DOI:

https://doi.org/10.14483/23464712.11390

Publicado:

2017-01-01

Número:

Vol. 12 Núm. 1 (2017): Ene-Jun

Sección:

EDITORIAL

Educar con significado o con sentido

EDITORIAL: Educate with Meaning or sense

Autores/as

  • José Joaquín García García Universidad de Antioquia, Colombia.

Palabras clave:

educación, sentido, significado, escuela (es).

Biografía del autor/a

José Joaquín García García, Universidad de Antioquia, Colombia.

Doctor en Didáctica de las Ciencias Experimentales por la Universidad de Granada. Profesor titular, Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, Colombia.

Cómo citar

APA

García García, J. J. (2017). Educar con significado o con sentido. Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias, 12(1), 4–5. https://doi.org/10.14483/23464712.11390

ACM

[1]
García García, J.J. 2017. Educar con significado o con sentido. Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias. 12, 1 (ene. 2017), 4–5. DOI:https://doi.org/10.14483/23464712.11390.

ACS

(1)
García García, J. J. Educar con significado o con sentido. Góndola enseñ. aprendiz. cienc. 2017, 12, 4-5.

ABNT

GARCÍA GARCÍA, J. J. Educar con significado o con sentido. Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias, [S. l.], v. 12, n. 1, p. 4–5, 2017. DOI: 10.14483/23464712.11390. Disponível em: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/GDLA/article/view/11390. Acesso em: 6 jul. 2022.

Chicago

García García, José Joaquín. 2017. «Educar con significado o con sentido». Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 12 (1):4-5. https://doi.org/10.14483/23464712.11390.

Harvard

García García, J. J. (2017) «Educar con significado o con sentido», Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias, 12(1), pp. 4–5. doi: 10.14483/23464712.11390.

IEEE

[1]
J. J. García García, «Educar con significado o con sentido», Góndola enseñ. aprendiz. cienc., vol. 12, n.º 1, pp. 4–5, ene. 2017.

MLA

García García, J. J. «Educar con significado o con sentido». Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias, vol. 12, n.º 1, enero de 2017, pp. 4-5, doi:10.14483/23464712.11390.

Turabian

García García, José Joaquín. «Educar con significado o con sentido». Góndola, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 12, no. 1 (enero 1, 2017): 4–5. Accedido julio 6, 2022. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/GDLA/article/view/11390.

Vancouver

1.
García García JJ. Educar con significado o con sentido. Góndola enseñ. aprendiz. cienc. [Internet]. 1 de enero de 2017 [citado 6 de julio de 2022];12(1):4-5. Disponible en: https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/GDLA/article/view/11390

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EDITORIAL- V12, N.° 1

Educar con significado o con sentido

Dr. José Joaquín García García1


1 Doctor en Didáctica de las Ciencias Experimentales por la Universidad de Granada. Profesor titular, Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, Colombia. Correo electrónico: yocolombiano@yahoo.com.mx


Hoy día, tres tendencias influyen directamente en la conformación de la escuela. En primer lugar, el afán de encontrar la esencia de todo encumbró a la razón e hizo de la racionalidad el único valor a defender en las aulas. En segundo lugar, el sistema capitalista hizo lo mismo con aquello que tiene valor de uso y valor de cambio, es decir, con la mercancía, validando solo lo que puede tener una utilidad económica conocida o posible. Esto convirtió a la educación en un proceso para certificar y ganar dinero, desdibujando así su intención de formar personas. Finalmente, la visión masculina y eurocéntrica con su locura por quererlo dominar todo, y de pensar que el hombre era el dueño del planeta e inclusive la vida y el destino de los otros hombres, mutiló culturas y eliminó a la naturaleza de los currículums en los centros educativos.

La primera tendencia entronizadora de la razón excluyó al cuerpo y a los sentidos de la educación formal por considerarlos inadecuados para los procesos de abstracción y de mecanización, necesarios para formar gente eficaz y eficiente en el sistema de producción capitalista. Así mismo, el empeño en la abstracción absoluta desterró de la educación a la sensibilidad y a lo sensible, a lo que llamaríamos lo femenino, dejando a la intuición, a la emoción, a la belleza y a la estética fuera de las aulas de clase. Por otra parte, desde la perspectiva de la visión del sistema capitalista centrada en el logro y en el lucro, la significatividad (que en el idioma ingles está relacionada con aquello que se puede contar y que es estadísticamente válido) se hizo un lugar en los discursos pedagógicos y sobre todo en aquellos referidos al aprendizaje. Es decir, el aprendizaje para serlo debería de ser significativo, aunque no tuviese un sentido intrínseco.

La visión masculina, eurocéntrica y antropocéntrica del mundo, al desalojar a la naturaleza del aula, desplazó a la experiencia de los procesos educativos, al tiempo que también sacaba de las mismas aulas al pensamiento ecológico. Así, en el mejor de los casos, reemplazó a la experiencia del mundo por una simulación tecnológica, o en el peor de ellos por una simple representación o un inerte experimento. De igual manera, el pensamiento ecológico y la eco-formación fueron remedados por insípidos e institucionales programas de reciclaje escolar.

Esto supuestos provocaron que la educación se ejecutase como un proceso externo al sujeto, es decir, una “educación para”, que responda a necesidades económicas o de otra índole ajenas a las necesidades e intereses del sujeto. Dicha educación propone entonces un currículo extraño y sin sentido que solo se adapta al mundo que tenemos, el cual no es el mejor al estar fundado en el egocentrismo humano extremo, lo que lo ha convertido en un mundo de desigualdades incalculables y cuyos problemas ambientales y culturales son cada vez mayores.

Ante esta situación civilizatoria tan adversa es necesario pensar en otro tipo de educación que nos ayude a formar otro tipo de cultura y otro mundo diferente. Ante todo, esta nueva educación sería una educación dirigida hacia el interior del sujeto. No sería una educación externa al sujeto sino una que tuviese la posibilidad de encarnarse en él, en la cual el currículum no instrumentalice al sujeto sino que este sea más bien un instrumento del sujeto al servicio de la conformación de su ser. O sea, esta educación estaría dirigida hacia las preguntas, intereses, motivaciones y problemáticas del sujeto con el fin de hacerlo persona, es decir, de convertirlo en un ser que suena y que vibra en el concierto de la creación (persona viene de pere sonare: para vibrar). Dicha educación tendría, además que recuperar el cuerpo y los sentidos a través de la vivencia de las experiencias propias de las realidades naturales y sociales, experiencias que han sido desplazadas por las representaciones. Esto con el fin de formar sujetos conscientes de la potencialidad de la vida misma y de la grandeza del estar vivos.

Así mismo, esta nueva educación propondría la recuperación de lo sensible, de la emoción y de lo femenino en las aulas, explorando las relaciones entre ciencia y arte, las posibilidades estéticas de las construcciones científicas y la necesidad de conectar aquello que nos conmueve e interesa con aquello que pretendidamente queremos enseñar en las aulas de ciencias.

Este nuevo tipo de educación tendría por bandera recuperar el papel de la naturaleza y del pensamiento ecológico para la enseñanza, es decir, pensar en que los hombres deberían dejar de comportarse como seres humanos y empezar a comportarse como parte del mundo natural, con acciones y pensamientos condescendientes con las complejidades ambientales. O sea, la escuela debería tratar de desmitificar esa idea de ser humano sembrada por la civilización griega, los romanos y las jerarquías religiosas, para atreverse a explorar la resignificación del ser humano como alguien que hace parte de la naturaleza. Es decir, como un ser que piensa como el árbol, como la nube o el río, y ya no como ser humano apartado y aislado del universo en el cual transcurre su tiempo vital.