 1, p. 122–123, 2001. DOI: 10.14483/22486798.2454. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/2454. Acesso em: 19 ago. 2022.

Chicago

Rodríguez Luna, María Elvira. 2001. «A propósito del relato de Jairo Mercado Romero». Enunciación 6 (1):122-23. https://doi.org/10.14483/22486798.2454.

Harvard

Rodríguez Luna, M. E. (2001) «A propósito del relato de Jairo Mercado Romero», Enunciación, 6(1), pp. 122–123. doi: 10.14483/22486798.2454.

IEEE

[1]
M. E. Rodríguez Luna, «A propósito del relato de Jairo Mercado Romero», Enunciación, vol. 6, n.º 1, pp. 122–123, ene. 2001.

MLA

Rodríguez Luna, M. E. «A propósito del relato de Jairo Mercado Romero». Enunciación, vol. 6, n.º 1, enero de 2001, pp. 122-3, doi:10.14483/22486798.2454.

Turabian

Rodríguez Luna, María Elvira. «A propósito del relato de Jairo Mercado Romero». Enunciación 6, no. 1 (enero 1, 2001): 122–123. Accedido agosto 19, 2022. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/2454.

Vancouver

1.
Rodríguez Luna ME. A propósito del relato de Jairo Mercado Romero. Enunciación [Internet]. 1 de enero de 2001 [citado 19 de agosto de 2022];6(1):122-3. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/enunc/article/view/2454

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Producciones literarias

Enunciación, 20001-00-00 nro:6 pág: 122-123

A propósito del relato de Jairo Mercado Romero

María Elvira Rodríguez Luna

Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas


Jairo Mercado Romero, inaugura en la Revista Enunciación, la sección destinada a las producciones literarias. Y lo hace con "Juego de muñecas";, uno de los relatos que conforman su último libro titulado "Cuentos escogidos"; (Trilce Editores), una compilación de 19 relatos que reúnen historias de su infancia, juventud y madurez, cuya publicación está prevista para los próximos días.

En este relato, la perspectiva asumida por el narrador nos remonta a esa sensualidad ingenua, auténtica y refrescante que acompaña las vivencias de todo niño, reconstruidas con la transparencia de un adulto que logra mantener y comunicar la Magia de la fascinación por el asombro y el descubrimiento. Por eso, el despertar de sus deseos y apetencias de varón, necesariamente va aparejado de la angustia que produce ese desasosiego generado por las sensaciones inexplicables, "de agonía y de júbilo" en las que se funden el eros y el thanatos, para construir ese algo tan "parecido a la muerte".

Y junto a ello, el surgimiento de sus primeros ejrcicios de poeta que expresa en versos sencillos y galantes esa incontrolable atracción que ejercerán sobre él, por siempre, las mujeres. Porque sus sentimientos se acrecientan al mismo ritmo de sus producciones, en una mezcla de ingenuidad y provocación que logran impactar a Nury, su destinataria: "tu casa es un palomar y tú eres una paloma prisionera", "en el cielo está Dios y están todos los santos y está la Virgen con el niño Jesús y están los ángeles, pero en el cielo de tus ojos estoy yo". Seguramente, esos juegos del lenguaje, afianzaron su oficio de escritor que tempranamente reconoce el poder de la palabra; un poder que es capaz de atravesar paredes y traspasar "sin romper el pecho de cristal de una niña.".

Un don que le permite, en esa dimensión afectiva, fundir al eros con el thanatos. Porque allí la referencia a la muerte física "cuyo soplo arrasó la lumbre de esa vida temprana y la materia de sus juguetes", va anudada al dolor de la ausencia (algo así como el erotismo de la lejanía). El no poder estar, el no poder volver a mirar unos "ojos así de azules", el no poder encontrar en ninguna otra figura femenina de aquellas que "a menudo cruzan" por sus ojos perplejos ese mismo sentimiento amoroso, constituye una muerte perenne del deseo, porque Nury "fue el principio y el fin del amor".

Por eso, en medio de una religiosidad en la que se invoca recurrentemente al niño Jesús, a la Virgen y a los santos y se reza fervorosamente para "que Dios la acogiera cuanto antes en su reino", en extraña simbiosis se entrecruzan las convicciones ancestrales con la ironía y la mezquindad de varón que defiende un territorio (imaginario e imaginado) y opta por la muerte al no poder soportar en el corazón "la imagen aquella del cuerpecito de Nury debajo de José en la casa de muñecas". Aunque, finalmente se acepta que la muerte es inexorable, no se sabe si para bien o para mal, pero con la certeza de que aquello que no puede ser mío, tampoco puede ser de otros, porque al fin y al cabo, "Dios sabe como hace sus cosas".

Como en casi toda su cuentística, Jairo Mercado Romero demuestra aquí su invaluable capacidad narrativa, al imprimir en sus palabras la ternura que conmueve y toca las fibras colectivas de una infancia provinciana donde los carritos de lata, el juego de canicas, el bate, los aros de hierro y las llantas de carros configuran un universo masculino, que necesariamente cede ante el mundo de los roles femeninos, en el que las muñecas, la casa, la cocina y jugar al papá y la mamá, son un pretexto para acceder a los juegos corporales, que se anuncian como un preámbulo al erotismo infantil, en los que la pareja "terminaba rodando por el suelo, enredada a veces, jadeando de cansancio y de risa."

Sin embargo, la intromisión súbita en un mundo casi adulto no elimina el asombro frente a ese otro universo inexplicable representado por los avances de la tecnología: muñecas que no solamente mojaban los pañales, abrían y cerraban los ojos sino que también caminaban y lloraban, necesariamente tenían que intrigar a los niños, aunque no mucho más que comprender y descifrar el misterio de la telegrafía, al esperar inútilmente "ver pasar los telegramas" o comprender explicaciones seudocientíficas de que éstos "no venían por fuera sino por dentro".

Esa hibridación entre curiosidad e ingenuidad, admiración y decepción, constituyen una referencia cultural que aproxima al autor a todo tipo de lectores que encuentran en su obra, bella y mágicamente reconstruida, una infancia tranquila en un contexto cultural precario donde el mundo del consumo no había irrumpido aún y todavía éramos capaces de asombrarnos con las neveras, las licuadoras, los radios, los televisores y todo el inventario de electrodomésticos que al igual que los juegos mecánicos, los motores y las comunicaciones, transformaron la calle como espacio natural del juego y el encuentro entre los pares. El mundo de la calle, de esas calles polvorientas donde el cemento era una flor extraña, por lo que el calor ardiente no humeaba desde, el pavimento sino desde los techos de zinc que las enmarcaban; calles donde las lluvias formaban canales para que pudiéramos echar a navegar los barquitos de papel y los más afortunados se refrescaran en las tardes con los vientos que soplaban del mar, quedaron atrás en un tiempo que Jairo Mercado Romero nos hace revivir para que no olvidemos de dónde provienen nuestros sueños.

Con "Juego de muñecas", Jairo Mercado Romero nos toma de la mano para conducirnos -como Alicia en el país del espejo- a traspasar el umbral de "esa puerta clausurada del jardín de la infancia", a través de su pluma reposada y hábil de gran escritor que conmueve y se conmueve aún con el párpado de una muñeca o la pálida tez de una niña que se diluye cada vez más en sus recuerdos.


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